De paseo con... Fermín Justo Larrea Larrea

Fermín Justo Larrea: “En verano el Sollube es impresionante, de foto”

Una entrevista de Carlos Zárate Fotografía de José M. Martínez - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

ARRIETA - Dicen que no hay profesión más solitaria que la de pastor, pero si uno vive en un entorno natural como el que disfruta Fermín Justo Larrea (Arrieta, 1954), se sobrelleva mejor. El último mohicano de un oficio venido a menos puede presumir de tener dos balcones al alcance de muy pocos: el de su baserri Kiputxene en Arrieta, un precioso caserío que se remonta a 200 años de antigüedad orientado a los verdes parajes de Busturia, y el de Bizkaia, como se le conoce a la cima del Sollube, que en días despejados permite vislumbrar todo el territorio histórico y parte del extranjero.

Cada vez es más difícil encontrar profesiones como la suya.

-Aquí, en la zona del Sollube, antes había más pastores porque en Arrieta casi todos los caseríos tenían ovejas, pero ahora solo quedo yo.

¿Le viene de familia?

-Formo parte de cinco generaciones dedicadas al mundo del pastoreo. Mis antepasados eran guipuzcoanos y vinieron aquí a Bizkaia. De ahí el nombre del caserío. Mi padre se fue a América, a Boise, como otros muchos vecinos de Arrieta para trabajar de pastor y con siete años me quedé a cargo de 300 ovejas.

¿Y no le picó el gusanillo de cruzar el charco?

-Mi madre no quería que fuera y, personalmente, tenía mis dudas.

¿Quién le enseñó el oficio?

-La escuela de la vida.

Vive en un lugar espectacular, idílico para pasear a su rebaño.

-Es un sitio muy tranquilo. En verano las llevo al Sollube y en invierno las reparto entre en las campas del baserri y Busturia.

Las vistas son privilegiadas pero el invierno tiene que ser complicado.

-En verano el Sollube es impresionante, de foto. Viene mucha gente con sus cámaras porque la vista desde la cima es espectacular, pero el invierno es duro. Entra mucho aire y además es muy fresco. En invierno saco a las ovejas cuatro o cinco horas diarias. El resto del tiempo están en la cuadra.

Su rutina diaria comprende el camino a la cima, ¿ha cambiado mucho el Sollube desde que lo conoce?

-Sí, antes era una zona más propicia para el pasto, ahora hay más argoma. Ahora parece que han vuelto a plantar y dentro de unos años volverá a haber espacio para el pasto.

Es una cima emblemática que atrae a numerosos visitantes, ¿qué tal es la convivencia?

-Bien. Los fines de semana me pasan a toda máquina con las bicicletas pero bueno... Lo malo es que rompen las vallas o cuando dejan las puertas del cercado abiertas.

Su máxima es “palo, perro y bocadillo”.

-Siempre me llevo un palo para controlar el rebaño, al que nunca dejo solo, y para que, en caso de que vengan perros, poder ahuyentarlos. El perro es fundamental para poder llevar el rebaño tranquilo, que es como me gusta. Para eso, el pastor vasco es la mejor raza, aunque mi sobrino, que es de las nuevas generaciones de pastores, prefiere el border collie. Y el bocadillo, porque son muchas horas en el monte solo.

¿Cuántas ovejas tiene?

-Doscientas.

¿Ha tenido algún problema con el rebaño?

-Una vez unos perros me mataron 52 ovejas. También hay que tener cuidado con los buitres. Pero, sin duda, lo más peligroso es el corzo porque está enfermo. También recuerdo cuando hace diez años me sorprendió una nevada en el monte. Llevaba a una cordera sobre los hombros y bajando resbalé con el hielo y me rompí un tobillo. Conseguí llegar hasta casa, ambos sanos y salvos.

El producto de los baserritarras de Arrieta está muy bien considerado.

-En casa antes hacíamos quesos. Recuerdo a mi madre ir caminando hasta Bermeo para venderlos. Ahora ha cambiado mucho. Ya no se venden ni corderos, salvo en Navidad, pero en menor cantidad. También vendíamos leche. Ahora, sobre todo, las dedico para venta de carne y también me gusta hacer tratos con otros caseríos.

PASTOR DEL SOLLUBE