Mesa de Redacción

100.000 pacíficos

Por J. C. Ibarra - Miércoles, 16 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 09:07h.

Cien mil personas acaban de visitar Bilbao por las finales de rugby. Tal vez fueron más, tal vez menos, pero nuestra cifra mágica para destacar la importancia de cualquier acontecimiento sigue siendo la de las 100.000 almas;ya he escrito alguna vez sobre esto. Fueran los que fueran, lo cierto es que esa masa humana mostró un comportamiento ejemplar. Vinieron, vieron, vencieron (o no) y se marcharon tan tranquilamente, dejándonos en esa paz tan agradable de estar deseando que vuelvan cuando quieran. Los 100.000 son gente maja si son aficionados al rugby, sin son los participantes en una fiesta por el euskera, si vienen a disfrutar de los conciertos del BBK Live Festival, si se van a unas campas a escuchar a sus líderes políticos... Todo menos cuando deciden juntarse en torno al fútbol. Entonces, los despliegues policiales deben ser de máxima alerta, los colegios varían sus horarios, la gente tiene que andarse con cuidado en cuanto empieza a subir el termómetro alcohólico... Un buen amigo me contaba que cuando su hijo hacía multideporte en la escuela, los padres disfrutaban del baloncesto, del atletismo, del tiro con arco, del balonmano, de la cesta punta... hasta que, ay, llegaba el día que tocaba fútbol. Entonces el árbitro se convertía en un hijo de la gran bretaña;los padres del equipo contrario, en unos impresentables, y, para algunos, hasta su hijo mutaba en inútil integral. El fútbol es un bello deporte, un invento genial, pero ¿por qué, a la vez, es capaz de engendrar tanto imbécil?