tribuna abierta

La democracia se escribe en prosa y no en verso

La sentencia del ‘caso Gürtel’ enla que se condena al PP comopartícipe de un delito a títulolucrativo y donde se declara alpresidente del Gobierno testigodudoso, no fiable, sincredibilidad, ¿cambia en algo lasituación política española?Rotundamente sí, en todo

Para escribir en prosa y puestoque el PNV puede volver a serdeterminante de lo que ocurraen el parlamento: moción decensura, eleccionesanticipadas o eutanasia del PP,el PNV debería previamenteesclarecer cuál es la finalidadúltima de sus socios de ocasión

Txema Montero - Martes, 29 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

HAN oído alguna vez hablar de un político corrupto que haya confesado: “soy un delincuente despreciable, me mueve la sed de dinero y el deseo de enriquecerme a costa de los demás”? Por ahí anda todavía suelto alguien que se llama a sí mismo “yonqui del dinero” y que al parecer algo ha tenido que ver con los datos proporcionados a la policía que han permitido la detención y prisión de Eduardo Zaplana, exalcalde, expresidente regional, ex ministro. Pero me temo que estoy hablando de una excepción, la del yonqui reconvertido en budista, y de una regla general, la del político español dispuesto a exhibir sus bienes mal habidos: las casas, los pisos, los yates... ese largo inventario de cosas que pueden devorar la mente y el alma.

Las cosas materiales anticipan causas judiciales y la seguridad no existe en ninguna parte. Luis Bárcenas cuida hasta la caricatura una fisonomía de malhechor refinado del que no queda ya nada de aquel deslumbramiento en el que durante tiempo se sintió amo del mundo. Leyendo la sentencia que le condena se establece como hecho probado que robó a su partido, el PP, que nunca pudo denunciarle porque a su vez se había aprovechado de los robos del propio Bárcenas. De ahí los vaivenes de esa extraña relación, desde el “mantente firme, Luis” hasta el “no sabemos nada de ese señor”. Sabemos que la amistad es una cosa pasajera, limitada por las leyes de la vida, y que eso es algo natural;pero el abandono por parte del PP de Bárcenas se parece más a una fuga en direcciones contrarias de quienes acaban de desvalijar un banco que a una ruptura sentimental.

Todo lo que cuento era más o menos sospechado;ahora es una verdad judicial. La sentencia del caso “Gürtel” en la que se condena al PP como partícipe de un delito a título lucrativo y donde se declara al presidente del Gobierno testigo dudoso, no fiable, sin credibilidad, ¿cambia en algo la situación política española? Rotundamente sí, en todo. Ya no es posible que el PP se mantenga en su argumento de que los casos de corrupción que le afectan, aún crecientes, son aislados y cometidos por personas que han traicionado la confianza partidaria. Si rascamos un fresco hasta su vergonzosa capa del fondo solo hallaremos yeso. Si rascamos la fachada del PP hasta su vergonzosa capa del fondo solo hallaremos corrupción. Cada procedimiento penal pendiente de juicio o sentencia será un continuo rascar en la estructura de los populares hasta su colapso. Un delito puede carecer de móvil, pero forzosamente tiene un pasado: el de su autor o autores cuya vida entera se convierte entonces en la explicación, el preludio, la causa de su acto. Llegar al poder para enriquecerse lo explica casi todo. Mantenerse en el poder para encubrirse completa la explicación.

Lo que acabo de decir se mantendría en el ámbito de una reflexión sin trascendencia si no fuera porque hace un mes escribí en DEIA un artículo favorable a la aprobación de los presupuestos generales del Estado. Me alegré cuando gracias al voto de los cinco parlamentarios de EAJ-PNV las cuentas salieron adelante en el Congreso. No es mi intención, ni deseo, estar comprometido con cada acontecimiento como si fuera una prueba de moralidad y no comparto la decepción de Teresa de Ávila cuando afirmó: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. Así que desciendo a un plano más terrenal, el de la democracia representativa donde no existe la perfección.

