El Palacio Munoa luce sus ocultos encantos tras décadas cerrado

El Palacio Munoa cuenta con multitud de detalles en su interior que dan muestra de lo sofisticado de este edificio. Fotos: Miguel A. Pardo

DEIA accede a este emblema de Barakaldo que se abrirá el domingo para 80 curiosos

Miguel A. Pardo - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Barakaldo - El Palacio Munoa ha sido y es uno de los lugares que despiertan más curiosidad en Barakaldo. Tras estar décadas cerrado a cal y canto, el domingo 80 afortunados podrán conocer los secretos de este edificio en el que pasaría sus últimos días el empresario Horacio Echevarrieta. Estas visitas guiadas se celebrarán en el marco del I Año Europeo del Patrimonio Cultural y, precisamente, será el Palacio Munoa el primer elemento patrimonial del territorio que se muestre en este ciclo.

Antes de que eso ocurra, DEIA ha podido acceder a las entrañas de este palacio que parece haber quedado congelado el tiempo. El lujo, la sobriedad y la variedad de estilos en este palacete en el que impera el estilo francés es pasmosa. Nada más entrar, en el pasillo ya se puede hacer el visitante a la idea de la grandiosidad de este edificio. “Este palacio es una auténtica joya que ha estado escondida durante mucho tiempo y que todos los barakaldarras tenemos curiosidad por conocer”, explicó Amaia del Campo, alcaldesa de Barakaldo. Así se ha demostrado en el plazo de inscripción de estas visitas guiadas, ya que más de 2.300 personas han solicitado plaza para visitar Munoa.

Quienes, finalmente, gocen de esta oportunidad podrán conocer de primera mano cómo se vivía en este palacio cuya última versión data de 1916, cuando Ricardo Bastida añadió a la edificación originaria propiedad de Juan Echevarría Lallana, la zona central del palacio, dos zonas laterales que hacen que este edificio sea totalmente simétrico. Bastida también decoró -a petición de los nuevos dueños Rafael Echevarría y Amalia Echevarrieta- el interior del palacete y no escatimó en detalles.

En la decoración de Munoa destaca el eclecticismo, es decir, la mezcla de estilos, de detalles de diversas formas de entender el arte y la moda. Desde el pasillo de entrada se divisan unas escaleras que llevan hasta una vidriera que da una pequeña pista del lujo de los detalles que se pueden ver en estas instalaciones que, en breve, verán mejorado el tejado para, así, dar un paso más en su conservación. En las alas, se sitúan dos salones gigantescos en los que aún descansan elementos como sofás, sillas y muebles antiguos. El arte y los detalles en este palacio están presente tanto en el techo como en el suelo, tanto la parte superior como el firme de cada una de las estancias está decorado con un motivo diferente.

Como todo lugar de la época que se precie, no podía faltar la capilla. Un lugar de retiro y reflexión en el que aún se ven las huellas del lugar en el que los habitantes posaban las rodillas para rezar. Y es que, realmente, parece que no hubiera pasado el tiempo en este caserón. Quizá la muestra más clara de todo ello se encuentre en el baño del palacete.

Allí, desde hace muchos años, descansa un albornoz que ha permanecido impasible ante el paso de las décadas, ha estado esperando a alguien que se lo ponga. Todo ello y mucho más será lo que puedan disfrutar este domingo los 80 afortunados que serán casi de los primeros en descubrir los secretos del Palacio Munoa.

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