Telele

Como una catedral

José Ramón Blázquez - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Telecinco tiene muy mal perder, como cualquier italiano. Acostumbrada a ganar mes tras mes desde hace años, se le ha atragantado el fracaso de su serieLa verdad, estrenada en la misma semana que Antena 3 le superó con La catedral del mar. Hay un millón de espectadores de diferencia, lo que equivale a cinco puntos porcentuales de cuota de pantalla. Un rejón en todo el espinazo de Vasile. ¿Y qué esperaba, don Paolo, de un guion tan disperso y un personaje central, Paula García, retorcido, inverosímil y del todo previsible? No hay historia que garantice el éxito, ni tampoco un plantel de intérpretes que soporte un mal relato. Mediaset cree en la baza superficial de Hollywood, según la cual los actores y actrices de moda son garantía de triunfo. Pues no. A Lydia Boch se le cae su papel de madre atribulada y nuestro Jon Kortajarena es el menos indicado para encarnar al policía-portavoz Egia (verdad en euskera, como el título de la serie, ¡qué gracioso!) con el que se muestra artificial en la imagen e incoherente en la acción. El serial es un troncho pretencioso que irá dejando espectadores y respeto narrativo en su camino hacia un final que quizás no lleguemos a ver. De una novela épica como La catedral del mar, de Falcones, se podía esperar mucho y verdadero. Reconozco que tenía mis dudas sobre la oportunidad de su estreno, pues se trata de una epopeya catalana, de libertad, amor y venganza y no están los españoles predispuestos a aceptar héroes y rebeldes, ni siquiera imaginarios;pero la producción es magnífica, con la categoría del mejor cine, y los protagonistas remarcan su dureza y sacrificio al gusto popular. La arriesgada y costosa apuesta de Atresmedia tiene su recompensa y le permitirá equilibrar en junio y julio la atroz competencia del Mundial de Rusia, en manos de su rival. España se olvidará de la moción de censura, la corrupción y las pensiones y se refugiará en la matraca del fútbol para compensar su menguada autoestima. Por Dios, que pierda la Roja.

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