El PNV tomó la decisión de aprobar los presupuestos en unas circunstancias no rigurosamente previsibles, en una coyuntura única: presupuestos o adelanto electoral con mantenimiento del 155. Obró razonablemente adoptando después de haberlo meditado la decisión que ofrecía más probabilidades de conseguir el fin que pretendía, mejorando incluso el borrador presupuestario con el alza y estabilización de las pensiones además de una sustanciosa inversión en infraestructuras. Andoni Ortuzar cuya amplia frente se ha convertido en una pantalla que refleja sus pensamientos e inquietudes, ha hecho un ejercicio de inusual y sincera autocrítica. Ha calificado de parcialmente ingenua la actuación de su partido en la creencia de que los soberanistas catalanes conformarían un gobierno factible y que el gobierno español acabaría desatascando la situación si disponía de tiempo para hacerlo, precisamente el tiempo ganado por la aprobación de los presupuestos –más o menos dos años–.

LA VERDAD O EL ÉXITO La esencia de la política, escribía Maquiavelo, se revela en situaciones extremas. Ante esas circunstancias hay quien prefiere reafirmar sus posiciones ideológicas al éxito, mientras que otros sacrifican sus convicciones a la necesidad del triunfo. La verdad o el éxito. Las dos convicciones son igualmente morales con tal de que el éxito perseguido sea para la sociedad y no en interés egoísta, para uno mismo. La diferencia entre la ética de responsabilidad del político pragmático y la ética de la convicción del político moralista fue explicada por vez primera en una conferencia leída en Múnich hace cien años. Max Weber, el sociólogo europeo más influyente hasta el día de hoy, impartió una memorable lección a los estudiantes alemanes que se debatían entre la revolución y el emergente fascismo. En su intervención sostuvo que cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a la ética de la convicción –lo moral por encima de todo– son malas, el que las va a ejecutar no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la voluntad de Dios, o a la mediocridad de los hombres. Sin embargo, quien actúa conforme a la ética de la responsabilidad –lo moral como referente pero sin aplicarlo de forma automática–, tiene presentes todos los defectos del hombre medio.

Este es el eje del debate en el que se ha situado el PNV tras la aprobación inicial de los presupuestos y después de la sentencia del caso “Gürtel”. Doy por hecho que EAJ-PNV conoce al dedillo que toda democracia es oligarquía, que toda institución es imperfectamente representativa y que todo gobierno que se ve obligado a obtener el asentimiento de múltiples grupos o personas actúa con lentitud. Pero irrumpe en la escena política una sentencia inesperada por lo contundente en cuyo fallo se podría haber añadido “Pero esto digo hermanos que el tiempo es corto…” (I Corintios 7-29,31). Y a partir de ese momento todos los partidos sacan a relucir las bayonetas de cubo bien pulimentadas en Bayona. La situación política actual es un laberinto sin salida. Una larga agonía para el PP;una tensa espera para Ciudadanos;una alternancia imposible para el PSOE;un estancamiento sin posibilidad de influencia para Podemos. Los soberanistas catalanes se comportan como los “communards” de la revolución parisina: rompiendo los relojes de las fachadas en un vano intento para parar el tiempo, y el PNV de equilibrio en equilibrio porque a la sociedad vasca le gusta el bello gesto (la ética de la convicción) pero a la vez exige bienestar, inversiones públicas y más poder político para las instituciones vascas (ética de la responsabilidad).

DERECHO ABSOLUTO Lo que ocurre es que en democracia también existe el derecho a desencantar cuando algunos se empeñan en convertir un fin legítimo en un derecho innato. Los soberanistas catalanes iniciaron ese camino cuando confundieron la declaración de independencia con un derecho absoluto. El gobierno español se comporta de igual modo cuando utiliza a jueces y fiscales para tratar de impedirlo, judicializando torpemente la política. Ahora los jueces y fiscales ponen en su sitio al partido del gobierno, declarándolo culpable de beneficiarse de los delitos cometidos por cargos públicos relevantes. La democracia es el único régimen que proclama que la Historia está y debe estar escrita en prosa y no en verso. Para escribir en prosa y puesto que puede volver a ser determinante de lo que ocurra en el parlamento –moción de censura, elecciones anticipadas o eutanasia del PP–, el PNV debería previamente esclarecer cuál es la finalidad última de sus socios de ocasión. Y si los eventuales socios son políticos que comparten una ética de la responsabilidad o declaman una poética de la convicción. Poco donde escoger, la verdad sea dicha.