Una liga entre nubarrones

El Athletic acaba un aciago campeonato en el que firma la segunda peor clasificación de su historia

Arkaitz Aramendia - Lunes, 21 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Bilbao - Una decepción tras otra. Eso ha supuesto la liga 2017-18 para el Athletic y su entregada afición, martirizada por las bajas prestaciones ofrecidas por los pupilos de José Ángel Ziganda, faltos de juego y, por ende, de resultados. El campeonato de la regularidad, no en vano, se ha encargado de dejar al descubierto las vergüenzas de un equipo que nunca llegó a encontrarse a sí mismo y que ha convertido San Mamés en el campo en el que menos goles se han visto durante el curso en Primera División, con un total de 35 en 19 partidos, con solo un tanto de media a favor por envite, un nefasto registro que solo se había dado en los cursos 2005-06 y 2006-07.

Tan aciago ha resultado el ejercicio que los leones, decimosextos en la tabla con 43 puntos y sin opciones de pelear por puestos europeos en el último mes y medio de competición, han firmado además la segunda peor clasificación en la historia del club, empeorada solo por el decimoséptimo puesto ocupado en la temporada 2006-07.

Los datos, siempre fríos, también reflejan que el Athletic ha sido el único equipo de la liga incapaz de enlazar dos victorias consecutivas como local, algo que nunca había sucedido en la historia del club rojiblanco y que se ha dado bajo la batuta de un superado Ziganda, que ha sumado veinte puntos menos de los que consiguió el año pasado Ernesto Valverde. Las diez dianas firmadas en liga por Raúl García, máximo artillero de los leones en el campeonato doméstico con un tanto más que Aduriz, asoman también como la cifra más baja firmada por el goleador principal del equipo desde la campaña 2007-08, cuando Fernando Llorente marcó idéntico número de goles.

En medio de tantos guarismos y récords negativos ha tocado a su fin un curso cuyo inicio, no obstante, llegó a invitar al optimismo al abrigo de una solidez defensiva que, cierto es, asomaba en entredicho por las pobres prestaciones ofensivas ofrecidas por un colectivo al que se le reclamaba una mejor versión futbolística para no depender en demasía de la diosa fortuna. Los de Ziganda, que arrancaron la liga con un empate en San Mamés ante el Getafe (0-0) y sendos triunfos frente a Eibar (0-1) y Girona (2-0), se colocaron cuartos en la tabla tras la disputa de la tercera jornada, pero fue a partir de entonces cuando la realidad se impuso a la ficción para alejar a un irregular y titubeante Athletic de los anhelados puestos europeos.

El primer tropiezo serio del campeonato llegó en la cuarta jornada en la visita a la Unión Deportiva Las Palmas, donde los leones cayeron derrotados por 1-0 ante un equipo al que, pese a su nefasta campaña con descenso incluido, no ha podido marcar ningún gol en los dos enfrentamientos del curso, pues San Mamés asistió cabizbajo en la vuelta a un empate sin goles entre unos y otros.

hartazgo en la afición Tampoco consiguió vencer el Athletic en sus visitas a Málaga y Deportivo en la primera vuelta, los otros dos equipos que han perdido la categoría, sumando solo los tres puntos como local ante el conjunto malacitano con bronca incluida del respetable, que entonó el “Kuko, vete ya” pese a la sufrida victoria (2-1) firmada por un equipo que inició su particular cuesta abajo en la citada cuarta jornada, la última en la que logró figurar en posiciones europeas. La clasificación, sin ir más lejos, no ha vuelto a ver al Athletic entre los diez primeros desde entonces, salvo a las puertas de la decimonovena jornada, en la que los hombres de Ziganda se auparon hasta la octava posición.

En el resto del curso, el lugar de los rojiblancos ha estado del décimo puesto para abajo, siendo la decimosexta plaza la posición más baja ocupada por un equipo que se ha empeñado en acumular récords negativos durante la temporada. Convertido por deméritos propios en el peor de los cuatro equipos vascos de una liga para olvidar, el Athletic, que no firmó victoria alguna entre la cuarta y la séptima jornada, ambas incluidas, se impuso por la mínima al Sevilla (1-0) en la octava cita liguera para dar forma a una nueva y reveladora racha de seis encuentros sin cantar bingo, con tres empates y otras tantas derrotas de por medio. Para entonces, en plena apertura del mes de diciembre, los rojiblancos se presentaban ya en decimosexta posición con graves e irremediables problemas que se habían manifestado también en la dolorosa eliminación copera a manos del Formentera.

Repunte artificial Con el pesimismo a cuestas y la sensación generalizada de que el curso se iba a hacer demasiado largo, el Athletic se propuso dar motivos para la esperanza a la parroquia bilbaina, pero resultaron artificiales. Fue, no obstante, un repunte que invitó al optimismo, pues entre la decimoquinta y vigesimoprimera jornada ningún equipo fue capaz de derrotar a los leones en liga. Las victorias logradas ante Levante (1-2), Betis (0-2) y Alavés (2-0) se vieron acompañadas por empates frente a Real Sociedad (0-0), Espanyol (1-1), Getafe (2-2) y Eibar (1-1), otro pasaje clave. El choque contra el conjunto armero, no en vano, volvió a provocar una mayúscula pitada en San Mamés por un juego rácano y timorato que dio paso al descalabro de Girona, donde se vio truncada la racha sin perder con una derrota por 2-0 con un nuevo sistema de juego, el cual hizo aguas en Montilivi.

Dicho partido, aciago a todas luces, trajo consigo la enésima decepción en una temporada en la que el Athletic no volvería a levantar el vuelo. Con triunfos aislados, pero siempre lejos de Europa y con un juego alejado del pretendido por Ziganda, la victoria en Villarreal (1-3) fue el último motivo de alegría que ha deparado un campeonato en el que los rojiblancos, en su versión más pobre, mordieron el polvo acto seguido en San Mamés ante Deportivo (2-3) y Levante (1-3) para enterrar cualquier atisbo de ilusión en una liga desarrollada entre continuos nubarrones.