Mesa de Redacción

Sentados en la puerta

Por J. C. Ibarra - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Si hubiera seguido hasta el final, hasta hartarse;si hubiera muerto (políticamente hablando) en la cama, como aquel otro, su ejemplo habría sido una mala influencia para las nuevas generaciones (las propias, las populares, y para todas en general). Déjalo pudrirse, déjalo cocerse, déjalo estar... Estos eran los mandamientos de Mariano Rajoy, una versión adaptada del proverbio chino que propone: Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo. Incluso cuando comprobó que la moción de censura iba a prosperar, Rajoy optó por sentarse en un restaurante a esperar que pasará por allí el cadáver de su enemigo. Pero esta vez, no pasó, y el que desfiló fue el suyo. Y está bien que haya sido así;no solo por ser él quien era, que también, sino por lo que suponía de bofetada al emprendimiento político. Que la corrupción campa a sus anchas a tu alrededor, hazte un Rajoy;que la estructura del Estado hace agua por el flanco de las realidades nacionales distintas a la española, hazte un Rajoy;que tus pupilos tienen currículos ficticios, hazte un Rajoy... La incompetencia de la oposición con posibles de alternativa ha hecho el resto: en el reino de los ciegos, el tuerto es el rey. Ahora habrá que ver hasta dónde ha creado escuela el expresidente y si el nuevo Gobierno nace también infectado por este mal. Si se repite el tancredismo ante los problemas estructurales de este Estado, no tardaremos en ver cómo pasa otro cadáver.

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