Tribuna abierta

Fin del acuerdo nuclear

Por Igor Barrenetxea Marañón - Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

MUCHAS veces, como ciudadanos corrientes desconocemos qué sucede entre bastidores en el juego de la gran política... y casi preferimos no saberlo, porque nos encontraríamos, no con políticos avezados sino con niños y comportamientos infantiles. Hace unos meses, toda la tensión internacional tenía puesta la mirada en Corea del Norte y su amenaza nuclear. Actualmente, el presidente Kim Jong-un ha dado un vuelco a sus amenazas y ha promovido un acercamiento a Corea del Sur, tras la presión de China, y ha aceptado desnuclearizar la península coreana (aunque todavía está por verse). Ni qué decir que ha habido cierto alivio tras las muchas diatribas intercambiadas entre Washington y Pyongyang, que no presagiaban nada bueno.

Sin embargo, cuando en Extremo Oriente las aguas han vuelto a su cauce, Trump ha optado por agitarlas en otro escenario importante: Oriente Próximo. Y a pesar de que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha certificado, nada menos que nueve veces, que no ha encontrado indicios de que Irán esté desarrollando un plan oculto nuclear para enriquecer uranio con fines militares, ha decidido satisfacer la exigencia de su aliado en la zona, Israel, que lo veía una amenaza, y ha roto el acuerdo firmado por Obama (parece que el plan de Trump es demoler todos y cada uno de los logros de su predecesor).

Las razones que justifican tal decisión han sido la mar de endebles, casi como un enfado de patio de colegio. Estados Unidos volverá a poner en marcha las sanciones impuestas a Teherán y eso solo parece que puede derivar en una desestabilización de la zona. Irán no está solo, es apoyado por Rusia y por China. Incluso Europa con Macron intentó, en vano, disuadir a Trump para que no diera tan arriesgado paso. Pero este ha hecho oídos sordos. Sin embargo, el mayor peligro para el país persa reside en que su tímido aperturismo y modernización, que podría llevar consigo a una rebaja de su discurso revolucionario, se frustre de nuevo. Porque hay que tener en cuenta muchos factores a la hora de valorar los efectos que puede provocar para los propios iraníes.

Las aristas de Oriente Próximo El escenario de Oriente Próximo está lleno de aristas. La guerra civil en Siria, el conflicto israelí-palestino, la lucha contra el Estado Islámico (EI), la intervención de Turquía en los territorios kurdos, son solo algunos de los frentes abiertos que todavía no se han resuelto del todo. Pero tras ellos, aparte de haber intereses locales y regionales, ideológicos y estratégicos, hay seres humanos que sufren y que aspiran a que sus gobiernos sean capaces de dar con las teclas para tener unas vidas plenas y satisfactorias, algo que se nos augura difícil. En 2015, la Administración Obama logró, no sin mucho esfuerzo, un acuerdo de mínimos que anuló las sanciones contra Irán a cambio de que este se comprometiera al uso exclusivamente civil de sus plantas nucleares. Ahora bien, eso supuso un serio revés para Israel, el cual ve a Irán como la única gran amenaza, tras la quiebra de Siria e Irak, y para Arabia Saudí, que ante la presunta victoria de El Asad en Siria y el crecimiento de Hizbulá en Líbano, ve desequilibrada su influencia en la región. Todo eran serias desventajas salvo para abrir un resquicio para un entendimiento global. Sin embargo, para los enemigos de Irán el fin de las sanciones suponía que se acababan con las trabas que les permitían desarrollarse como gran potencia (una especie de fin de Tratado de Versalles). Así que cumplir con los compromisos no ha sido suficiente razón para evitar que Israel haya lanzado una campaña antiiraní que, con poco, ha dado sus frutos en la América de Trump.

Trump, con su política por impulsos, y sin pruebas, ha acusado de forma reiterada a Irán de incumplir el acuerdo, con el fin de ir allanando la senda para que la opinión pública estadounidense reciba incluso agradecida dicha medida. Cuando la tensión con Corea del Norte ha cesado, Trump ha activado esa parte de su agenda oculta. Claro que si Teherán, de forma precipitada, renunciase al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, entonces sí que nos encontraríamos en una situación preocupante, porque traería consigo un repunte belicista.

Al margen de la retórica Es difícil que eso suceda, pero no podemos descartar nada, salvo que Irán sea capaz de contemporizar y mostrar que sus intenciones son conciliadoras (al margen de la retórica antiyanqui). Hay que considerar que la sociedad iraní ha vivido un periodo de cierta calma y prosperidad que de truncarse podría acarrear que los extremistas, por un lado, u otros grupos aperturistas, por otro, mostraran su descontento, provocando tensiones en el seno de una sociedad moderada y haciendo que el país implosionara. Tal vez, la gran jugada de Trump resida en forzar esta realidad, aunque suene muy maquiavélico, y en el mejor de los casos, para sus rivales, viéramos una desestabilizadora primavera árabe o, en el peor, que sean las posturas más intransigentes las que vuelvan a dirigir las principales instituciones, justificando, de este modo, la política imperial de Washington.

Así que las esperanzas puestas en normalizar la región han vuelto malamente a truncarse. No parece que la costosa victoria frente al EI ni la sangrienta guerra civil siria hayan sido suficientes para aplacar esta sed de enfrentamientos. Porque, en frío, hay que admitir que Irán no puede dejar de existir ni desaparecer, ni permanecer siempre aislado.

Cada país de Oriente Medio, nos guste o no, es un activo que debemos valorar y entender. Solo así podremos lograr estabilizar la zona. Y aunque, ojalá las armas nucleares pudieran desinventarse, eso, posiblemente, no cambiaría nada.

Aun así, también, es verdad que Teherán deber buscar una manera de cambiar la imagen negativa que proyecta hacia el exterior, alentada por el régimen cerrado e integrista de los ayatolás, con el fin de que la comunidad internacional se convenza de que solo desde el acuerdo podemos comprometernos a construir un mundo en paz y seguridad.