Gerardo Herrero productor de ‘el hombre que mató a don quijote’ y fundador de tornasol

“La maldición ha planeado sobre el Quijote, el milagro es haberlo terminado”

Tras veinticinco años, Terry Gilliam ha conseguido terminar su interpretación de la obra de Cervantes, con la producción de Tornasol. El filme ha llegado ya a las salas

Una entrevista de. Ana Jiménez Guerra - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

iruñea - Es posible que, pese a que El hombre que mató a Don Quijoteya se ha estrenado en algunos países, Terry Gilliam todavía no respire tranquilo. Porque han sido 25 años y 8 intentos los que ha necesitado el director británico para llevar a cabo un proyecto al que todavía, e inevitablemente, le persigue la etiqueta de “maldito”. Pero ahora, tras su paso por el festival de Cannes, la película llega a las salas de cine españolas.

Precisamente parte del mérito de que el largometraje se haya podido llevar a cabo -estuvo varios meses paralizado- recae en la productora española Tornasol, que además cuenta con una filial en Nafarroa. De hecho, Gallipienzo, San Martín de Unx y las Bardenas acogieron parte del rodaje el pasado año. Y ayer, con los cines Golem Baiona de Iruñea como escenario, Gerardo Herrero, productor del filme y fundador de Tornasol, presentó la película, que define como “una matrioska de Quijotes”. Un zapatero loco y un director de anuncios muy cínico harán de guías al espectador en un viaje entre fantasía y realidad por diferentes épocas.

‘Un Quijote como jamás imaginaste’ es el lema de la película, todo una declaración de intenciones por parte de Terry Gilliam. ¿Cómo definiría esta interpretación de la obra que ha realizado el británico?

-Mantiene la esencia del Quijote más de lo que parece, a pesar del juego de las épocas, de los personajes... Terry decía, y tiene razón, que el Quijote se ha hecho muchas veces y que hacer lo mismo que habían hecho otros no tenía sentido. Él quería hacer algo distinto y es su interpretación del Quijote, obra que tiene muchas referencias y metáforas. Hay una frase que dijo Carlos del Amor, periodista de TVE, que me parece perfecta para definir la película: “Es un Quijote dentro de un Quijote dentro de otro Quijote”. Como una matrioska de Quijotes. Y por detrás hay muchas cosas, incluso hasta una metáfora del ISIS con el tema de la inmigración y de la penetración del Islam en Europa;está todo el juego del segundo libro del Quijote... Todo desde esa interpretación personal del Quijote por parte de Gilliam. Pero por otro lado, te puedo asegurar que su trabajo de preparación y de conocer el Quijote es total, llevaba el libro, la edición de Doré, como su misal, con todos esos dibujos y mitos de la cultura de España de norte a sur, buscando esos libros de fotos y de fiestas populares... Con todas las referencias pictóricas y visuales acerca de cómo interpretarlo. Ha mantenido mucho el espíritu de la obra original.

Y también ha mantenido mucho humor, muy suyo.

-Mucho humor, sí. Un humor que hay que conocer, porque el de Terry es un humor peculiar...

En ese sentido, incluso hasta el propio público tiene que quijotizarse también con la propia película durante la proyección y dejarse llevar por esa mezcla de fantasía y realidad.

-Sí, tienes que entrar a aceptar ese juego. En el fondo el Quijote es un loco que interpreta el mundo y lo ve de otra manera... Como se puede ver el mundo, ya que no todos vemos el mundo igual y por eso los seres humanos no pensamos lo mismo, tenemos interpretaciones diferentes. Al final, esta versión de Terry te obliga a seguir eso y aceptar esa propuesta, está el reto de decir: mira lo que hay aquí. Todo ello con ese despliegue visual que recoge el largometraje y desde el humor, en algunos momentos humor negro, que también es una película de aventuras... Es un cóctel.

Son unas aventuras que recorren varios escenarios navarros, como Gallipienzo, San Martín de Unx, Olite o las Bardenas. ¿Por qué decidieron rodar en la Comunidad Foral?

-Desde Tornasol se lo propusimos, porque ya habíamos hablado la posibilidad y además Terry ya conocía Navarra. Y es que además él se enamoró de Gallipienzo, porque fue conocer el pueblo y decir que quería rodar aquí. De hecho se quiere comprar una casa en Gallipienzo, no sé si lo hará...

Si un rodaje siempre es una lotería de cara a contratiempos, ‘El hombre de Don Quijote’ tenía muchas papeletas para asumir imprevistos, vista su histórica trayectoria. ¿Sobrevoló la famosa maldición durante las semanas de grabación?

