Al Athletic se le cae la casa encima

Pese a que solo haya concedido tres derrotas, una trayectoria como local que incluye récord de empates de la categoría penaliza sus aspiraciones en la tabla

José L. Artetxe - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Bilbao - Lleva razón José Ángel Ziganda al reconocer que “el año no está siendo fácil, sobre todo en casa”. Hay diversas formas de analizar lo que ha dado de sí la temporada y una perfectamente válida tiene que ver con el rendimiento en San Mamés, donde el número de partidos ganados es inusualmente bajo. La afición apenas ha tenido motivos de alegría cuando ha seguido en directo al Athletic. Al margen del nivel del espectáculo, del fútbol que haya desplegado por el equipo, este se ha mostrado incómodo actuando como anfitrión, acusando graves problemas para sacar adelante sus compromisos. Una realidad fácilmente comprobable en las estadísticas y que contrasta con el apañado balance que presenta en calidad de visitante.

De hecho, si se toma como referencia el campeonato de liga, la cifra de victorias es casi la misma en casa y fuera, 5 y 4. El dato es extrapolable al global de los encuentros oficiales del curso: 9 y 7. Sin duda lo determinante para establecer el signo del curso es que el Athletic únicamente ha sido capaz de resolver favorablemente 16 de sus 48 partidos, pero puestos a profundizar el déficit se localiza en San Mamés. Le penaliza la cantidad de puntos que han volado de Bilbao. Los tres de este sábado son un claro ejemplo de que la inconsistencia en su estadio ha cercenado las aspiraciones que ha ido albergando en cada tramo del calendario. De haber vencido al desahuciado Deportivo, hoy ocuparía la décima posición en la tabla, a tan solo cinco puntos del séptimo, el Sevilla.

De siempre la tendencia natural de los equipos habla de hacer el mayor acopio de puntos y victorias en terreno propio. El factor campo como baza a exprimir al máximo no es un concepto etéreo o caprichoso, está fundamentado en una lógica aplastante. Una foto de la clasificación de Primera División confirma que ninguno de los veinte clubes de la categoría gana más partidos fuera que en su campo. En consecuencia, cualquier objetivo deportivo, glorioso o de supervivencia, depende básicamente de lo que se haga o se deje de hacer en casa.

También es verdad que los tiempos han cambiado, ya no existen las diferencias de antaño, cuando viajar era casi sinónimo de derrota, en gran medida por las peculiaridades de cada campo y porque sin el soporte televisivo el cuadro visitante era, al igual que los árbitros, víctima propiciatoria de la intimidación generada por el ambiente de las gradas y la dureza que se estilaba sobre la hierba. La evolución del fútbol, entre otras cosas, ha traído además de escenarios más uniformes (superficies idóneas, medidas homologadas, etc.), una mejor preparación táctica que permite compensar parcialmente el influjo del factor campo.

Aunque cabría recordar que la eliminación copera a manos del Formentera se materializó con un sonrojante 0-1 o que los apuros en la fase de grupos de la Europa League comenzaron con el 0-1 ante el Zorya Luhansk, resulta evidente que en Liga al Athletic se le ha atragantado San Mamés, no ha estado a gusto. Únicamente ha cedido tres derrotas delante de su gente, es decir que hay trece equipos peores en este apartado, pero solo cuatro equipos han ganado menos, justamente los que cierran la tabla: Levante, Deportivo, Las Palmas y Málaga. A este indicativo, se debe añadir otro que supone un lastre: ocho empates como local, récord absoluto de la categoría. El Athletic se repartió los puntos con Getafe, Villarreal, Real Madrid, Real Sociedad, Eibar, Las Palmas, Valencia y Celta.

LA CLAVE Demasiados empates, se mire como se mire. Es posible que alguno de esos marcadores se quedase corto atendiendo a los méritos realizados, pero en general obedecieron a que el equipo no supo cómo hincarle el diente al oponente de turno porque no gobernó esos cruces. En este sentido fue paradigmática la impotencia exhibida ante Eibar y Las Palmas entre enero y febrero. O ante el Deportivo y resulta inevitable remitirse a la reflexión vertida por Ziganda el sábado: “Para conseguir resultados y estar arriba hay que jugar bien al fútbol”. El técnico alabó la entrega de sus jugadores, la casta y el coraje, armas que catalogó como muy válidas si se complementan con el ingrediente del buen fútbol, el que sí afloró en La Cerámica.

Detrás de la floja trayectoria en San Mamés se esconde el juego. La obligación de asumir la iniciativa y establecer un ritmo concreto, el criterio o la aplicación de ideas claras a fin de orientar el desarrollo de los encuentros a su conveniencia, son las asignaturas que el Athletic ha suspendido con mayor frecuencia. En ocasiones ha cogido el mando, pero lo ha hecho a ratos, sin continuidad en una misma tarde. Y sin un plan que aproveche las virtudes del equipo, se suele apelar al trabajo, a la generosidad, le pone casta, como apuntaba el entrenador, los futbolistas se meten una kilometrada entre pecho y espalda, todo ello con los resultados conocidos.

Las veces que se ha perdido la batalla de la zona ancha, sin ir más lejos ante el Deportivo, coincidirá muy probablemente con las derrotas y los empates registrados. Pero intervienen más aspectos. A partir de mitad de la temporada, quizá la inseguridad de los protagonistas, sabedores de que la grada no estaba por la labor de mantener la compostura y exteriorizaría sin remilgos su enfado. En fin, se ha demostrado que cuando el funcionamiento habitual es deficiente hasta el factor campo puede volverse en contra. El Athletic de Ziganda lo puede atestiguar.