Delantero De Aspe Y Finalista Del Manomanista

Jokin Altuna: “He cambiado mucho desde que debuté”

En su fuero interno, Jokin Altuna siempre supo que iba a estar en una final del Manomanista. El domingo jugará la primera en el Bizkaia de Bilbao, que bullirá en un enfrentamiento generacional ante el veterano Aimar Olaizola

Una entrevista de Igor G. Vico - Martes, 22 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

AMEZKETA - Jokin Altuna (Amezketa, 1996) vive un curso dulce. La final del Manomanista que disputa el domingo ante Aimar Olaizola es un logro más en su corta carrera como profesional. Teniendo una pose de artista desde que debutó, para el amezketarra no todo han sido días de vino y rosas. Por detrás se despliega un trabajo oscuro, diario, al que ha sabido amoldarse. Al final, todo acaba siendo cuestión de carácter. Y el suyo es el de un currante dotado de un capacidad especial para entender la pelota a mano y esta le premió con la txapela del Cuatro y Medio. Sabe desde que se fajaba en el frontón Larrunari de su pueblo que había que sudar a diario. De aquellos polvos...

Disputa el domingo la final del Manomanista. La primera de su carrera. En noviembre ganó el Cuatro y Medio, llegó a las semifinales del Parejas y peleará por el título más importante. Lleva una temporada para enmarcar.

-Está siendo un año muy bonito y muy importante. Lo esencial para mí es la regularidad que se tiene durante toda la temporada. Soy consciente de que tengo la oportunidad de hacer algo grandísimo, pero para mí ya es algo grande estar en la final del Manomanista. Siempre que estás ahí, quieres ganar.

El Manomanista tiene algo especial. Es la modalidad que todo pelotari quiere ganar. Una txapela del mano a mano, aun teniendo usted la del Cuatro y Medio, te pone en órbita.

-Siempre se dice que el que no juega mano a mano no es tan completo. Tenía esa espina. No porque no pensara que no iba a jugar dentro de esta especialidad, sino porque cada pelotari necesita su tiempo. Me han llegado las cosas bastante rápido y tengo una oportunidad muy grande para alzarme con el cetro, pero sabiendo que tengo un encuentro muy difícil.

¿Supone ya una guinda al curso el simple hecho de haber alcanzado este partido?

-Sí. Las finales son para ganarlas, eso está claro, pero el que está eliminado querría tener la oportunidad de estar en una final. Si pierdes en semifinales, te queda esa pena. Para ganar, hay que jugar. Para mí es un logro estar en la final, más todavía con los contrarios que he tenido, que juegan una barbaridad. Este campeonato ha sido muy importante para mí.

Quitando algunas excepciones, como Irribarria, vencedor a los 19, los campeones del Manomanista necesitan madurar. ¿Creía que le iba a llegar esta oportunidad tan pronto, con 22 años recién cumplidos?

-No. También digo claramente, y así se lo comenté a la gente de mi alrededor, que pensaba que iba a llegar a una final del Manomanista. Eso lo tenía claro. Tan pronto, sin duda, no lo esperaba. Sobre todo, con los tres rivales que tenía: muy físicos, muy duros y que le dan muchísimo. He tenido partidos muy difíciles y he estado bien. Casi todas las eliminatorias han sido duros y los he sacado adelante. Eso también quiere decir algo.

Durante su carrera en el mundo profesional se le han visto diversos tipos de partidos. Este Manomanista ha tirado de oficio, defensa y sufrimiento.

-Hay que tener de todo. Y en el Cuatro y Medio, también, aunque sea una distancia más corta. En la jaula, notas más el esfuerzo de pecho y de piernas, pero en el Manomanista tienes que soltarle con todo, muscularmente es muy exigente. Es cierto que el juego del mano a mano de antes era más largo, pero exige muchísimo al pelotari.

¿El éxito ha residido en determinar de forma nítida cuál era su patrón de juego?

