La voz vasca del beauceron

El muskiztarra Fernando Balín comparte plano con ‘Izar Berri Bat de Subeltz’, una de las tres hembras de pastor beauceron criada en su casa de Karrantza.Foto: DEIA

El muskiztarra Fernando Balín Fernández triunfa en Europa con ejemplares de pastor beauceron Con su perra ‘Anna de Subeltz’ ganó las monográficas estatales de la raza en 2012, 2013 y 2014

Emilio Zunzunegi - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Muskiz - Quién le iba a decir al muskiztarra Fernando Balín Fernández que acompañar a una amiga del pueblo a adquirir pienso para su pastor vasco le iba a poner, hace catorce años, en la senda que le llevaría a ser hoy día un reputado criador de la raza beauceron, un perro pastor de origen francés que aún sigue siendo un gran desconocido por estos lares a pesar de que como define Fernando, “el beauceron es una raza de un país fronterizo con Euskadi”.

“Mientras ella buscaba el pienso para su perro, yo cogí un libro, empecé a ojearlo y de repente apareció la raza beauceron. Me encantó. Fue como un flechazo a primer vista. Leí un resumen de la raza y me identifiqué absolutamente con esa raza”, señala Fernando, quien comparte su pasión por este perro pastor de gran porte con su trabajo de camarero en el Hogar Navarro de Barakaldo.

“Es un perro rústico que pertenece a una de las razas más antiguas de perros pastor y que comparte distinción en Francia junto con el pastor de Brie de pelo largo mientras que el beauceron es de pelo semilargo con una capa exterior negra y una subcapa grisácea. Es un perro fuerte y resistente, muy apegado al dueño, y de gran capacidad de trabajo en la conducción de los rebaños y en la protección del pastor y sus bienes”, define este polifacético vecino del barrio de La Magdalena que no dudó en trasladarse a Francia para adquirir su primer ejemplar. “Aunque es un perro pastor, hoy día lo puedes ver compitiendo en pruebas de aggility, de obediencia, de rastro, defensa o belleza, y además es un perro muy familiar”, destaca el criador de 42 años, que el pasado fin de semana tomó parte en la cita anual en la localidad francesa de Lyon donde su ejemplar compartía escenario con más de 600 ejemplares llegados de quince países de varios continentes. Algo que no intimida a este carismático profesional de la hostelería que en su adolescencia cambió los estudios de Minería y Cantería en el Centro Formación Somorrostro por el tintineo de la vajilla al lado interior de la barra de un bar.

Premiado Las estanterías de su domicilio están atestadas con los trofeos que ha sumado en esta década y media entre los que cita como destacables el premio al mejor beauceron en las monográficas estatales de 2012, 2013 y 2014, el galardón al mejor cachorro del campeonato del mundo de la FCI en Budapest 2013 o el reconocimiento como primer y único productor estatal que ha ganado la exposición mundial más importante, la Nacional de Cría francesa, en Neux les Mines en 2014 con una cría nacida en Muskiz.

Fernando viajó a Lyon con Anna de Subeltz, beuceron hija de la ganadora de la cita de 2014, que comparte espacio en su casa del barrio karrantzarra de Molinar con otras dos hembras, Izar Berri Bat de Subeltz y Cigale des Assiers. “Estos perros necesitan un ejercicio regular por lo que no es muy recomendable tenerlos en un piso”, apunta el pionero en la introducción de esta raza en Puerto Rico, que lamenta que en España no haya un club cuando en otros países con razas muy conocidas por el gran público que gozan de este apoyo. “Hace más de un siglo que ya existía un club de esta raza en Francia y hoy día los hay en los principales países del mundo”, reseña un criador cuyo afijo Subeltzn se ha granjeado un nombre en el mundo del beauceron “con tan solo cinco camadas”. “Son una raza tan particular como yo. Mi pareja ya sabe que para mí los perros son lo primero. No les trato como si fueran humanos, les trato como mis animales pero con todo el respeto del mundo. Para mí, mis perros son sagrados”, subraya Fernando, quien señala que “los machos pueden llegar a tener una altura de hasta setenta centímetros y llegar a unos cincuenta kilos de peso”, apunta este educador canino titulado que se ha centrado en la variedad negro fuego, por el color rojizo de sus patas, con la que brilla allí donde va.

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