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Misa en la catedral rocosa del Gorbeia

Numerosos mendizales se dieron cita en la entrada de la ermita para asistir a la celebración, antes de disfrutar de un aperitivo.Foto: Iñaki García Uribe
Prácticamente la misma instantánea, 75 años después.Foto: Iñaki García Uribe
Foto de familia frente a la ermita en la década de los 40.Foto: Archivo I. G. U.

Los fieles recuerdan el traslado de una talla de la Virgen Blanca a la ermita a más altura de Bizkaia

Un reportaje de Iker Ugarte - Lunes, 4 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

ES la ermita a más altura de todo Bizkaia, 1.119 metros, y, entre otras muchas, guarda entre sus muros, las rocas de la propia montaña, una de esas historias que no debieran de pasar desapercibidas. La ermita de Nuestra señora de las Nieves de Igiriñao, en el Gorbeia, custodia en su interior una talla de la Virgen Blanca. Hasta ahí todo podría resultar de lo más normal. Lo interesante de esta imagen y de que se conserve hoy día en Igiriñao, es que fue trasladada desde la capital alavesa hasta este pequeño templo, ubicado en el término municipal de Zeanuri, por cuatro montañeros gasteiztarras;Jesús Ceberio Sáez de Arregui, José María Ruiz de Larrinaga, Mario López de Guereña y Antonio Aspe Castillo. Corría el 11 de julio de 1943, hace ya 75 años.

Por eso mismo, ayer, en esta singular y preciosa ermita, anclada a las rocas de la montaña y presidida precisamente por dicha talla, se celebró el 75 aniversario de la colocación de la imagen en una jornada amenizada con distintos actos. Aunque amenazaba tormenta, la cita contó con bastantes personas. Algunas, devotas de este templo. Otras, de la historia, y unas cuantas apasionadas tanto de la fiesta religiosa como de la montaña. Y es que esta historia está muy relacionada con el montañismo. Fue trasladada a hombros por mendizales, se celebraba también la Fiesta de La Amistad Montañera y actualmente, esta ermita es templo casi sagrado para amantes de la montaña y también para los pastores vascos.

Al parecer, tal y como cuenta el etnógrafo Iñaki García Uribe, “antes de esta talla, ya existía una en la ermita de Igiriñao, pero la robaron”. Fue precisamente gracias a García Uribe, afincado en Orozko, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y montañero empedernido, que esta jornada se ha podido recuperar. Como explica él mismo, “en 2003 encontré en Internet la fotografía de los cuatro porteadores vitorianos que en 1943 llevaron en andas la talla de la Virgen Blanca desde Gopegi hasta Igiriñao”. Entonces, le trasladó la información “a mi buen amigo, catedrático de euskera, Henrike Knörr, vicepresidente entonces de Euskaltzaindia”. Éste, en colaboración con el entonces Diputado de Cultura de Araba, Juan Antonio Pérez de Zárate Arrilucea, en representación de la Sociedad Landazuri y de la Sociedad Recreativa Zaldibartxo, “hablaron con la Cofradía Virgen Blanca y con la Sociedad Excursionista Manuel Iradier y organizaron el 4 de julio del año siguiente, 2004, la primera de las convocatorias de la era moderna en Igiriñao”.

La imagen religiosa es, a día de hoy, la que preside todos los actos que tienen lugar en la ermita, llamada por muchos fieles, la catedral natural del monte Gorbeia, y no es para menos, porque a lo largo de su historia, esta ermita ha sido, y es, un lugar donde montañeros y pastores vascos oran y piden protección.

Ayer se trataba de eso, de rememorar esta bonita historia y acordarse de todas las personas que han formado parte de ella. Los actos en el Gorberia comenzaron a las 11.00 horas, cuando se rindió un homenaje junto a la cruz de Aldape a los fallecidos Enrique Bacigalupe, Carlos Ugarteche, Manuel Yanke y José María Peciña, quienes perdieron la vida el 18 de julio de 1953 en el Mont Blanc. Pertenecían al club de montaña Juventus S.D. que conmemora este año su 75 cumpleaños. Al coincidir la fecha con , por lo que, como es el 75 aniversario del traslado de una talla de la Virgen Blanca de Gasteiz a la ermita de Igiriñao, se decidió rendirles también este homenaje.

A las 12.00 se celebró la misa y, una hora más tarde, quienes asistieron a estos actos, pudieron disfrutar de un hamaiketako, que fue recibido muy gustosamente por las personas allí congregadas para reponer fuerzas.

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