-Siempre es importante saber qué es lo que tienes que hacer. Fíjese en Danel Elezkano, que ha tenido claro cómo jugar y lo ha hecho perfecto. Si sales al partido a verlas venir, es muy complicado ganar. Hay que salir mentalizado.

¿Cómo se trabaja eso en el día a día?

-Depende. Tienes que tener la confianza en ti mismo y sentirte bien el día del partido. Si estás muy bien físicamente pero la cabeza no va, es prácticamente imposible ganar. Hay que creer en tus posibilidades. Siempre hay que respetar al adversario, pero tienes que saber cuál es tu juego y sacar tus cualidades. Si he llegado hasta aquí es porque he tenido claro mis puntos fuertes.

Es decir, ser consciente de sus fortalezas, pero también de sus debilidades.

-Quitando el primer partido, que fue de cara, el resto he tenido que sufrir. Ante Urrutikoetxea comencé perdiendo 7-0 y Mikel es un pelotari que remonta, pero al que no le remontan y eso siempre está en la cabeza. En los movimientos laterales le costó un poco más. Quizás fue por los nervios del primer partido. En este Manomanista, los favoritos han sido los que han caído en cuartos de final. Han hablado de los nervios y no sé qué, pero no hay que quitar ningún mérito a los que hemos ganado, ya que los nervios y la presión siempre está ahí. Aunque diga que Aimar es favorito en la final, yo también tendré la presión de querer ganar y jugar bien. Eso hay que saber llevarlo.

De hecho, aunque comenzó bien contra Retegi Bi, sí que tuvo que pelear muchísimo.

-Fue un partido difícil. Gané por 12-22, pero todos los tantos fueron trabajados. Me puse rápido con ventaja, pero comenzó a gozar y tuve que sufrir. Fue un partido importante para mí.

¿Le ha pesado alguna vez la vitola de artista que le colocan?

-A veces, la gente te cataloga como un tipo de pelotari. Hay manistas que tienen una cualidad por encima del resto, pero que tienen más cosas. En mi caso, tengo más técnica que físico, pero, bajo mi punto de vista, hay que tener de todo. Estar arriba es imposible si únicamente tienes una única cualidad. Hay que aprender cada día. Siempre digo que el ejemplo es Urrutikoetxea, ya que mejora en cada partido. Ha mejorado físicamente y ha aprendido muchísimo. Antes, por ejemplo, no era tan agresivo.

¿Cree que la ambición reside en el eterno aprendizaje?

-Para mí, sí. Siempre voy ilusionado al frontón. Cuando salen mal las cosas, soy bastante crítico conmigo mismo y no estoy a gusto. Si llevo una racha de cuatro o cinco partidos perdidos, busco cambiar algo y trato de hacerlo, ya sea en entrenamientos o en mis costumbres. Soy bastante metódico en eso.

¿Se comporta así desde que era niño?

-No, pero tampoco lo hacía en profesionales. He cambiado mucho desde que debuté. Los que tengo alrededor lo saben bien. Nunca he tenido un nutricionista, pero también lo he cambiado. Antes, si tenía hambre, comía algo. También descansaba menos y tenía menos cabeza. Pensaba en que tenía que mejorar físicamente e iba a entrenar demasiado. Había veces que salía el sábado con los amigos y la mañana siguiente, sin descansar lo suficiente, iba a ensayar. Eso es peor. Con el entrenador que tengo ahora, hay veces que tengo sesiones de mañana y tarde. He cambiado bastante, porque vas aprendiendo y conoces mejor tu cuerpo.

¿Cuándo comenzó esa transformación?

-Con el anterior preparador estaba muy contento y mejoré muchísimo, pero tenía ganas de tener un entrenador para mí, para contarle todo. Al final, si un preparador tiene a doce pelotaris, les prepara muy bien, pero no puede estar más pendiente de uno u otro. Este entrenador está siempre encima, nos transmite mucha confianza y nos ayuda muchísimo. Estoy contento de conocerle.

Es decir, que le da importancia al aspecto psicológico y emocional.

