celebrado en Kawasaki

José Julio Apesteguía, de Iruñea a Japón silbando melodías

El iruindarra José Julio Apesteguía queda séptimo en el Campeonato del Mundo de silbadores

Un reportaje de Mikel Bernués - Miércoles, 30 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

es un instrumento que tenemos todos incorporado, es gratis, da juego y te permite interpretar cualquier tipo de música”, explica José Julio Apesteguía, iruindarra de 50 años y profesional del silbar hasta el punto de que acaba de participar en el Campeonato del Mundo de esta disciplina, The World Whistlers Convention, celebrado en la localidad nipones de Kawasaki. Ha vuelto con el séptimo puesto en el bolsillo, un top 10 del que ya es asiduo -debutó en 2013 en una cita en Estados Unidos- y que le sabe a poco.

Dice Apesteguía que lo suyo es “una vocación total. Naces con una predisposición o habilidad innata, y si la detectas, te gusta y te da por desarrollarla, puedes alcanzar cierto nivel. Cada uno sabemos las horas y el trabajo que nos ha costado, pero realmente naces así. Yo con cuatro años ya lo iba buscando. Siempre supe que quería hacer esto”, reconoce. La categoría principal reunía a 25 silbadores de todo el mundo. Debían interpretar una pieza clásica y otra popular. Después el jurado seleccionó los diez mejores, que repitieron en la final tema clásico y popular, pero variando el repertorio.

Apesteguía no sabía si darlo todo en la primera fase para asegurar el pase o reservarse para una hipotética final. “Si vas hasta allá para silbar dos canciones y no pasas el corte, cuando ya tienes cierto peso en clasificaciones, el sabor de boca iba a ser muy malo. Por otro lado dices, Eso ya lo he hecho antes. Quieres llegar más arriba. Y a ver qué montas para sorprender al jurado...”, confiesa. Apesteguía decidió apostar fuerte desde el principio. “Para el clásico escogí el Concierto de Aranjuez, uno de mis temas favoritos. Salí muy enchufado, con muy buenas sensaciones. Sonó la primera nota y ya sabía que todo iba a ir estupendo”, dice.

“Lo pasé bomba” Con la canción popular Apesgteguía eligió The bare necessities de El Libro de la Selva, una pista que preparó con muy poca antelación con Miguel Santamaría en las salas de OnOff Sound, cuya ayuda es “fundamental porque cada vez llegamos a mayor grado de especialización y de dificultad, porque todos los silbadores vamos buscando mejores recursos”. La canción en cuestión era “muy dinámica y me permitía lucir todos los registros, con partes lentas, rápidas, otras para hacer figuritas y un acelerón que le metimos al final”. El jurado también valoró su apuesta, y Apesteguía se coló en la final. Ahí barrió para casa y silbó el Zapateado, de Pablo Sarasate. Luego, La lista de Schindler, de John Williams, le salió “francamente bien y la pude dramatizar bastante”. Pero no alcanzó el podio.

Apesteguía tiene que costearse de su bolsillo los viajes como silbador por distintos campeonatoso, pero reconoce que las experiencias que ha vivido “deberían pagarse, pero no tienen precio”. Por ejemplo, cuando le invitaron a silbar un Ave María en una ceremonia religiosa en Estados Unidos. O cuando el año pasado, en Los Ángeles, le tocó cerrar el festival con Johnny B. Goode, banda incluida, y el público puesto en pie les pidió un bis. “Ensayamos un poco y en medio minuto tenía una sintonía total con la orquesta. Daba botes de alegría. Son momentos muy especiales”

A través de los campeonatos, Apesteguía reivindica su trabajo y quiere “dar visibilidad a este arte, que la gente se aproxime y vea qué hacemos, porque merece la pena. Comprobarán que somos músicos de verdad”.