tercera sesión deL juicio con jurado en la Audiencia de Bizkaia

La Ertzaintza afirma que "no cabía otra"que la pareja de la víctima fuera el autor de la muerte

El acusado, en el juicio en los juzgados Bilbao. (Borja Guerrero)

"No había entrado nadie por la fuerza en esa vivienda y se había producido una muerte violenta en su interior", han precisado. El acusado pasó a ser el único sospechoso en cuanto la autopsia descartó muerte natural.

Los dos ertzainas instructores de la investigación por la muerte de una mujer de 51 años en su casa del barrio de San Adrián en julio de 2016 han afirmado que "una vez descartadas el resto de hipótesis, no cabía otra" que el autor de su muerte fuera su pareja, de 49 años, quien se encontraba en ese momento en la vivienda junto a la madre de la víctima.

EP - Martes, 15 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 15:54h.

BILBAO. El varón acusado de asfixiar a su pareja en Bilbao en julio de 2016 pasó a ser el único sospechoso del crimen después de que las primeras pruebas de la autopsia revelaran que no fue una muerte natural, tal y como se calificó en el momento de levantar el cadáver, sino "violenta por asfixia", y de que los agentes encargados de la investigación descartaran el móvil del robo y la entrada por la fuerza en la vivienda, que no presentaba la puerta de acceso forzada.

La sección segunda de Audiencia Provincial de Bizkaia ha acogido este martes la tercera sesión del juicio con jurado contra un varón que presuntamente asfixió a su pareja el 23 de julio de 2016 en su domicilio del barrio de San Adrián de la capital vizcaina.

El individuo, que contaba con 49 años en el momento de los hechos, está acusado de un delito de asesinato con alevosía, concurriendo el agravante de género y parentesco. El acusado y la víctima, de 51 años, eran toxicómanos y mantenían una relación sentimental desde hacía tres décadas.

El Ministerio Fiscal solicita 20 años de prisión, mientras que la acusación particular que representa a la hija de la fallecida pide 22 años y medio de cárcel y también una indemnización de 30.000 euros por responsabilidad civil. Por su parte, la Abogacía del Estado reclama 25 años, misma pena que el Ayuntamiento de Bilbao, personado en la causa como acusación popular.

La defensa, que ha manifestado que su patrocinado, "además de ser toxicómano no es una persona normal al padecer limitaciones físicas" que le impiden ser autor de los hechos, reclama su absolución y en caso de ser declarado culpable, que se tenga en cuenta como eximentes su consumo de drogas y alcohol.

Según las acusaciones, sobre la medianoche del 23 de julio de 2016, la víctima se encontraba en estado de semi-inconsciencia en el sofá de la vivienda como consecuencia de la medicación antidepresiva y ansiolítica que tenía prescrita, a lo que se sumó la ingesta de unos zuritos la tarde-noche del día anterior en un bar próximo y la toma de metadona facilitada por su pareja.

De este modo, "aprovechando" el estado de la mujer y "movido por el ánimo de acabar con su vida", el varón habría colocado sus manos sobre la boca y nariz de la mujer, provocando su asfixia por sofocación.

En la sesión de esta martes han declarado como testigos agentes de la Ertzaintza que acudieron al levantamiento del cadáver y del grupo de Investigación Criminal que tomaron declaración a los testigos y al acusado, y realizaron la inspección ocular del escenario del crimen, así como los dos agentes instructores de la investigación.

"DE MUERTE NATURAL A MUERTE POR ASFIXIA"

Según ha declarado uno de los agentes instructores, en un principio se realizó el levantamiento del cadáver y se calificó como "muerte natural", pero las primeras pruebas de la autopsia realizadas por el forense desvelaron la existencia de "petequias" (marcas) alrededor de la boca y nariz, "compatibles con una presión con los dedos", y se consideró "una muerte homicida" por "asfixia".

El agente ha indicado que la primera vez que se le tomó al acusado declaración como imputado "ya hay sospechas fundadas" de que pudiera ser el autor, ya que "los hechos suceden en un domicilio que, en principio, esta cerrado, en el que hay tres personas: la víctima, su madre impedida y su pareja, y no hay ninguna circunstancia que nos haga pensar que ha podido ser por un robo, porque no había nada revuelto ni signos de episodio violento de lucha".

Además, ha señalado que "para que una persona entre a matar a otra, tiene que haber un móvil, que puede ser el robo o cualquier otra circunstancia de odio contra esa persona, pero no es el momento más adecuado a las doce de la noche para entrar en un domicilio habitado" para cometer el delito, y, además, "no estaba forzada la cerradura" de la puerta principal.

De esta forma, se descartó la posibilidad de que un antiguo vecino de un edificio anexo, con el que la mujer fallecida tuvo "un enfrentamiento" meses antes, pudiera haber pasado al domicilio de la víctima a través del balcón, tal y como insinuó el acusado cuando se le comunicó que la muerte de su pareja se debió a "causas violentas". Además, en el citado domicilio habitaba una nueva pareja de inquilinos con "dos perros de presa", que "hacían imposible" el paso de una persona ajena por el balcón, además de tratarse de "un cuarto piso con un caída de 12 metros".

SOSPECHAS DEL AUTOR

El agente instructor ha indicado que cuando empezaron a recoger las evidencias y testimonios "ya sospechamos que es uno de los que viven en el domicilio quien ha podido causar la muerte, no cabe otra porque se han descartado todas las demás posibilidades". En ese punto de su declaración, ha destacado que en los archivos policiales constaban "episodios de violencia de género" del acusado contra la fallecida, que "él mismo mencionó" en su primera declaración el 24 de julio e, incluso, "tenía una orden de detención y una pena de dos años de prisión en una de las sentencias".

El agente instructor ha indicado que, según la autopsia, la muerte se produjo sobre las doce de la noche, en base a indicios como la cena inacabada que se encontró sobre la mesa del salón, junto al sofá donde apareció el cadáver, y en que la mujer no se tomó las pastillas de la noche que su hija le preparaba semanalmente en un pastillero y que ingería "siempre".

Por su parte, según la primera declaración, el acusado se fue a la cama a las doce de la noche, después de "preparar la cena a la víctima y a la madre de ésta", mientras que la mujer se quedó en el salón viendo la tele. El acusado declaró que descubrió a la mujer muerta a las nueve y media de la mañana del 24 de julio, pero "no llamó a emergencias hasta hora y media después, algo "extraño" a juicio de los investigadores, porque es "lo primero" que se hace cuando alguien encuentra a una persona muerta.

Por otro lado, uno de los agentes que realizó la inspección ocular en la vivienda ha declarado que el salón estaba "en su orden habitual" y la fallecida, que se encontraba tendida en el sofá, presentaba "la cara amoratada, con sangre en los labios".

"Tenía los párpados blancos y el resto de la cara enrojecida, estaba desnuda de cintura para arriba excepto el sujetador, y bajo el sofá había un charco de lo que parecía sangre", ha relatado en la sesión de este martes del juicio, que continuará mañana con la práctica de las pruebas periciales, entre ellas, el informe de la autopsia realizada por el médico forense. 

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