La costumbre

Por Lucía Goti - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LA costumbre , gran término que atañe a infinidad de ámbitos incluso dando propiedades y derechos. Haciendo referencia a Cicerón “La fuerza de la costumbre es grandiosa”.

La costumbre es aquello que queda marcado como norma no escrita derivado de la repetición continúa de una acción, interiorizamos esa acción y pasa a formar parte de nuestros rasgos tanto personales como grupales. Puede nacer de la necesidad de ejecutar una acción de una manera determinada, adquirida educacionalmente o consentida por un tercero. En cualquier caso, queda en nosotros y además con gran dificultad de cambio.

La costumbre es algo educacional, educamos , transmitimos a nuestros siguientes en nuestras costumbres, a fin de cuentas, en nuestras maneras de obrar.

La costumbre y la constancia se dan paso mutuamente, a través de la constancia en una acción llega a ser una costumbre y a través de la costumbre ponemos en práctica la constancia.

Aquello en lo que acostumbramos y nos acostumbramos es lo que en realidad normalizamos y apoyamos en el colchón de la aceptación para nosotros mismos.

En la costumbre de ciertas acciones está el peligro, no reconocemos la maldad de en nuestras acciones y así mismo no entendemos cómo un tercero nos puede reclamar un daño por una acción que estamos acostumbrados a realizar habitualmente.

Hace ya semanas, conocimos la sentencia de la Manada, en la que entre todo lo que se ha oído he podido percibir e interpretar que este tipo de escenas sexuales eran habituales entre este grupo de chicos y por lo tanto no entienden cómo puede decir que fue violada. Por otro lado, me encuentro una versión de un magistrado en la cual expresa, que lo que le transmite la escena es “jolgorio”. Quizá sí, pero sólo para cinco que acostumbran el “jolgorio” en éstos términos . Insisto en la costumbre de cada cual a relacionarse sexualmente y divertirse, pero no necesariamente es la misma costumbre de la persona a la que involucran en sus consumos de ocio. Las relaciones sexuales pertenecen al ámbito más privado del ser humano y las personas que entre sí se relacionan sexualmente van estableciendo en la evolución de la relación un código a través del cual las personas intervinientes se sienten cómodas y por lo tanto hay un consentimiento y se llega a un bienestar en la dicha relación.

Ahora bien, si la costumbre es: yo marco las reglas y tú las acatas por las buenas o las malas, esa barrera del consentimiento se rompe sin necesaria violencia física, basta con una violencia moral, sometes al otro u otros.

Si sometemos a alguien a nuestras costumbres y ese alguien se somete por muy voluntariamente que lo haga por circunstancias determinadas en ese momento ya el sometimiento lleva de manera intrínseca una violencia y en este caso por la supremacía numérica y física creo que es más que evidente. Además, las reacciones posteriores a dicho “jolgorio”, según un magistrado, fueron bien distintas por lo que a mi parecer el disfrute o no de la relación fue distinto.

Lo triste y peligroso es que aún caben y están aceptadas estas interpretaciones en nuestra sociedad, arraigadas en lo educacional anteriormente adquirido en una sociedad empoderada por los hombres y que algunos hombres se resisten a perder.

En la transmisión de los valores y fundamentalmente basándolo en el respeto hacia nuestros iguales, estas interpretaciones se anularían, pero primero hay que hacer el ejercicio de concienciación de lo que es igualdad.

Con esta sentencia, en la que se califican los acontecimientos de ese día en abuso y no agresión se dice: tolerancia a ciertas costumbres, sean las tuyas o no. La costumbre es peligrosa y la tolerancia puede ser pecaminosa.