El Antzoki de Zalla se llena para honrar al primer alcalde

Miguel Otxoa y Mari Asun Blanco, en el acto.Foto: E. Castresana

Miguel Otxoa, regidor entre 1979 y 1987, inició el encauzamiento del río e impulsó el polideportivo

Elixane Castresana - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Zalla - De carácter fuerte, pero humilde, honrado, cercano, perfeccionista, trabajador e implicado. Los numerosos testimonios de vecinos recogidos por la asociación cultural Zallako Euskaltzaleak en varios vídeos esbozaron la misma descripción de Miguel Otxoa, primer alcalde tras el fin de la dictadura franquista. En su mandato, que abarcó de 1979 a 1987, se sentaron las bases del municipio actual: se realizaron las primeras obras de encauzamiento del Kadagua y se impulsaron el polideportivo y la residencia mientras renacían las fiestas populares, según se recordó en el homenaje que llenó el patio de butacas del Zalla Zine Antzokia.

De todo corazón, como rezaba el lema de la convocatoria, los asistentes aplaudieron con el auditorio puesto en pie la entrada de Miguel Otxoa, de 84 años, y su mujer, María Asun Blanco. “Hemos pasado lo nuestro y estoy más que emocionada. En nombre de los dos, agradecemos al pueblo de Zalla que hayáis organizado este acto”, afirmó ella mientras su marido contemplaba conmovido la txapela con la que le obsequiaron rodeado por un grupo de amigos que cantaron para la pareja. “Ellos no se merecen menos. El evento nos ha hecho recordar la talla humana y personal de un marido, alcalde, monitor de tiempo libre y miembro de la coral, entre otras facetas”, respondieron desde el colectivo organizador, Zallako Euskaltzaleak.

Cuando Miguel Otxoa pisó el viejo Ayuntamiento de la plaza Euskadi para coger la makila como cabeza de lista de la candidatura del PNV en las elecciones municipales de 1979 se abría ante la corporación y la ciudadanía una etapa apasionante. Al fin se recobraban las libertades después de cuatro décadas bajo la dictadura en las que “se prohibían tantas cosas, empezando por la libertad de expresión”, rememoraron en la asociación Zallako Euskaltzaleak. Al mismo tiempo, había mucho por hacer. El recién nombrado alcalde supo desde el principio que era vital contener la fuerza del Kadagua, que se desbordaba año sí y año también. El resultado fue una escollera en la zona de Oreña, en Aranguren, que redujo los daños de riadas posteriores. “Evitó que en las inundaciones de agosto de 1983 ocurriera una catástrofe en Zalla”, como destacaron los propios vecinos en el repaso a sus dos legislaturas que se proyectó en la pantalla del Zine Antzokia. Durante los mandatos de Miguel Otxoa también echó a andar el polideportivo y “se pusieron los cimientos de la residencia de ancianos”. Y todo ello compaginando sus obligaciones en el Consistorio con su trabajo a turnos en la fábrica Etxebarria porque “no estaba liberado”.

COn las asociaciones Su etapa en la Alcaldía coincidió con el resurgir de las celebraciones populares que contaron con total apoyo del Ayuntamiento. Las calles se tiñeron de color en carnavales o las fiestas patronales de San Miguel en las que el propio Miguel Otxoa se volcó durante su estancia en el Ayuntamiento y después en contacto permanente con las asociaciones. “Hasta hace poco todavía cantaba con el coro Lagunarte y en la coral Laino Eresi, estuvo en la junta directiva del Zalla Unión Club, pertenecía a la asociación de familias...”, recapitularon.

También dejó huella en el grupo scout de Aranguren con los célebres campamentos de verano en la localidad cántabra de Liendo. “Se montaban verdaderos talleres de costura para fabricar las tiendas de campaña. A los que entonces éramos unos niños nos impresionaba ver a quien había ostentado la Alcaldía por así decirlo, como un soldado raso. Era estricto y a la vez cariñoso, le queremos un montón”, evocó uno de los participantes. Como han demostrado todos los vecinos.

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