Behatokia

Catalunya y España en un círculo vicioso

Por José Luis Úriz Iglesias - Miércoles, 23 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

VIVIMOS tiempos de vértigo donde resulta complejo hacer reflexiones con un mínimo de rigor, ya que las mismas, debido a la velocidad de los acontecimientos, pueden quedar obsoletas en cuestión de horas. En Catalunya, ese riesgo se multiplica a menudo de manera exponencial.

El señor Puigdemont ha dirigido el dedo a uno de sus súbditos, Quim Torra. Lo ha hecho al viejo estilo de los democráticos emperadores de Roma, y el senado sumisamente lo acata, que es el verbo empleado en una dictadura, acatar. Al quedar ungido por el sumo sacerdote, acaba de ser elegido president, eso sí provisional, de una Catalunya que se consume en su propia deriva. Resulta lamentable incluso desde una posición favorable al derecho a decidir, contraria a judicializar los temas políticos y por tanto a que haya representantes legítimos encarcelados o exiliados. Incluso desde el deseo de que el conflicto España-Catalunya se resuelva no a golpes de uno y otro lado sino desde el diálogo, la negociación y el acuerdo. También como demócrata al que este tipo de comportamientos le producen un absoluto rechazo, con el temor de entrar en una espiral suicida. Especialmente, porque el César todopoderoso en su afán de venganza y confrontación, ha escogido al más radical, xenófobo y supremacista de sus súbditos. Quim Torra, por su pasado y por su presente, es un peligroso halcón, dispuesto a continuar con la política detierra quemadade su antecesor en el cargo. Aunque utilizar la palabra antecesor quizás no sea la correcta a la vista de la surrealista toma de posesión, donde no quedó muy claro si es realmente el president de Catalunya, o apenas un guardian del anillo, o mejor dicho del colgante, al que incluso se le pide no haga uso del despacho oficial. Según trasciende, esa inconcebible sugerencia ha sido uno de los motivos del rechazo de Elsa Artadi al cargo. Ella es bastante más lista y sabe que su momento no era este.

No soy independentista, aunque sí creo que el problema de Catalunya, como el de Euskadi, se solucionaría con una España Federal plurinacional, o sea transformando nuestro país una nación de naciones, introduciendo de alguna manera el derecho a decidir o al menos algún tipo de consulta que tuviera encaje legal en nuestra Constitución. Y acompañado de un nuevo pacto fiscal que traiga un novedoso escenario. Por eso me manifiesto en contra de posiciones radicales en uno y otro lado. No necesitamos más halcones como el honorable president interino Quim Torra, es más, no necesitamos halcones, lo que realmente debemos encontrar son palomas que sean capaces de comunicarse, de entenderse y acordar. Necesitamos gentes como Junqueras (que hoy estará escandalizado con este hecho en su celda), Iceta o Domenech. Curiosamente, los tres de una izquierda hoy devaluada y totalmente a la defensiva.

Resulta imprescindible que en el bando llamado constitucionalista alguien dé un puñetazo en la mesa y diga ¡basta! También que suceda lo mismo en el independentista, porque este camino nos lleva a la confrontación permanente y al despeñadero… a ambos, Catalunya y España, situadas en un círculo vicioso imposible de romper.

Quizá hoy muchos independentistas, especialmente las gentes de izquierda, estén escandalizados, pero callarán y eso sí que es grave, que se haya llegado a esta especie de censura velada que se parece mucho a una dictadura. La sociedad catalana, antaño madura y moderna, ha sido succionada por un puñado de sectarios incapaces de adoptar comportamientos mínimamente sensatos. ¿Qué diferencia hay entre los defectos democráticos de una monarquía y lo de Puigdemont? Solo una, que en la primera el ungido es un familiar y en esta no resulta necesario que lo sea.

