Con la venia

Situación nueva para un tiempo nuevo

Por Pablo Muñoz - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

CUANDO en julio de 2011, en pleno juicio contra los supuestos miembros de Bateragune, Arnaldo Otegi declaró aquello de “ETA sobra y estorba”, sabía que podía hacer esa rotunda afirmación sin ningún recelo. Sabía que los dirigentes de la organización armada ya habían aceptado abandonar las armas y que hacerlo público iba a ser cuestión de semanas. Sabía que ya era irreversible la renuncia a su histórica condición de vanguardia y que el ciclo de la lucha armada estaba a punto de cerrarse. No faltaron, ni faltan, críticas desde algunos sectores de las bases de la izquierda abertzale contra Arnaldo Otegi y el resto de dirigentes de la izquierda abertzale civil que pilotaron aquella operación.

En cualquier caso, el 20 de octubre de ese mismo año ETA acabó para la inmensa mayoría de la sociedad vasca y solo se mantuvo viva en el debate político, en la jungla mediática y en la nostalgia de los más recalcitrantes. Para estos últimos, que aún forman parte de las bases de la izquierda abertzale a juzgar por los grafitis de agradecimiento que se han prodigado tras el anuncio de su disolución definitiva, ETA nunca debió acabar. Quienes hemos vivido y convivido durante décadas con la sombra omnipresente de ETA y conocido de cerca algunas interioridades del sector sociopolítico que la apoyaba, no podemos olvidar los tiempos en que se acompasaban las estrategias políticas entre la vanguardia y la izquierda abertzale civil (KAS como “vanguardia delegada”), la demanda de “instrucciones” por parte del colectivo de presos políticos -“¿qué dicen arriba?”-, la referencia a la organización como elemento de presión, la consigna voceada con convicción “ETA, jarraitu borroka armatua!”, la explosión de entusiasmo y fascinación cuando en el mitin del Velódromo aparecían puño en alto un par de enmascarados con el anagrama del hacha y la serpiente.

Pues aunque hace casi siete años que ya ni cuenta, la realidad es que ETA no existe. Se acabó. Para quienes ETA ha supuesto una imprescindible referencia de mística revolucionaria y épica fascinante, ETA se acabó. Y si los actuales dirigentes han asumido con tanta convicción como disciplina que se ha cerrado el ciclo político-militar, no cabe duda de que la ausencia definitiva de ETA ha proyectado en sectores de la izquierda abertzale social un cierto sentimiento de orfandad y desorientación.

En esta novedosa situación de desamparo, la izquierda abertzale está tratando de resituarse y deberá resolver cuál va a ser el recorrido al que puede aspirar. Desde una -cómoda, aséptica, teórica- situación de espectador o analista, a la izquierda abertzale histórica en su orfandad se le presentan tres opciones:

Como peor opción, cabe que la orfandad provoque a la larga en una parte más o menos amplia de sus bases fuertes convulsiones internas a falta de referente. Que puedan prodigarse críticas, abandonos, decepciones por el quiero pero no puedo, aislamientos y revanchas. Este sería el escenario menos deseable y, a día de hoy, no parece que vaya a producirse más allá de círculos aislados y controlados.

Otra posibilidad podría ser que tras un tiempo de crisis en el que se percibiría una progresiva debilidad y una estrategia ideológica menos definida, la izquierda abertzale histórica optase por una refundación con bases programáticas menos contundentes que contaría con menos apoyos. Una opción complicada y de incierto desarrollo.

Por último, que con el paso del tiempo se vaya integrando en la política normal, en la dinámica del resto de formaciones políticas, con todas sus consecuencias y siempre desde la defensa de sus planteamientos ideológicos. Esta es la opción que bajo la dirección de Sortu parece haber decidido, con todos los merecimientos y convicciones. Pero también con todos los riesgos, porque la sombra referente de ETA es alargada y se les requerirán complicados pronunciamientos en base a la memoria de un tiempo aún demasiado reciente.

También desde la -¿cómoda, aséptica, teórica?- condición de analista creo que, afortunadamente, la opción en la orfandad ha sido la integración en la acción política normalizada demostrando que era cierto aquello de que “ETA sobra y estorba” y aceptando los riesgos democráticos que esa integración conlleva. Y, sin duda, hasta el momento parece que sigue recibiendo el apoyo de un muy numeroso sector de la sociedad vasca.

Secciones