Nati Bilbao | PANDERETERA

“He tenido una afición terrible a la pandereta, ha ido siempre conmigo”

Nati, a sus 90 años, es la panderetera más veterana de Bizkaia. Fue la gran protagonista de Euskal Pandereterea celebrado ayer en Bizkaia Aretoa

Una entrevista de Laura Fernández - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - Sus manos ya no tienen tanta fuerza como cuando era joven. Pero si Nati Bilbao se encuentra una pandereta no duda en cogerla y tocar. Esta durangarra de 90 años asistió ayer al evento Euskal Pandereterea, una brecha en el patriarcado y sin ella saberlo fue una de las grandes protagonistas del encuentro. Le entregaron un ramo de flores y una placa de honor por ser la panderetera más veterana. “Estoy emocionada pero tranquila”, dijo. La pandereta siempre ha estado junto a ella y se le ilumina la cara recordando de la época en la que comenzó a tocar este instrumento. “Les cogía los instrumentos a mis aitas y me encerraba en la habitación para tocar. Aprendí sin que nadie me enseñara”, recuerda.

¿Cómo se encuentra?

-Emocionada pero tranquila. La verdad que es emocionante juntarme con otras mujeres que han sentido la pandereta como yo.

Es un instrumento que para usted siempre será especial.

-Sí. He tenido una afición terrible con la pandereta. Pero no era el único instrumento que he tocado. También me he manejado bien con el acordeón, con el tambor o con la filarmónica.

¿La afición le viene desde pequeña?

-Desde chiquitina he tenido afición a la música. Escuchaba a mis padres tocar y me gustaba mucho, así que empecé a intentarlo yo también. La verdad que no hemos ido a clases de música para aprender porque siempre había trabajo que hacer en casa, ir al campo o a la huerta.

Una auténtica autodidacta.

-Sí. He aprendido sola, sin nadie. Mi padre sabía tocar la trikitrixa, pero mi madre era la que tocaba la pandereta. Y además cantaba muy bien. Pero tanto ellos como yo hemos aprendido solos.

Eso tiene mucho más mérito.

-Sí. No me ha enseñado nadie, yo tenía afición desde pequeña. Les cogía los instrumentos a mis aitas y me encerraba en la habitación para tocar.

Con constancia pero poco a poco.

-Recuerdo que cuando era pequeña y tenía que trabajar en la huerta para recoger patatas o alubias, me tenían que llamar varias veces porque me gustaba mucho tocar.

¿Ha sido la pandereta una vía de escape para usted?

-Sí, totalmente. Antiguamente, era el único instrumento que las mujeres podíamos tocar. Era una manera de luchar. Cuando no tocaba mi madre cogía yo la pandereta y me ponía a tocar un poco.

¿Qué recuerdos tiene de esa época?

-Muchos y muy buenos. La verdad que no podía estar más cómoda tocando la pandereta. Demasiada afición he tenido (risas). Recuerdo que me encantaba escuchar a mi ama cuando tocaba la pandereta. La afición que he cogido es gracias a ella.

¿Sigue tocando?

-Hace años que no me pongo a tocar seriamente. Si que de vez en cuando toco pero ya no es lo que era.

¿Qué siente cuando coge de nuevo una pandereta?

-Me trae muchos recuerdos y me entran ganas de tocar. Me acuerdo que mi primo tocaba el acordeón y yo le acompañaba con la pandereta. Todos hemos aprendido gracias a nuestra afición y por nosotros mismos. En aquella época no había las oportunidades que hay ahora.

¿Cuál es el secreto para tocar bien la pandereta?

-Poner interés y sentir lo que haces. Lo que yo aprendí fue porque realmente quería aprender. Y, al final, si quieres siempre sale. Por mucho que no recibas clases o no tengas a nadie que te enseñe, si te empeñas siempre sacas algo.

Tener oído para la música también es importante.

-Sí, y yo por suerte he tenido mucho. Pero también he tenido mucha afición.

¿Ha conseguido transmitir esa pasión a sus hijos?

-La afición por la pandereta en sí no, pero la pasión por la música sí. A mi hijo le animé a estudiar solfeo de pequeño y ahora toca la guitarra.

¿Le hubiese gustado tener las oportunidades que hay ahora?

-Sin duda. Claro que sí.