-Sin duda. Antes de un partido, siempre hablamos. Después, comentamos las sensaciones que ha habido. Bajo mi punto de vista, la cabeza es muy importante en el frontón hoy en día.

Tiene 22 años y en noviembre ganó el Cuatro y Medio. ¿Cambia la vida con una txapela?

-No tengo esa sensación. Antes sí que pensaba en qué sería ganar una txapela. Me daban envidia sana Beñat Rezusta, Iker Irribarria… Pensaba en qué sentían después de conseguirlas. Después, la ganas y es un reconocimiento importante al trabajo. La gente siempre habla de los títulos y para mí ganar es importante, pero también rendir todo el año. Por ejemplo, el Parejas dura cuatro meses y ¿qué sucede con los ochos restantes? Para mí, este año ha sido muy bueno por eso: el verano fue duro, gané el Cuatro y Medio, no sabía cómo iba a responder en el Parejas y llegué con Martija a semifinales.

Pase lo que pase, al día siguiente sigue siendo Jokin Altuna.

-Eso es. Después de esta final llegará el verano y hay que seguir igual.

¿Sueña con vestir de colorado todo el año?

-Es cierto que he pensado en ello. Era algo impensable hace poco, pero lo tenemos a un paso y quiero ir a por ello. Me haría mucha ilusión, pero tengo que estar tranquilo.

¿Qué puede decir de Aimar Olaizola, su rival en la final del Manomanista?

-Es muy difícil ganarle, pero me hace mucha ilusión jugar contra él. Tiene un mérito enorme entrar en la final del Manomanista con 38 años. He jugado finales contra Urrutikoetxea y Bengoetxea VI, dos pelotaris increíbles, y Aimar también lo es. Me hace ilusión. He jugado muchos partidos contra él y he ganado y perdido. Sé que puedo ganar y perder.

¿Vio la semifinal de Olaizola II contra Elezkano II?

-Buscó durante todo el partido la derecha de Danel. Elezkano no rindió igual que en los partidos anteriores. Vi muy fresco a Aimar, que alargó bien la pelota. Es un manista que engaña. En el mano a mano extiende muy bien el golpe, defiende y remata. Es peligroso.

Decía que era todo un honor enfrentarse a él, siendo una leyenda de la pelota a mano.

-Sin duda. He jugado dos semifinales del Cuatro y Medio en contra y nos quedamos en las semifinales del Parejas y un primo me decía que la pelota merecía una final entre Aimar y yo. Era difícil, pero ha llegado. Me hace ilusión. Aimar es un ejemplo como deportista. Si llegas así a los 38, es porque has hecho las cosas bien.

Además, lleva veinte años como profesional, con lo que ello conlleva...

-¡Y estando arriba casi siempre! El público se puede acostumbrar, pero no es fácil. Los últimos años, cuando ha hecho algún partido malo, la gente decía que estaba mayor, pero siempre ha callado bocas, regresando y dando el callo. Aimar juega una barbaridad. Veo a pocos pelotaris capaces de ganarle.

¿Le pone la vitola de favorito?

-Sí, pero no porque juegue contra mí. Es por la experiencia. En los partidos grandes siempre ha dado el nivel. Yo he rendido bien hasta ahora, pero es una final distinta y no sabes cómo vas a reaccionar. En la primera final contra Oinatz -la del Cuatro y Medio de 2016- no podía mover las piernas de lo nervioso que estaba.

Se encuentran en una posición similar: mucho que ganar y poco que perder, ¿no?

-Puede ser. Él no tiene nada que demostrar y para mí es muy grande estar en esta final. Si pierdes, es un golpe muy grande, pero estoy orgulloso del Manomanista que he hecho. Hay que saber de dónde vienes y lo que piensas antes del campeonato. Mi objetivo ahora mismo es ganar la final.

No le falta ambición.

-Tengo mucha ilusión. He llegado hasta aquí porque he tenido ambición, ya que mis contrarios eran favoritos. Pocos apostaban por mí, pero los de mi alrededor, y yo mismo, me han animado durante todo el campeonato.