Telele

Ertzaina blandito

José Ramón Blázquez - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Insisto: los vascos pasamos en España de dar miedo a dar risa. Los fenómenosVaya Semanita, primero, y Ocho apellidos vascos y Allí abajo, después, acompañaron entre ironías el fin de la violencia terrorista. Hicieron una formidable aportación al satirizar aquella realidad compleja. La serie Cuerpo de élite, estrenada el pasado martes en Antena 3, es tributaria de la película del mismo nombre, cuyos personajes eran un guardia civil, un municipal, un mosso d’Esquadra, un emigrante legionario y un ertzaina, esperpénticos miembros (y miembras) de un comando homologable a la TIA de Mortadelo y Filemón. Ahora, el quinteto lo forman una mossa d’Esquadra (¿se dice así, si es mujer?), una boina verde, un falso policía, un miembro de los TEDAX y un agente de la Er-tzaintza. Parece que la han tomado con nuestro cuerpo de seguridad a la hora de romper estereotipos, porque si en la peli el ertzaina que encarnaba Andoni Agirregomezkorta era grande, rudo y homosexual, en la serie el ertzaina es esmirriado, blandito de carácter y meapilas pertinaz, poco vasco en lo tópico. Lo erróneo es que se defina al portador de uniforme rojo y txapela como jesuítico, cuando por sus maneras se identificaría con un numerario del Opus Dei. Ni entrañable ni risible, es el peor integrante del serial de marchito humor español.

El primer capítulo tuvo la pequeña osadía de ridiculizar, todo en uno, a Froilán, sobrino del rey Borbón, al ministro del Interior y al dirigente de Podemos, Pablo Echenique. Hubo mucho chiste y enredo de oportunidad política, lo que debió influir en su magnífico resultado de audiencia, con casi 4,2 millones de espectadores, así como por su buena producción, entre cuyos responsables está Mikel Lejarza.

Es una astracanada monumental y un potaje autonómico con la gracia justa y también injusta de toda caricatura. Menos mal que Handia ha llegado, triunfante, con su contrapunto de excelencia para ponernos un poco serios. Que ya vale de gansadas y chistes rancios, aunque quizás sea mejor que se acuerden de nosotros cuando se rían.