¿Tan poco os importa, leones?

El enésimo esperpento del Athletic en San Mamés sacó de quicio a las gradas que despidieron al equipo encrespadas

Un reportaje de Jon Mujika - Lunes, 21 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

LLEVABA el número7 en la camiseta rojiblanca y cuatro letras serigrafiadas por encima: Izan. ¿Qué tendría, 11 o 12 años? Estaba solo en San Mamés y parecía importarle poco: le sudaban las manos cada vez que los rojiblancos atacaban al trantrán y en cada tímido remate -más severos y envenenados no hubo, lo siento chaval...- gritaba: “¡Llega, llega!” a cada galopada del Espanyol. No conoció, por edad, aquellas arengas de Manolo Delgadoen el vestuario del Athletic, palabras que desataban una tempestad del Cantábrico en el corazón de los leones, cuando al equipo le boxeaba el orgullo dentro del pecho. Como lo hacen Kerman Lejarragay Andoni Gago, dos tipos con gancho que pisaron el cuadrilátero verde de San Mamés para el saque de honor. No como ayer, cuando dio la impresión de que la urgencia era solo una: que acabase la cuenta atrás, que Fernández Borbalánpitase el final del partido.

A Izan hay que contarle rápido para que no pierda esa pasión que hay, hubo y habrá otros Athleticsdiferentes al de ayer. Athleticsque también le harán derramar lágrimas en la derrota (eso es inevitable, me temo...) pero que le harán sentirse un gigante imbatible cuando se bata en épicos duelos, le convertirán en el capitán de todas sus hazañas cuando los valientes a los que sigue se lancen con el cuchillo entre los dientes y nieguen, con su arrojo, lo que el fútbol moderno pregona: que el suyo es un amor imposible, que ya no caben los románticos en este deporte de despachos.

A Izan hay que invitarle rápido a un helado para que olvide lo de ayer. Para que no quede grabada en su memoria, todavía tierna, que vio al Athletic penar como un fantasma en el castillo;que le vio vagar por habitaciones y estancias sin saber dónde iba, a qué jugaba. Porque Izan, que quizás todavía crea en la bruja del tren, tal vez tuvo la tentación de irse con una idea bajo el brazo: despedir a los jugadores que admira y adora como se admiran y adornan las cosas y a las personas a esas edades, a escobazos. Y hubiese hecho bien, pienso yo. Y conmigo otros miles que reprocharon el partido y la temporada sin nombres ni apellidos, sin montar la escandalera con los nombres de Ziganday Urrutia,sino señalando a los jugadores que esperaron y fueron abroncados;que saludaron desde el centro del campo y fueron abroncados, que se fueron del campo y salieron entre broncas.

A Izan ya no le veía entonces. Él seguía allí para no perderse nada que fuese Athletic. ¿Tan poco os importa eso, leones? Sabedlo, sabedlo bien. Le debéis una.