Behatokia

Diálogo social, por favor

Por Francisco Javier Arrieta Idiakez - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL diálogo social es un requisito imprescindible de la democracia económica. De ahí su importancia. Sin embargo, después de que el Gobierno vasco y Confebask suscribieran, el pasado 16 de abril, el Acuerdo Marco de Colaboración por el Empleo y la Cualificación en Euskadi 2018-2020, todo hace indicar que la última experiencia vivida en materia de diálogo social ha quedado finiquitada.

En efecto, dicho acuerdo ha sentado mal en la parte social constituida por CC.OO. y UGT, por considerarlo una deslealtad, y, en consecuencia, han decidido abandonar la Mesa de Diálogo Social Tripartito que ambos constituyeron el 4 de diciembre de 2014, junto a Confebask y el Gobierno vasco. Además, ambas centrales han solicitado la revocación del acuerdo como condición para retomar el diálogo social. Pero Confebask, tras calificar dicha solicitud como disparate, ha señalado que no tiene ninguna intención de anular el acuerdo.

Por su parte, el lehendakari, Iñigo Urkullu, en vísperas del 1 de Mayo, durante el pleno de control del 27 de abril, reconoció y asumió, personalmente, el error de no haber compartido de manera suficiente con los agentes sociales el acuerdo en cuestión, y defendió las virtudes de la Mesa de Diálogo Social.

Pero puestos a buscar razones, la verdad es que, tal vez, la configuración, en la actual legislatura, de dos departamentos, el de Empleo y el de Trabajo, en manos, respectivamente, de jeltzales y socialistas, no haya sido una buena decisión en cuanto al fondo, al tratarse de dos materias estrechamente relacionadas y, por ende, que requieren de un alto grado de coordinación. Se trata, quizás, de un matiz, de calado, pero también con posibilidades de volver a ser considerado, que no debiera enturbiar la buena fe y mérito que laten en el aspecto formal de dicha decisión. Ciertamente, no hay que olvidar que el cada vez más difícil equilibrio de fuerzas parlamentarias, que, al fin y a la postre, es consecuencia de las diferentes sensibilidades políticas existentes en el país, obliga a buscar fórmulas de encuentro, participación, acuerdo y cogestión entre diferentes. Ello no solo es muy enriquecedor, sino también fundamental, para la democracia política y el buen gobierno del país, necesitado de estabilidad y paz social.

En cualquier caso, el reto es aún mayor, pues de lo que se trata es de hacer extensible la democracia también a la economía.

Con todo, el lehendakari, el 16 de mayo, ante un grupo de empresarios reunidos con el motivo de la asamblea anual de Cebek, defendió la importancia del acuerdo suscrito, al considerar que con el mismo se pretende responder al reto de más y mejor empleo, en un contexto marcado por la necesidad de dar respuesta a las 100.000 personas que las empresas de Euskadi van a necesitar en el horizonte de 2020. Hizo hincapié en que el acuerdo permite adecuar los programas de formación y cualificación, de inserción laboral de desempleados y de empleo juvenil. En ese sentido, alegó que corresponde a los empleadores definir los perfiles que necesitan y a la Administración dar respuesta a sus necesidades. Ello no obstante, y más allá de todo lo bueno que, en cuanto al fondo, puede resultar dicho acuerdo, y en un intento de subsanar los errores o defectos que hayan podido existir en cuanto a las formas de su tramitación, quiso resaltar que se trata de un acuerdo abierto, y reiteró su voluntad de sumar, de favorecer la participación de los sindicatos. En concreto, hizo un llamamiento expreso a estos para que regresen a la Mesa de Diálogo Social Tripartito. Quiso poner en valor la importancia del diálogo social, defendiendo la necesidad de sumar fuerzas para garantizar la estabilidad institucional. Así, entre los retos a afrontar en el futuro próximo, resaltó el de los recursos humanos, bajo la aspiración de conseguir un mejor empleo, dado que con ello también se consiguen mejores empresas, más competitivas y con mayor grado de solidaridad.

Parece un diagnóstico acertado, más si cabe, teniendo en cuenta que la OIT se refiere al diálogo social como uno de los diez indicadores para evaluar el trabajo digno, entendiendo que los trabajadores debieran participar en la toma de decisiones respecto a las condiciones de trabajo. Y ello porque se considera que la libertad de organizarse y de representar colectivamente sus intereses constituye un ingrediente esencial para garantizar la dignidad.

