La otra mirada

Vergüenza y venganza

Por Nekane Lauzirika - Lunes, 21 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

hE oído los cacareos eurovisivos de su última triunfadora israelí… y me pregunto cómo es posible si Israel está en Asia. Igual pregunta surge con sus equipos en competiciones deportivas europeos. ¿Nadie de la zona les admite en sus competiciones? ¿O los europeos aceptan aherrojados por amenazas yanquis? Hace años que al comprar naranjas miro su procedencia y no compro de Israel porque no especifican si son del país o de asentamientos ocupados ilegalmente. Sigo parecido criterio para dátiles, kiwis, medicamentos, tecnología, vino, productos digitales…. sólo los adquiero si claramente explicitan que son del estado legalmente reconocido de Israel. Pero dejar a mi discreción esta decisión no elimina el trato de favor europeo a Israel en aranceles, comercio (de armas incluido), finanzas, trasvase científico, industria, tecnologías, agricultura…

Es sabido que criticar a Israel supone ser fichado como antisemita, sufrir boicot o directamente que te maten, en sentido literal, o que el Mosad te mande liquidar. Antes el lobby judío dominante absoluto del mercado mundial de la pasta de celulosa podría dejarnos sin papel. Y como el papel va en retroceso, ahora este país con vocación teocrática, etnicista y supremacista se ha volcado en el dominio de las tecnologías informáticas telemáticas para domeñar y amedrentar a todos los demás.

Tenía prediseñado otro tema para este comentario semanal, pero no he cambiado movida por los cien asesinados en Gaza en mayo, ni los 1.200 heridos, algunos discapacitados de por vida, ni tan siquiera por las bochornosas-inhumanas declaraciones de la portavoz del ejército justificando las matanzas con francotiradores porque los métodos antidisturbios convencionales son insuficientes…, no;ha sino la imagen de una niña de ¡8 meses! muerta al inhalar los gases de su tecnología bélica puntera, y el video de un soldado cazando a un pacífico manifestante culminando con expresiones de alegría como si hubiera abatido un antílope en un safari.

De los 11,2 millones de palestinos en el mundo, 1,8 viven (es un decir, porque las superperforaciones judías les han robado hasta el agua) en Gaza y 2,88 en Cisjordania y Jerusalén Este. La población de Israel son 6,36 millones.

Además de un ejército de élite todos saben que Israel posee la bomba atómica, aunque nunca lo reconozca, y además muy probablemente con total predisposición a utilizarla. Pero su tasa de natalidad, aun siendo alta (3,1), es la mitad de Gaza. Es la bomba palestina que más temen: la poblacional.

En Israel y sus territorios ocupados muere/matan un niño/adolescente palestino cada tres días. En trece años (2004-2017) murieron 1523 niños frente a 129 israelíes, diez a uno. Este mes, un soldado judío herido por una piedra frente a casi cien palestinos muertos. Reparando en que la mayoría de estos son jóvenes liquidados premeditadamente y de modo periódicamente repetitivo, es razonable la sospecha de un diseño israelí de guerra de baja intensidad continuada para liquidar una generación entera matando selectivamente jóvenes sin descendencia.

Como no se percibe ni atisbo de vergüenza israelí por estas atrocidades, tal vez no sólo sea venganza histórica, ni tan siquiera crímenes de guerra como les acusa el relator de la ONU, sino una estrategia de control de la población palestina, sin exterminarlos para no quedarse sin mano de obra barata que realice por cuatro séquel los trabajos que los judíos no quieren.

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