Los lunes de resaca

Cómo están las cabezas

No le veo a Sergio Ramos confabulado con el Mossad para hacerle la puñeta a Egipto

Por Julián Goikotxeta - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LA principal consecuencia del triunfo madridista ha sido la galerna que se nos viene encima, así que resignación, pues es difícil abstraerse al acontecimiento. Mariano Rajoy, que entró en depresión tras anular su viaje a Ucrania, ahora ve la crisis con otro talante. “Enhorabuena, campeones, ¡Hala Madrid”, escribió el presidente en su cuenta de Twitter. Y no te cuento nada el rey Emérito, Juan Carlos I el Vividor, que desde que no está para la caza del elefante se apunta a todo sarao, y allá estaba tan campechano en ese palco del Olímpico de Kiev.

Una ola de felicidad surge desde el epicentro español y sin embargo todo parece como impostado. Resulta que ganar la decimotercera Champions, tercera consecutiva, la cuarta en cinco años, se ha convertido en rutina. Ha perdido la magia de lo excepcional. Tras el partido, los jugadores se desplegaron sobre el césped jugueteando con sus vástagos, hasta convertir el escenario de la épica en un parque infantil de carácter privado. Saludaban con desgana a esos hinchas que las pasaron putas en el trasiego hasta Kiev y entonces surgió ella, la risueña María Dolores Aveiro. Es la Madre coraje de Cristiano Ronaldo, pues así se titula el libro autobiográfico donde describe su vida, plagada de dificultades y angustia, pero con final feliz, lógicamente, gracias a los dineros que genera su criatura. Doña Dolores está promocionando el libro, aunque entre el marido alcohólico, el orfanato que trituró su tierna infancia y el cáncer de mama que superó nada dice sobre cómo fue posible que le saliera un hijo así de retorcido, tan portentoso jugando al fútbol como narcisista y ególatra, que paseaba con cara de vinagre su frustración (¿pero qué frustración si lo ha ganado todo?) en un evidente ataque de celos hacia Gareth Bale, el triunfador de la final frente al Liverpool, o porque cobra menos que Messi, o tal vez ante el reiterado rumor sobre Neymar, que sin duda le quitaría del trono.

Ronaldo, que anoche se besaba el escudo con fruición en los fastos de la Cibeles ante el agasajo de la hinchada merengue, debería estar dando gracias a Dios a toda hora, él, que en un ejercicio de autocomplacencia infinita llegó a decir: “A lo mejor la Champions tenía que cambiar de nombre: CR7 Champions League”.

A su lado, en cambio, Keylor Navas no hacía más que darle gracias a Dios. Como doña Dolores, el portero costarricense también está de promoción. Le han hecho una película autobiográfica, Hombre de fe,y con semejante título y la impúdica exhibición religiosa de la que hace gala huelgan los detalles. “Estamos muy contentos, gracias a Dios”, reiteraba, y cuando le preguntaron sobre su colega, el desventurado Loris Karius, sentenció: “Ojalá que Dios le dé fuerzas”. Siguiendo la prédica que sustenta Keylor con tanto fervor, se podría añadir que el Altísimo tomó parte en el juego, y mientras le hacía la puñeta al meta alemán a él, Hombre de fe, le llenaba de inspiración. Y mira que me alegro de eso. Porque si el meapilas de Keylor la llega a pifiar mucho me temo que el debate de la portería madridista volvería a tomar vuelo, con Kepa Arrizabalaga de nuevo en solfa (aunque, bien mirado, esos 80 millones, y con tanto portero de garantía a nómina del Athletic... O mejor no).

La final, en fin, tuvo otra arista que ha soliviantado a todo un pueblo, pues la llave de yudo que le enganchó Sergio Ramos a Mohamed Salah fue visto en Egipto, donde idolatran al delantero del Liverpool, como un ataque al país, pues para una vez que se clasifican para el Mundial solo falta que pierdan a su gran estrella. La prensa cairota coincide sospechosamente en calificar al central sevillano de carnicero y el diario Al Watan da un paso más titulando con un siniestro “que Alá se encargue, Ramos”. Puestos a desbarrar el jeque Jaled al Yundi, que al parecer tiene bastante predicamento por allá, aseguró que la “intencionada” lesión no fue un hecho fortuito, sino “una conspiración del lobby sionista” para acabar con el buen rollo que despliega Salah en occidente a causa de sus virtudes futbolísticas. Hombre, Ramos puede ser friki y hortera, pero no le veo confabulado con el Mossad para fastidiar a los egipcios.

Cómo están las cabezas, Señor.