Iritzia

Andrés

Por Jose Uriarte - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

acaba de cruzar su última meta, seguro que sonriendo al aire, con su gesto de bromista impenitente, como cuando alzó los brazos junto al Refugio Gardeccia, en la 19 etapa del Giro de 1976, a los 33 años ya, el aitite del pelotón, enfundado en el maillot de Teka. O cuando 7 años antes se había convertido en la pesadilla escaladora de Merckx en aquel Tour del 69 en el que ‘el canibal’ lo ganó todo. Fue quinto de aquel Tour de cuando el Tour lo corrían no estrellas, sino hombres. Como el fino ‘grimpeur’ hecho en las cuestas de Muniketa, junto a su Ibarruri. Quinto... Detrás de Merckx, Pingeon, Poulidor y Gimondi, ahí es nada. Dicen quienes le vieron en aquel Tour, que hubiese subido al podio de no ser por el empeño de Kas en ganar la clasificación de escuadras. Pero ganó mucho más Andrés. Aquel año y todos los años. Ganó respeto y cariño en el pelotón, en el ciclismo. Un respeto extendido a los análisis que publicaba en estas páginas, retirado ya de sus labores como director tras colgar los calapiés en aquel Novostil en el que enseñó todo. El cariño de su labor con el equipo médico de la Vuelta. El cariño y el respeto no a un maillot o un dorsal, sino a quien los portaba. Ha cruzado su última meta Gandarias, pero es Andrés quien levanta los brazos.