Puigdemont ha designado a dedo a su sucesor y el resto de manera obediente lo ha elegido. Por cierto, como Mas hizo con él. Quizás ocurra lo mismo en este caso y acabe volando solo, esperemos que esta vez sea de una manera menos mesiánica aunque no parece. Lamentablemente, Catalunya va a la deriva y la gente prudente de ambas orillas no acaba de romper amarras con los enloquecidos que dirigen la máquina a un constante choque de trenes de imprevisibles consecuencias.

Pero tampoco España parece ir por buen camino con un gobierno situado en la confrontación permanente, que entiende equivocadamente que los problemas políticos se solucionan a golpe de policía, represión, jueces, cárceles, exilios y medidas extremas como la aplicación del artículo 155. Esta posición irresponsable no solo está creando una peligrosa crispación entre España y Catalunya, también ha debilitado nuestra posición como país democrático a nivel internacional. Los últimos varapalos judiciales y políticos venidos de Escocia, Bélgica, Alemania y Suiza comprometen seriamente la credibilidad de nuestra justicia y de nuestra acción política. La batalla del relato se ha perdido definitivamente en Catalunya, pero también ante la prensa internacional. La ya famosa definición de “preso político” no se considera como una aseveración exagerada y fuera de contexto, sino que forma ya parte del lenguaje popular asumiéndose como una realidad incuestionable. Mantener en la cárcel a políticos como Junqueras, que podría y debería cumplir un papel de interlocutor válido con el mundo independentista, es además de una injusticia un profundo error. Solo cabe desear que esta situación extrema, con gentes que incluso se han declarado dispuestas a abandonar toda práctica política y a quienes esta situación les acarrea problemas personales graves, no nos dé un disgusto echando sobre la mesa una desgracia irreparable.

No parece lo adecuado tampoco seguir con esta escalada de confrontación subiendo la presión: Torra, con un nuevo Govern difícilmente digerible;Rajoy y aledaños, decidiendo seguir aplicando el 155 e impidiendo su reconocimiento alegando que hay encarcelados y exilados. Eso, señores constitucionalistas, no es ilegal, otra cosa es que resulte torpe y provocador;pero ilegal, no. Eso, señores independentistas, no es favorecer el diálogo y el encuentro.

Rajoy, además, se siente presionado desde su derecha por un Ciudadanos crecido con las encuestas y dirigido por otro mesiánico como Albert Rivera. Y las izquierdas ni están ni se les espera, especialmente un PSOE a la deriva, que funciona a golpe de impulsos de su líder rivalizando con la derecha en planteamientos de mano dura. Sí, las tres últimas ocurrencias de Pedro Sánchez le sitúan con los partidarios del choque de trenes. Intervenir TV3 si se aplica un nuevo 155, la reforma del delito de rebelión dentro de Código Penal y el blindaje del acatamiento de la Constitución en las tomas de posesión le desplaza a posiciones de halcón cuando el país necesita justo lo contrario, un PSOE de encuentro, favorable al diálogo y la negociación. Qué pena.

Aunque tampoco podemos decirlo alto, no vaya a ser que esta semana se levante con otro talante y dé un nuevo viraje hacia esas deseadas posiciones. En todo caso, Pedro, así, no;porque despistas al personal, enfadas a una parte de tu base social y acabas por no tener claro quién eres y hacia dónde pretendes ir. Las encuestas ya demuestran el efecto devastador que sobre algunos partidos en concreto y sobre la izquierda en general está produciendo esta situación. No solo Catalunya, también las luchas de los pensionistas y las feministas, más la corrupción.

Es evidente que una encuesta, la última la de Metroscopia para El País, no son las elecciones, pero sí marca las tendencias y demuestran dos hechos irrefutables: que el bipartidismo está definitivamente enterrado y que la izquierda se encuentra en una crisis terminal.

Un nuevo tiempo se adivina en Catalunya y España. ¿Peor? ¿Mejor? Desde luego, los nubarrones que se ven acercando son de una negrura preocupante.