Nuestros gudaris no fueron vencidos

Por Iban Gorriti - Martes, 5 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

NO somos justos con nuestros gudaris y milicianos. No lo somos ni cuando hablamos ni cuando escribimos o rodamos películas sobre ellos. No podemos permitir que se les llame “vencidos”. Ni nosotros, sus hijos y nietos, podemos caer en el error histórico de decirlo. Vencido y perdedor, aunque sinónimos, no significan lo mismo. Menos aún en un marco de guerra surgida por un golpe de Estado militar fallido como fue el de julio de 1936.

No debemos hacer nuestra la terminología de aquellos que, recuerden, fueron quienes hicieron frente a una democracia. Lo fraguaron contra la legítima Segunda República. Aquellos militares aliados internacionales sublevados procedentes de España, Italia, Alemania, Marruecos y Portugal. Enfrente, en Euskadi tuvieron la tan férrea como utópica resistencia de un minúsculo ejército vasco con apoyos de asturianos, gallegos... e, incluso, de olvidados brigadistas internacionales, así como de otras ayudas extranjeras puntuales.

Aquellos combatientes fueron, en realidad, baserritarras, torneros, arrantzales, escritores, mecánicos, dantzaris... que casi barbilampiños se alistaron a los batallones de Eusko Gudarostea. También batallaron mujeres milicianas hasta que la presidencia del Gobierno Provisional de Euzkadi les negó su lucha en el frente.

Y aquellos espontáneos lo hicieron más por corazón que por desear ser soldados. Es decir, fueron combatientes con nómina, pero improvisados y no preparados. Y con el tiempo, hoy, para nuestra sociedad, olvidados, pero esa es otra guerra.

Vencidos, decía, no es lo mismo que perdedores. No lo es. El 1 de abril de 1939 o, para algunos, el 24 de agosto de 1937, el bando republicano perdió la guerra. Es decir, el bando golpista internacional aliado la ganó. Hasta ahí todo correcto. Unos ganaron, otros perdieron. Sin embargo, siendo leales a la semántica y, sobre todo, a nuestros padres y abuelos, no hubo ni vencedores ni vencidos. Y aquí, además, se puede entrar en una curiosa paradoja.

Nuestros combatientes del Eusko Gudarostea no fueron vencidos porque no hicieron suya la ideología de los sublevados, de los a la postre, franquistas. Es decir, no fueron perdedores que al sentirse vencidos acabaron siendo antidemócratas. No se convirtieron en fascistas. Si ustedes preguntan a los 17 que sabemos que siguen vivos a día de hoy, les responderán que perdieron la guerra pero que siguen manteniendo sus ideas intactas: cada cual la suya y todos ellos con los Derechos Humanos como fin último y primero.

Sin embargo, cosas de la vida, muchos de aquellos ganadores -ya hemos desbaratado que fueran vencedores-, repito, muchos de aquellos ganadores antidemócratas tratan desde 1975 y a día de hoy de reivindicarse como demócratas, como “demócratas de toda la vida”. Ellos, los hoy ganadores de aquella guerra internacional de 1936, son los perdedores, mal calificados “vencidos”.

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