‘Western’ australiano

Sam, un hombre aborigen de mediana edad, trabaja para un predicador en el interior del Territorio Norte de Australia.

Ambientada en 1929, el filme explora la violencia e intolerancia desde una historia de conflictos fronterizos

Sam, un hombre aborigen, debe huir tras matar en defensa propia y a pesar de ser declarado inocente

Un reportaje de Frank Martin - Viernes, 25 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

cOMO un trabajo complejo y con muchas capas en él, el australiano Warwick Thornton presenta Sweet country, un thriller de acción y persecuciones, donde explora la violencia y la intolerancia que habitaban en Australia en la década de los años 20 y 30, con el conflicto aborigen-hombre blanco en la diana. Se trata del tercer largometraje del cineasta tras The darkside (2013) y Samson and Delilah (2009), con el que conquistó la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes.

Ambientada en 1929, la película viaja hasta la Australia central, lugar natal de Warick Thornton y punto de partida para la película, construida desde una historia real. Porque en 1920, un hombre aborigen fue arrestado y juzgado por el asesinato de un hombre blanco. Y si bien fue declarado inocente al actuar en legítima defensa, las ideas políticas que imperaban en aquella época no aceptaron el veredicto y el hombre fue víctima de un asesinato por venganza.

Sam, un hombre aborigen de media edad, trabaja para un predicador en el interior de de Australia. Cuando Harry, un amargado veterano de guerra se muda a un rancho vecino, el predicador envía a Sam y a su familia para ayudar a Harry a rehabilitar sus corrales para el ganado. Pero la relación de Sam con el cruel e irritable Harry se deteriora rápidamente y termina con un violento tiroteo en el que Sam mata a Harry en defensa propia.

Es así como Sam se convierte en un criminial buscado por el asesinato de un hombre blanco. Se ve obligado a huir con su esposa por el peligroso interior del país. Para encontrar a Sam se forma una cuadrilla de búsqueda encabezada por el Sargento de la policía local Fletcher. Pero cuando empiezan a conocerse los verdaderos detalles del asesinato, la comunidad se pregunta si se está haciendo justicia.

Con un guion escrito por el también australiano David Tranter, Thornton señala que se sintió totalmente identificado con aquello que contaba, ya que las familias de ambos procedían de dos tribus indígenas. Sweet Country tiene todos los elementos del género del western: la frontera, la confiscación de las tierras, la subordinación y la conquista de un pueblo, así como inmensos paisajes con una enorme carga épica. Porque si bien el racismo es uno de los núcleos del filme, el director apunta que no quería representarlo de una forma estereotipada, sino más bien como “una realidad sistemática de la época”.

La película se convirtie en un viaje a la carrera por el interior de Australia, donde “el paisaje es otro personaje”. Y en esta ruta, la comunicación que utilizan los personajes aborígenes refleja la autenticidad de la cultura local, sirviéndose de “miradas, señales con la mano y esa forma de entenderse entre ellos que supera muchas veces a los diálogos”.

Además, en producción participó mucha gente de la zona, combinando así importantes actores australianos junto a otros locales, lo cual aportaba “una intensa sensación de autenticidad a la historia y al mundo”. Todo ello para dar forma a una historia de conflictos fronterizos en blanco y negro, que al final acaba poniendo el foco en el tema de la justicia. Porque si Sam fue declarado inocente, ¿por qué se vengaron?

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