taller en el colegio Maristas de Bilbao

Colegio Maristas de Bilbao, arte urbano para salvar vidas

El artista y educador social Antoni Gabarre reivindica la creatividad como método de trabajo pedagógico. El catalán ha impartido un taller en el colegio Maristas de Bilbao

Un reportaje de Sandra Atutxa - Sábado, 19 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

PEIO disfruta pintando las paredes que separan su colegio de la calle mucho más que estudiando raíces cuadradas en matemáticas. De la mano del artista y educador social catalán, Antoni Gabarre, este estudiante de Secundaria del colegio Maristas de Bilbao ha descubierto, junto a otros compañeros de clase, la bondades que ofrece el arte y sus efectos terapéuticos. “Los movimientos de la brocha sobre las paredes relajan”, apunta el veterano artista. Dentro de un programa que busca embellecer el barrio el colegio Maristas, con la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao, Gabarre recibió su invitación. El artista ha dirigido durante toda la semana en el centro bilbaino un taller en el que los alumnos de Primaria y Secundaria han contribuido, a golpe de brocha, a recuperar varias paredes degradadas de las instalaciones escolares. “No todas las opciones están en los libros”, añade el artista. Y prosigue: “El horizonte es mucho más amplio y todos los jóvenes, sea cual sea su situación, merecen una oportunidad en la sociedad”.

Arte urbano para salvar vidas;arte urbano que tiende puentes a quienes no tienen claro qué camino tomar. Esa es la filosofía con la que Gabarre lleva trabajando desde que era un adolescente con ganas de que le escuchasen: “Comencé a pintar las paredes para expresar la rabia. Eran años duros de transición y reclamaba paz”. Ahora, la historia ha cambiado, pero las virtudes que le ofrece esta forma de creatividad continúan siendo las mismas. El artista reivindica el arte urbano como método de trabajo pedagógico y destaca su doble vertiente: embellecer los grises y humedecidos muros aprovechando las inquietudes artísticas de los adolescentes “para trabajar en ellos a nivel pedagógico”, remarca. En el centro Maristas se ha aplicado esta filosofía como método de prevención. “No hay que esperar a que el alumno sea expulsado de un centro para poner en marcha una iniciativa didáctica y educativa como esta. Hay que dar oportunidades reales de integración”, argumenta Gabarre.

Las humedades y la suciedad que había en los muros de Maristas han dado paso a un espacio repleto de color, con flores, pájaros y detalles que adornan la estancia de los 1.200 alumnos del centro educativo bilbaino. Gabarre lleva 40 años de dedicación, a nivel individual ha pintado más de 30.000 metros cuadrados de muros, mientras que con programas educativos el dato se duplica. Las paredes de Maristas se suman a la larga lista de espacios que brilla ahora con luz propia.

Para Izaskun Lanboren, directora del centro, ha sido una gran suerte contar con el trabajo altruista de Gabarre. “Lo que hace no es solo pintar muros, es mucho más. La forma de dirigirse a los alumnos, con positivismo y siempre con una sonrisa es maravilloso. El año que viene nos ha pedido volver y nosotros estamos encantados con que regrese”, apunta.

Gurutz, alumno de 12 años de Maristas, confiesa ser feliz pintando y, pese a su juventud demuestra una gran madurez cuando relata lo orgulloso que se siente de la obra de arte en la que ha contribuido. “Ha sido una experiencia y no me importaría dedicarme a ello. En cuanto esté terminado le saco una foto”, apunta el joven.

Trabajo en equipo El grupo de estudiantes del colegio Maristas que ha participado en este primer taller ha compartido, sin saberlo, una experiencia en la que, además de pintar, ha trabajado en equipo y desarrollado cualidades que posiblemente desconocían tener. “No hace falta ser un pintor para hacer arte. No importa que se caiga un bote de pintura en el dibujo, eso tiene solución. De lo que se trata es de aprender a convivir, de disfrutar, aceptar lo que nos proponen y, sobre todo, escuchar”, argumenta el artista.

El arte no debe alejarse de las calles;ni tampoco se deben cerrar puertas a quienes necesitan una oportunidad. La combinación genera opciones: “Son muchos los alumnos en situación de exclusión que han dirigido su carrera por el arte y hoy hacen auténticas maravillas. Me siento contento por ello”, dice. Los muros son espacios donde gritar, sin ruidos pero con la mejor técnica artística, la reivindicación social. Un enorme sol ilumina a partir de ahora el patio de los alumnos de Maristas.