Depredadores

Envío de cartas a iritzia@deia.eus - Lunes, 4 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Habría que precisar algo más la definición de depredador sexual. Aparece con evidente ligereza en películas y chistes desacertados. Excesivos casos de reincidencia antes y después del arresto y cumplimiento de condena. O algo no funcionó antes en la formación y educación escolar-familiar, o no lo hizo después, cuando ya era tarde, en los programas psicológicos de reinserción. Los hechos muestran que la recaída, una vez cumplida la pena, se produce con una virulencia patológica. En el Serengueti, el depredador irracional acecha, elige la presa, aguarda su momento y ataca. Algunas veces la captura se defiende, lo cual no hace sino encolerizar más a la fiera. Otras se quedan quietas y esperan un descuido para salir pitando. Casi nunca sale bien. Es la selva. En la sociedad de los animales racionales, la del ser humano, la nuestra, se están produciendo sucesos equivalentes y con demasiada frecuencia. Manadas de pensantes civilizados, además del furor extremo y crueldad selvática, introducen la seducción, engaño, humillación, ultraje, picardía y cuentos filipinos, como variantes para lograr sus fines, con fúnebres desenlaces en la mayoría de los casos. No son pocos los agresores que actúan en el entorno familiar, amistades y alumnos. Finalmente, el aumento de menores metidos a criminales sexuales es tan nuevo como descorazonador. Sí, algo no va bien hace tiempo. La clase política y judicial tampoco ayudan mucho con resoluciones y discursos poco afortunados, la verdad...