-La maldición nos ha planeado como una sombra sobre nuestro rodaje y también sobre nuestro proyecto, el milagro es haberlo podido terminar. Pero bueno, cuando los rodajes son largos como este, tienen muchas incidencias. Fue un rodaje de once semanas trabajando en muchos exteriores naturales y ahí te puede pasar de todo... El peor momento que vivimos fue en Portugal, en el monasterio de Tomar. Teníamos que hacer la última escena y coincidía con el final de la película. Además, nos teníamos que ir al día siguiente porque llegaba el Papa a la zona y no había ningún hotel donde estar. Habíamos intentado no llegar apurados de tiempo por si pasaba algo, y pasó: a pocas horas de finalizar, empezó y hubo que parar un par de horas porque llovía y llovía... Y menos mal que dejó de llover y pudimos terminar, porque la última escena era amaneciendo y si no lo rodábamos ahí, hubiésemos tenido que volver dos meses después a terminarlo.

El final del rodaje tuvo que ser emotivo para Terry Gilliam, tras 25 años intentado sacar adelante el proyecto. ¿Cómo ha sido la relación laboral con el director?

-Él ha tratado de retomar este proyecto muchas veces durante estos años, creo que somos los octavos productores que intentamos hacerlo... De hecho al principio también estaba otro productor, que era el productor principal y que luego se peleó con Terry, así que pasamos nosotros a ser esa figura de ocuparnos de acabar la película... La relación con Terry ha sido compleja, desde mi punto de vista no es fácil, porque él quiere mucho, pide y exige más de lo que puedes darle... Y eso es complicado. Esta es una película que además se sale de nuestros patrones. En Tornasol hacemos cine español de seis o siete semanas de rodaje y ésta es una película de once semanas, con actores americanos, con agentes... Un mundo de parafernalia que se nos aleja. Es meterte en otra dinámica y hay que explicar lo que puedes dar a una persona que viene de hacer películas que cuestan 100 millones. Nosotros le pusimos la condición de que la película la teníamos que hacer con equipo que fuera de aquí, de España, ya que él quería hacer la película con su equipo inglés. Al final llegamos a un acuerdo.

Siendo un proyecto que se alejaba de los patrones de Tornasol, ¿por qué decidieron implicarse en él?

-Fue el reto y también las circunstancias. Al principio nosotros íbamos a acompañar a un productor que decía que tenía el dinero, pero nos engañó a Terry y nosotros ya que le faltaba una cantidad enorme... De hecho la película se volvió a parar durante todo un verano, hasta que volvimos a retomarla cuando los derechos del guion se quedaron otra vez libres y Terry y los productores ingleses nos pidieron seguir. Se incorporaron varios productores europeos amigos y juntos hemos sido capaces de hacerlo, aunque el riesgo es nuestro, somos los que hemos tenido que tirar el carro. Pero era el reto de hacerlo, el orgullo de conseguirlo y la ambición de poder hacer lo que es casi una película mítica. Es un proyecto que muchos estaban queriendo hacer y espero que haya mucha expectación y gente queriendo ver la película, aunque ha pasado tanto tiempo, que a saber...

Ha pasado tiempo, pero puede convertirse también en un acercamiento para nuevas generaciones.

-Sí, puede ser un acercamiento para esas nuevas generaciones... No es una película con presentación, nudo y desenlace común, se sale de ello. También puede dirigirse a otro público que tenga más interés y curiosidad, ya que el cine no tiene por qué ser sota, caballo y rey;puede haber mundos y narrativas diferentes, otro tipo de creatividad...

¿Sorprenderá esta creatividad quizá en mayor medida a muchos espectadores españoles, más familiarizados y ligados al ‘Quijote’ y Cervantes que en el resto de países?

-Tienen que ir con los ojos limpios para mirar el Quijote de una manera nueva. Por otro lado, van a ver montones de ecos y resonancias del Quijote, solo queda esperar que acepten este reto que les propone Terry Gilliam y que nosotros hemos hecho posible. Nuestro trabajo ya está hecho, la película existe y se va a estrenar, la gente tendrá la oportunidad de verla, hablarla y discutirla... Y espero que genere mucho debate. A mucha gente le entusiasmará, a otros no les gustará... La gente que espera ver un Sancho Panza y Quijote que representen esa imagen histórica, dirán: ¿pero esto qué es? Y habrá otros que disfruten del reto, visualmente es muy llamativa.

De hecho, en esta reinterpretación, Terry incluso ha dotado de un papel nuevo a la mujer en la historia del ‘Quijote’.

-Claro, porque más o menos en el Quijote pasaba como sucedía en la sociedad de entonces: estaba el mito de Dulcinea, y punto. Al fin y al cabo, era la mujer soñada, esa mujer amada y perfecta, pero que no sabes ni quién es. En la película hay una reinterpretación curiosa, hay dos personajes femeninos que son como las dos caras de la moneda de la mujer. Hay una que se deja llevar, pero también otra que quiere controlar su vida.