Colaboración

El (no) debate sobre la prisión permanente

Por Aitor Castañeda - Sábado, 26 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL pasado día 18 fui invitado a asistir a una conferencia en el Bizkaia Aretoa del paseo de Abandoibarra en Bilbao, edificio de la UPV/EHU para congresos y actos universitarios. La recién creada Acción Universitaria Juvenil había organizado una mesa de debate sobre la prisión permanente revisable (PPR) con tres interesantes ponencias: la de Beatriz Estrella, presidenta socialista de la asociación Clara Campoamor;, Juan Carlos Quer y Juan José Cortés, padres de las víctimas de los casos Diana y Mariluz. Me acerqué a visitar a algunos amigos allí presentes y a escuchar el testimonio de los afectados, si bien se apreciaba que quienes iban a hablar estaban a favor de dicho modelo punitivo.

El debate, que no fue tal por las razones que desgranaré en siguientes líneas, estuvo precedido por un discurso introductorio de Beatriz Álvarez Fanjul, secretaria general de las Nuevas Generaciones del PP vasco, cuya oratoria ha parecido hacerse muy viral entre los sectores más conservadores de la derecha tras su discurso de febrero en Orense, donde sacó los colores a su partido en recuerdo de Gregorio Ordóñez y cuyos matices no caben aquí. Fuera como fuese aquel, en el presente, Álvarez Fanjul dejó clara su postura a favor de la PPR desde el principio, algo que nadie dudaba, pero que quien modera un debate debe guardarse al menos hasta el final.

Continuaron doña Estrella, seguida de los señores Quer y Cortés, que con matices distintos, y especialmente jurídicos, dejaron clara la constitucionalidad de la PPR, aportando datos que personalmente desconocía. Y si bien me impactó el estoicismo de los primeros, no así el del último, quien tras arrancarse con una irónica pregunta con acento malagueño de lo serios que somos en Bilbao, intervino en formato de mitin, dando el terrible testimonio de su caso, que concluía con la maldad de quienes están en contra del objeto que allí se trataba, y dando a entender su derecho a cierta venganza, que concluía con unas sórdidas acusaciones de oportunismo hacia Podemos que causó el enfado de alguno del público, que se marchó. Gran parte del resto, muy afín al PP y lleno de conocidos rostros como Raquel González, Luis Eguiluz o Leopoldo Barreda, solo pudieron aplaudirle.

Finalizó el acto con una recogida de firmas en pro de la causa y una foto de familia de las juventudes populares -a quien pertenecía gran parte de la Acción Universitaria- con los afectados, que recibieron una calurosa acogida que desde luego se merecían. Aún y todo, y entendiendo por debate la definición de la RAE que apostilla el término como “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”, queda claro que allí no hubo tal cosa, sino un discurso unitario a favor de una causa para la que aún no tengo más que dudas, y que si bien es necesario escuchar a las víctimas, estas no pueden dirigir el centro del debate, por la sencilla razón de que su postura está ya condicionada por estar afectadas. Pienso que alguna persona experta en la materia bien pudiera haber participado, evadiendo acusaciones políticas y poniendo en el centro aquéllo que se trataba, y entonces hubiéramos estado ante una verdadera jornada universitaria, que no fue sino un acto del PP para buscar su sitio en la EHU. Algo legítimo, pero sesgado.

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