Ahora bien, como ya comenté en esta misma sección, en un artículo de marzo de 2015, si bien la constitución, en 2014, de la Mesa de Diálogo Tripartito supuso un motivo de alegría, en la medida en que implicaba una manifestación de la convivencia democrática y un elemento indispensable para alcanzar un orden económico y social justo, dicha alegría debía ser contenida, por la ausencia de ELA y LAB, que representan la mayoría sindical en determinados sectores. Se apelaba, entonces, a que todos participaran y dialogaran por corresponsabilidad, más allá de la mera obligación y de la estética, en aras de mejorar el bienestar de todas las personas en Euskadi.

Desgraciadamente, durante estos casi tres años y medio, ELA y LAB no se han sumado a ese diálogo social institucionalizado, y, ahora, con la huida de CC.OO. y UGT, se ha acabado por cerrar el telón de una función que, aún por necesaria, aún no ha conseguido triunfar.

Es cierto que fuera de dicha mesa se ha producido un diálogo social ad hoc, con las empresas y la función pública como escenario principal, y no siempre con idéntico resultado. Recientemente, hemos asistido a la configuración de la Mesa de la Brecha Salarial, con la participación de LAB, como novedad positiva. Pero no parece haber sido más que un espejismo, fruto de la mera estética, ante el aluvión de noticias que desde comienzo de año se han publicado sobre el asunto y la repercusión social de las mismas, en forma de numerosas protestas. Y es que las recíprocas dudas y desconfianzas entre algunos de los agentes sociales sentados en la mesa, que incluso llegaron a exteriorizarse públicamente, la verdad es que desaniman hasta al más optimista. Sin duda, se ha avanzado más en la Mesa Sectorial de funcionarios docentes, donde, el pasado 14 de mayo, se consiguió, con el apoyo de la mayoría sindical -LAB, Steilas y CC.OO.- firmar un preacuerdo sobre las condiciones laborales, con importantes novedades, que ahora toca implementar. No obstante, este acuerdo, del que se descolgó ELA, ha supuesto la ruptura de relaciones entre este último sindicato y LAB. Ruptura que cabe interpretar dentro de la escenografía de toma y daca que viene produciéndose desde antaño entre ambos sindicatos, y que, probablemente, seguirá acentuándose, en la medida en que estos sigan por distintas sendas, ante la necesidad de dar respuestas a los nuevos retos que plantea el futuro del trabajo. Unas respuestas que, conforme a la reactivación del sindicalismo del siglo XXI, todo parece indicar, deberían ir en una línea aperturista, institucional y de corresponsabilidad.

En el ámbito del diálogo bipartito, mayor éxito parece haber tenido el Acuerdo interprofesional en relación con la estructura de la negociación colectiva en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Euskadi. Se trata de un acuerdo que, firmado, esta vez sí también por ELA y LAB, persigue un objetivo tan noble y loable como el de hacer prevalecer los convenios sectoriales de Euskadi sobre los acuerdos interprofesionales y convenios colectivos estatales. Pero, en realidad, su potencialidad práctica depende de la actitud que adopten a nivel estatal las centrales de los otros dos sindicatos firmantes del acuerdo, a saber, CC.OO. y UGT, así como las correspondientes asociaciones empresariales, ante la complejidad que, conforme a la legislación vigente, presenta la estructura de la negociación colectiva.

En esa misma dirección, previamente, se adoptó el primer Acuerdo Marco del Comercio de Euskadi. Y, más recientemente, es digno de mención el Acuerdo sobre materia concreta en el ámbito de la producción audiovisual, donde confluyen, junto a AVE.SAT, como parte empresarial, ELA, LAB, CC.OO. y UGT.

Es cierto que existe la posibilidad de dialogar en otros múltiples espacios como, por ejemplo, en el Consejo de Relaciones Laborales, en el Consejo Económico y Social, en Lanbide, en Osalan, en el Consejo Vasco de Formación Profesional, en el Consejo Vasco de Familia, en el Consejo Vasco de Servicios Sociales, en el Consejo Vasco para la Inclusión Social o en el Consejo Vasco de Previsión Social.

Pero la institucionalización del diálogo social, para que este sea estable, corresponsable y pueda dar los frutos que se esperan del mismo, requiere, como condición previa, una voluntad política y un compromiso de todas las partes para participar de buena fe...