El ala oeste

Fin de la cita

Por Estíbaliz. Ruiz de Azua - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

ES tan humano, los entiendo tanto. A cada uno con sus miserias y sus desdichas, con sus suertes y su destino. Uno de ellos, todavía hoy desubicado, no sabe con certeza qué es lo que le ha pasado. Se pregunta de dónde ha venido el golpe, quién es el que le ha zarandeado. Si han sido los suyos con sus juegos de trileros o ha sido el hartazgo de los otros. Solo recuerda una sacudida y después la nada. Él, que esa mañana salió de casa siendo alguien, tuvo que volver ya de noche sin saber quién era, sin saber si podía volver. Él, que dominaba el arte de la espera, que no mandó a sus barcos a luchar contra los elementos, hace recuento de daños y solo ve naves quemadas, buques hundidos y una tripulación que se muestra leal pero que puede sublevarse y desafiarle si huelen el miedo y la derrota. Qué hacer, se pregunta. Seguir por responsabilidad al frente de esa tropa o bajarse en este puerto y desearles que la suerte les acompañe. Qué hacer cuando te han dejado fuera de todo, cuando comprendes que ese ya no es tu momento. Cuando te percatas de los errores cometidos, de las decisiones que no tomaste, de las que te obligaron a tomar, de las que no tenías que haber tomado.

El otro, forjado en el no es no, espera que los sueños conseguidos no se conviertan en pesadilla. A él nada le ha salido bien a la primera. Todavía hoy piensa que saber esperar es importante pero que aprovechar el momento adecuado lo es todavía más. Intuye que puede fiarse lo justo de los que dicen ser los suyos y nada de los que le han llevado hasta donde hoy está. Que una batalla perdida no supone perder la guerra pero te crea enemigos que pueden hacerte muy amarga la victoria. A él, alguien tendría que recordarle que el poder emborracha, que los que hoy considera fieles mañana pueden amotinarse y que debería tener más cuidado con lo que desea ya que puede convertirse en realidad.