recambio en el banquillo del athletic

Cambia el jefe, se mantiene el mensaje

El presidente del Athletic, Josu Urrutia, durante la presentación del nuevo entrenador del equipo, el argentino Eduardo Berizzo. (EFE)

Las metas de Berizzo no difieren de las que puso Ziganda un año atrás, pero hereda una plantilla que sigue pidiendo a gritos una enérgica sacudida

José L. Artetxe - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Bilbao - El punto de partida no se parece, objetivamente el contexto en que se produce el relevo en el banquillo del Athletic es otro, muy distinto al de un año atrás. Pero si se revisa el mensaje que el jueves transmitió el nuevo entrenador y se compara con el que expuso el día de la presentación su antecesor en el cargo, las similitudes son evidentes. Lo son en aquello que se antoja fundamental, en todo lo concerniente al estilo de juego, a la forma de trabajar en los entrenamientos, a los objetivos, la mentalidad -la ambición como acicate permanente- y la necesaria identificación de los aficionados con la idea que el equipo debe plasmar sobre la hierba.

Cambian el vocabulario y el acento, nada más. El contenido de los discursos de Berizzo y Ziganda es perfectamente intercambiable. El primero podría suscribir lo dicho por el segundo y viceversa. ¿A qué se debe tanta coincidencia? De entrada, a que ambos son conscientes de cuál es el cargo para el que fueron elegidos. Dirigir con éxito al Athletic supone respetar su personalidad;esto es, fomentar una serie de rasgos que le han distinguido a lo largo de su historia y se reflejan en una forma de competir. No siempre ha sido así porque no han faltado etapas donde se vio un conjunto apocado, vulgar o frágil, pero en general la versión del Athletic se asocia a intensidad, generosidad y valentía. Se le reconoce por ir de frente, ajeno a la especulación. Jugando mejor o peor, más o menos vistoso, pero saliendo a ganar.

Berizzo quiere lo mismo que quiso lograr Ziganda. Que viene a ser lo que Bielsa propuso y fue capaz de plasmar para superar un ciclo previo sin relieve, presidido por el conformismo. Y que es a su vez lo mismo que desarrolló Valverde, especialmente en sus primeros años. Desde 2011, las temporadas han estado cortadas por un patrón, al menos en el plano teórico, en la expectativa creada, en la intención. Por supuesto que se han registrado altibajos y un retroceso en las dos últimas, aunque se manifestase de modo muy descarnado en la recién terminada, lo cual no es óbice para que el Athletic se haya esforzado por mantenerse en unas coordenadas concretas, eso que Urrutia llama denominador común cuando alude a los técnicos que ha contratado.

Protagonismo, iniciativa, ataque y compromiso sin balón. Palabras salidas de los labios de Bielsa, Valverde, Ziganda y Berizzo, quien soltó que ha firmado seducido, entre otras razones, por la posibilidad que le brinda el Athletic de “ganar a todos”. A quién no le agrada ganar. No hay mayor conquista posible o sí: ganar gustándose y, sobre todo, gustando. Y por aquí se retrocede al principio, a Bielsa, el tipo que convenció a los jugadores de que no tenían motivos para no buscar la victoria independientemente del escenario y del rival. Se lo creyeron. Se machacaron también -de ello se encargó el rosarino- para hacer realidad una fórmula que les emparentó a los grandes equipos.

El reto que se impone Berizzo requerirá potenciar la autoestima del vestuario. Sus dotes persuasivas se ponen a prueba, no en vano hereda un colectivo alicaído, que pide a gritos una enérgica sacudida. Probablemente no le alcanzará con el diálogo, la charla, el consejo y el ánimo. Revitalizar equivale a utilizar con criterio ambas manos, no solo la izquierda. Le toca a Berizzo convencer de la bondad de su concepción futbolística y esta, para que funcione, irá acompañada de la adopción de medidas, se alterarán rutinas, se elevará la calidad de las sesiones y, en definitiva, colocará a todos los jugadores sobre la línea de salida para que sean ellos quienes se reivindiquen y opositen a figurar en las alineaciones.

el crédito Aparte del prurito profesional y de que pone en juego su prestigio, Berizzo sabe qué es lo que ha pasado con Ziganda y dispone de un margen escueto de tiempo para voltear la deriva que provocó la desafección del entorno. Su llegada sirve para encender de nuevo la llama de la ilusión y posee crédito, algo que no pueden decir de sí mismos los futbolistas, que se tiraron diez meses dilapidando el suyo.

Una vez establecido el punto de partida de quienes convivirán a diario en la intimidad de Lezama y estando todo el mundo de acuerdo en que era inaplazable el relevo en la dirección para superar una dinámica negativa, también es cierto que nadie garantiza la remontada, ni siquiera Berizzo. Con el discurrir de las semanas se verá si su mensaje cala, si sus métodos son asimilados, se descubrirá si era el idóneo para que Athletic vuelva a competir como debe.

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