Encuentro Técnico Sobre Personas Desaparecidas

Empatía en la búsqueda

Hugo Prieto, jefe del Área de Delitos Contra las Personas de la Ertzaintza, con Arturo Marcos, comandante de la Guardia Civil que siguió el ‘caso Diana Quer’.Foto: Juan Lazkano

El Encuentro Técnico Sobre Personas Desaparecidas que tuvo lugar ayer en Arrigorriaga abordó con un ertzaina y un comandante de la Guardia Civil la estrecha relación que se establece entre la Policía y la familia afectada

Un reportaje de Susana Martín - Miércoles, 23 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EN los casos de desapariciones de personas, más allá de los protocolos de búsqueda e investigación por parte de los cuerpos policiales implicados, es fundamental la relación que se establece entre agentes y familias. La confianza entre las dos partes es vital tanto para avanzar en las pesquisas e indagaciones como para aliviar la angustia y el dolor de quienes necesitan saber algo sobre el paradero de su ser querido. Y a esa fina línea que separa profesionalidad y humanidad es a la que se tienen que enfrentar en numerosas ocasiones Arturo Marcos, comandante de la Guardia Civil que ha participado activamente en sucesos tan mediáticos como el de la pequeña Asunta Basterra o la joven Diana Quer, y Hugo Prieto, jefe del Área de Delitos Contra las Personas de la Ertzaintza. Ambos participaron ayer en el sexto Encuentro Técnico Sobre Personas Desaparecidas de Arrigorriaga para dar a conocer su experiencia desde una perspectiva que va más allá de los manuales de procedimiento formales, porque “ante todo somos personas y también tenemos nuestros sentimientos, bajones, cabreos o frustraciones”, asegura con humildad Prieto.

A pesar de su dilatada experiencia, controlar el flujo de información que se transmite a los afectados con transparencia y prudencia no es tarea fácil. “En esos momentos, para las familias los interlocutores somos el único nexo de unión con su desaparecido. Somos una figura muy importante y la información tiene que ser bidireccional. Ellos nos tienen que facilitar cualquier dato que nos permita abrir líneas de investigación y nosotros ponerles al corriente de los avances dentro de los límites que existen en un secreto de sumario”, explica Marcos. “Son procedimientos minuciosos y muy claros a nivel policial, pero desesperantes para las familias”, reconoce.

Y, ante la duda sobre “hasta dónde puedo contar”, el comandante de la Guardia Civil lo tiene claro: “Para mí, lo principal es la seguridad de la investigación y nunca me arriesgo a dar un dato que la pueda entorpecer o estropear”. El jefe del Área de Delitos Contra las Personas de la Ertzaintza añade: “Yo suelo decir siempre a las familias que no les vamos a contar toda la verdad pero tampoco les vamos a mentir”.

Es ahí, en ese punto y con la sinceridad como base, cuando se empieza a forjar una confianza que se hace, si cabe, más necesaria en los casos de desapariciones que se alargan mucho en el tiempo. “El objetivo es que entiendan nuestra situación y limitaciones. Ojalá les pudiéramos prometer resultados pero muchas veces no es posible. Lo que intentamos es tranquilizarles y, sobre todo, garantizarles que, aunque no lo parezca, estamos trabajando día a día”, asegura Marcos. Hugo Prieto asiente con la cabeza y añade: “Otra cosa que como interlocutores comprendemos es la crítica”. Que en diferentes momentos los afectados cuestionen la labor policial con preguntas insistentes como ¿qué estáis haciendo? o ¿hay algún avance? es “lo más normal y debemos insistir en que la investigación no está parada, calmarles, dialogar y escucharles”.

Fechas críticas En cierto modo, el trabajo de un interlocutor policial puede asemejarse al de un psicólogo. “Muchas veces, actuamos así”, afirma el comandante. “Hay fechas concretas que son muy difíciles para el entorno directo de un desaparecido: Navidad, su cumpleaños, un aniversario... Nosotros ya prevemos que vamos a recibir una llamada y que vamos a tener que escuchar y tratarles con más paciencia y empatía”.

Son fases críticas “y en muchas ocasiones tensas” de ese vínculo que se ha logrado establecer y en donde “nos tienen que sentir más cercanos que nunca para que el nivel de confianza que hemos alcanzado se mantenga y no se rompa”.

En el Encuentro Técnico Sobre Desaparecidos de Arrigorriaga, Arturo Marcos y Hugo Prieto compartieron mesa redonda con Ana Herrero, madre del joven gasteiztarra Borja Lázaro, cuyo rastro se perdió hace cuatro años en la Guajira de Colombia, y con Emilia Chavero, hermana de Manuela Chavero, desaparecida un 5 de julio de 2016 en Monasterio, Badajoz. Son casos aún sin resolver y muy especiales y emotivas fueron las palabras de Ana hacia el jefe de Área de la Ertzaintza, que fue el primero que se presentó en su casa tras interponer la correspondiente denuncia. “Para nosotros es ya uno de la familia. Siempre que le veo nos damos un abrazo. Cuando organizamos un evento, Hugo aparece siempre que puede y muchas veces sin avisar. Esa cercanía la agradecemos mucho”, declaró con sosiego.

Impactante y más desgarradora fue la intervención de Emilia Chavero. “La incertidumbre te va consumiendo y desgastando. Que en el caso de mi hermana aún esté decretado el secreto de sumario afecta a la familia. Estamos sufriendo muchísimo porque necesitamos saber”.

Marcos y Prieto escucharon en silencio y con respeto. Les es fácil ponerse en su piel, identificarse con su angustia. “El tiempo suma en contra de todos. Afecta y entiendo su necesidad de información, pero tienen que tener la seguridad de que todo investigador quiere encontrar a la víctima. Y cuando la policía tenga un dato relevante, los primeros que lo van a saber son los familiares”, afirmó el comandante.

A veces, más de las deseadas, la información definitiva acaba siendo una mala noticia, un desenlace fatídico. “Es un momento muy complicado por esa empatía que has establecido”, reconoce Marcos con, al menos, la sensación gratificante de que “encontrar el cuerpo de un ser querido supone un alivio”. Un final así “nunca es el deseado, lo ideal sería abrir una puerta, como en Sorpresa Sorpresa, y que aparezca detrás el desaparecido”, añade Prieto, pero “te sientes reconfortado porque has hecho todo lo que has podido y vas a aportar calma a la familia”. O como apunta Arturo Marcos, “les das la paz que necesitan para poder empezar a pensar en otras cosas”.

Y cuando una de estas largas búsquedas obtiene el calificativo de caso cerrado, ¿qué ocurre en esa relación entre policía y familias? Los dos coinciden en la respuesta. En muchas ocasiones ese contacto perdura también en el tiempo. “Hay casos que te tocan la fibra más que otros y el vínculo, por supuesto, continúa”, asegura Hugo Prieto.

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