crítica, provocadora y experimental

[Fotos:] La nueva China llega al Guggenheim vista por 60 artistas

Es la mayor muestra celebrada en Europa de arte contemporáneo chino entre 1989 y 2008. Una muestra crítica, provocadora y experimental de los efectos de la globalización tanto en China como en el resto del mundo

Un reportaje de Maite Redondo - Viernes, 11 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

EN 1998 el Museo Guggenheim presentó la exposición China: 5.000 años, que reunía500 obras de arte que iban desde el período Neolítico hasta nuestros días. Desde ayer, el arte chino vuelve a ocupar toda la segunda planta del museo bilbaino, pero en esta ocasión, centrado en la creación artística posterior a 1989, un tiempo muy breve pero en el que se produjeron las mayores transformaciones experimentadas para una población de más de 1.000 millones de habitantes en toda la historia conocida de la humanidad.

Entre 1989, año de las protestas de Tiananmén, y 2008, fecha de celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín, cayó el Muro de Berlín, acabó la guerra fría, empezó la globalización, China se convirtió en la segunda potencia económica mundial y apareció la recesión.

La exposición se centra en la experimentación artística de sesenta artistas, que han aportado humor, crítica, valentía y creatividad para reflexionar sobre las condiciones de una época tan tumultuosa. 120 piezas, entre performances, pintura, fotografía, instalación y videoarte, que invitan a considerar la historia reciente a través de la óptica de los artistas contemporáneos chinos, tanto de los que trabajan y exponen en su propio país, como de los que han desarrollado sus carreras en el extranjero.

“Con sus provocaciones aspiran a forjar una realidad libre de ideología, a reforzar el papel del individuo frente al colectivo y a definir la experiencia contemporánea en China según una perspectiva universal”, explicó Alexandra Munroe, del Solomon R. Guggenheim de Nueva York, que ha comisariado la muestra junto con Philip Tinari, director del Ullens Center for Contemporary Art de Pekín, y Hou Hanrou, del Museo Nazionale delle Arti del XXI Secolo, de Roma.

‘el teatro del mundo’ El itinerario arranca con la obra que da título a la exposición, El teatro del mundo, que ha sido creada por Huang Yong Ping, en la que lagartos, tortugas, tarántulas y escarabajos conviven en el interior de una jaula. La pieza está inspirada en la cosmología y la magia taoístas, las teorías de Michel Foucault sobre la modernidad como prisión y los debates sobre los males de la globalización, y es una metáfora viviente de la naturaleza moderna del caos.

Pero los animalistas neoyorquinos no lo entendieron así, de manera que en el edificio de Frank Lloyd Wright, la jaula se acabó mostrando vacía. “Y eso que la obra se presentó por primera vez en Stuttgart, en 1993, y después se ha exhibido en diferentes museos de Estados Unidos. Hasta la fecha no había sufrido ningún ataque”, según remarcó ayer en la presentación Hou Hanru. También en Bilbao se han levantado algunas críticas, aunque desde el museo se quiere dejar bien claro que “no hay en absoluto maltrato animal”.

En el Guggenheim se puede ver otra de las obras que levantó polémica en el otoño, cuando esta exposición se presentó en Nueva York. Se trata de un vídeo en el que dos cerdos copulan con los cuerpos pintados, uno con letras latinas y otro con caracteres chinos, como alegoría de un encuentro sin sentido entre Oriente y Occidente. Los animalistas neoyorquinos no vieron esta alegoría en este vídeo, que fue grabado también hace décadas, y que se ha mostrado en diferentes partes del mundo.

críticos Deng Xiao-ping sacó a China de la pobreza, la situó en la senda del progreso y la modernización, la reforma china provocó la mayor revolución económica de la historia. Pero a Deng Xiao-ping también se le imputa la matanza de Tiananmén. En la primavera de 1989, un millón de estudiantes y trabajadores ocuparon la céntrica plaza de Pekín, dando lugar a la mayor protesta en la historia de la China comunista. Seis semanas de protesta terminaron en una masacre. La imagen de China quedó empañada y se deterioró con la corrupción, el nepotismo y el vacío ideológico.

En este ámbito de represión y angustia irrumpe un grupo de artistas que. a pesar de las amenazas, no callaron y siguen mostrado a Occidente las cicatrices y las miserias del régimen comunista chino. Entre ellos Ai Weiwei, uno de los creadores chinos más internacionales y de los más críticos con el Gobierno de su país. Fue uno de los fundadores del colectivo Stars (Xingxing), cuyo objetivo era enfatizar el individualismo, en contra de la uniformidad de la Revolución Cultural. El grupo se disolvió en 1983, a causa de la presión de las autoridades, y la mayoría de sus miembros dejó el país.

Ai Weiwei se trasladó a Estados Unidos, tras desafiar tradicionalmente a la autoridad -fotografió a su mujer, Lu Qing, levantándose la falda ante el retrato de Mao, en Tiananmen-, y ha trastocado el uso de los objetos y su significado, para desmontar el orden establecido y las tradiciones.

Del artista disidente, se puede contemplar en Bilbao una de sus obras, convertida ya en clásica, que consta de una serie de tres fotos en blanco y negro realizadas en 1995 en las que deja caer y rompe un jarrón de la dinastía Han (202 antes de Cristo;220 después de Cristo).

La exposición también incluye obras del multidisciplinar Cai Guo-Quiang, a quien el Guggenheim Bilbao ya dedicó una exposición en solitario, concretamente Proyecto para extraterrestresyEl siglo de los Hongos Atómicos- El siglo de los hongos atómicos. Proyecto para el siglo XX (Mirando hacia Manhattan).

De Chen Zhen, uno de los artistas chinos más influyentes, se puede ver Alumbramiento apresurado, un dragón de 20 metros de longitud elaborado con ruedas de bicicletas, que se retuerce, ya que sufre dolores por la globalización. Y Buda boca abajo,que cuestiona la relación entre la naturaleza, la tradición budista y la rápida proliferación de bienes de consumo en Asia.

La muestra, que se abre hoy al público con algunas protestas de animalistas anunciadas, permanecerá en el Guggenheim Bilbao hasta el 23 de septiembre, cuando se desmontará para viajar a San Francisco.