Se apaga un fuego de catorce temporadas

Un gran ambiente despide en Burgos la vida del Bilbao Basket en la ACB y la carrera de Mumbrú

Roberto Calvo - Viernes, 25 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

burgos - “Sueño bendito donde moriré”, reza parte de la letra del himno de Burgos que el público de Coliseum, como el del Obradoiro con su Miudiño, entonó a pleno pulmón antes del inicio del partido donde el Bilbao Basket puso fin a un sueño bendito de catorce temporadas que morirá o no. Es la pregunta que se siguen haciendo los seguidores del equipo bilbaino, entre ellos los 200 que ayer acudieron a la ciudad del Cid para asistir a un encuentro que pasará a la historia en cualquier caso. Don Rodrigo Díaz, cuya estatua preside la entrada al casco antiguo burgalés, ganaba batallas después de muerto. El Bilbao Basket tiene que empezar a ganar batallas para continuar vivo y desde hoy mismo, si no lo ha hecho ya, tiene que ponerse a ello.

El envoltorio, pese a ser un partido sin trascendencia, fue perfecto porque la afición del San Pablo Burgos ha decidido disfrutar del baloncesto sin dejarse fuera ningún detalle. El homenaje que rindieron a Mumbrú, probablemente el mayor que ha recibido el capitán del Bilbao Basket fuera de Miribilla, sonó sincero porque la gente de Burgos no tiene cuentas pendientes con nadie y también rindieron su respeto a los seguidores de la marea negra con otra ovación. Dos ciudades tan cercanas saben lo que mucho que pierden con el descenso de los vizcainos que ha dejado en un visto y no visto entre encuentro en la élite.

El alero catalán fue uno de los que más empeño puso en su último partido como profesional. El equipo puso los medios para que Mumbrú encontrara sus tiros desde que salió a cancha cuando habían transcurrido cuatro minutos. Y el capitán empezó a producir a ritmo de MVP de la jornada y para el descanso ya llevaba quince puntos con muy buenos porcentajes y 17 de valoración. La tensión en la cancha era la justa, aunque ninguno de los dos quería perder. De hecho, por el ambiente que se vivió en el Coliseum pareció durante muchos minutos que había algo en juego.

La segunda parte fue otra cosa y se compitió en las dos zonas. La afición de Bilbao no dejó de empujar ni Mumbrú de asumir la responsabilidad hasta llegar a un par de minutos del final con 33 de valoración. El Bilbao Basket tenía el partido casi en la mano, pero como durante muchas fases de la temporada lo dejó escapar por sus propios errores. Entre ellos, estuvieron dos tiros libres fallados por el capitán que alejaron la posibilidad del empate a 22 segundos del final y resumieron no la carrera de Álex Mumbrú, pero sí una temporada aciaga. “Gracias afición y equipo de Bilbao. Mucha suerte en el futuro”, despidió el marcador del acogedor y flamante recinto burgalés que coreó de forma unánime el nombre de Mumbrú cuando, con su hijo en brazos, enfiló por última vez, veinte años después, el túnel de vestuarios de una pabellón de la Liga Endesa.

“Burgos es ACB”, gritaba una ciudad que se ha enganhado al baloncesto y que tenía mucho que celebrar. El Bilbao Basket y sus seguidores se retiraron discretamente, con otra decepción en la cara y muchas dudas en otro doloroso camino de regreso a casa. Algo más que suerte hará falta para que el Bilbao Basket salga del agujero en el que está metido y la llama del baloncesto de élite se mantenga viva en Bizkaia. Mucha gente está empujando, soplando lo que ahora sólo son cenizas, pero no es suficiente.