La otra mirada

Inadaptados sociales

Por Nekane Lauzirika - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

al revisar la propia intrahistoria personal-familiar-social, todo titulado/a universitario actual encontrará ese momento crítico de inflexión en que el que en su familia se pasa de la actividad meramente manual a la intelectual y al ascenso social a través del título obtenido en la universidad. Así nos lo han vendido durante bastantes generaciones, de modo que por encima de ser centros del saber por el saber intelectual en busca de la plenitud humana hacia el verdadero sapiens, que aunque en menor medida también lo sigue siendo para algunos, en muchísimos casos el rol universitario se reduce a un papel firmado y sellado que nos catapulte hacia puestos más destacados y mejor remunerados. Llamémosle cienfuentismo hoy o ayer roldanismo. Podría ser de otro modo, pero me temo que hoy no lo sea. E incluso ni esto último, porque poner la gasolina, reponedor las baldas del supermercado, servir el café matutino o ser explotado “gratuito” en prácticas como chico/a de los recados… lo suele hacer un universitario, ¡flagrante sobretitulitis!

Lo preocupante es que para la mayoría este planteamiento marcaba también el logro de la adaptación social. Así que ahora, cuando vemos en los parlamentos a ciertos representantes públicos adjudicarse currículums inexistentes blandiendo certificados con notables altos en títulos falsos, esgrimiendo licenciaturas no realizadas, condecorándose con másteres o posgrados nunca cursados pero calificados con el excelente sobresaliente… entonces, a la mayoría, que sí fue a las clases, que se preparó la materia y a quien hizo los trabajos según su propia capacidad, le puede sacudir el escalofrío de la duda. Sigo siendo un inadaptado/a, pensará, porque mi familia y mi entorno se había comido la idea de que con mi esfuerzo aumentaría mi valía y podría aspirar a algo más, en lo profesional, laboral y también económico. Evidentemente sabíamos poco de amistades académicas peligrosas.

Pocos semáforos conceden en Bilbao tanto tiempo al peatón como el de la plaza circular frente a Renfe. No importa, siempre hay alguien que se la juega para pasar en rojo. Inadaptado social, pensaría la mayoría bien urbanizada. No hablas por teléfono en el coche por seguridad (¡también por la multa!), se llama adaptación, de modo que el inadaptado sería el hablante;usas casco en la moto, esperas la cola en el autobús y en el banco… Teóricamente el infractor, hispanicus listillo máximus, sería el inadaptado, pero no, la inadaptación está invertida. Porque si utilizas el móvil en el coche, te cuelas, copias el examen, fusilas un TFG o de máster o incluso una tesis, fumas donde molestas, pasas el semáforo en rojo… eres un triunfador, te has convertido socialmente en el mejor adaptado.

De modo que en la cotidianeidad de tu vida, pagar las tasas universitarias, asistir regularmente a las clases, realizar los trabajos sin copiapega ni pagar para que te los hagan, aprender de verdad… te convierte en el auténtico inadaptado social. Porque, además, vemos que con harta frecuencia quienes trapichean en lobby, falsean, mienten y se encastillan en su propio engaño son los triunfadores, los bien-adaptados.

¿Desesperanza? Tal vez solo sea “la jodida intensidad de vivir” como diría Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional.