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¿Un nuevo Pedro Sánchez para un nuevo tiempo?

Por José Luis Uriz - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

uNA vez país (ponga aquí cada cual lo que desee) entre el 22 de mayo y 2 de junio ha vivido “12 días sin piedad” que le han convulsionado y cambiado. Comenzó el histórico periplo el martes 22 cuando nos despertamos con la noticia de la detención de Eduardo Zaplana, después la imputación del número dos de Hacienda por prevaricación y malversación.

Sin reponernos llega la noticia de la macrooperación de la UCO por la que detienen a 29 personas relacionadas con la Diputación de Barcelona y la sospecha de que derivado de ello se llegaba a la financiación del 1-O.

Convocatoria de pleno del Parlament de Catalunya para la toma de posesión del nuevo Gobern, desconvocatoria ante las medidas judiciales y políticas que impedían hacerlo a cuatro de los consellers, acuerdo in extremis de PP y PNV para los Presupuestos, justo el día que este pactaba con Bildu un nuevo estatuto para Euskadi que recogía el derecho a decidir y el concepto de “nación” que tanta controversia trajo con el Estatut de Catalunya. Aprobación de los Presupuestos 2018.

Pero faltaba la traca final de la sentencia de la Gürtel, el anuncio de la presentación de una moción de censura por parte del PSOE que se gana, Pedro Sánchez elegido presidente, toma posesión el nuevo Gobern, se levanta el 155.

12 días en los que cambia el país y de alguna manera sus partidos políticos que han sufrido unos días de tensión máxima y toma de decisiones que dejarán huella.

Hay que reconocer que Pedro Sánchez no deja de sorprender. Es un poco como el yin y el yan, hay momentos que te suscita una simpatía y apoyo incondicional y otros un rechazo absoluto, en esa especie de nueva versión de Doctor Jekyll y Mr. Hyde.

Desde su irrupción imprevista en el escenario político le ha ido acompañando esa bipolaridad. Se presentó a las primarias de 2014 en un momento convulso del PSOE para con el apoyo del aparato y lo más rancio de las baronías socialistas, confrontarse con un valor al alza como Eduardo Madina y el representante de la izquierda del partido José Antonio Pérez Tapias.

A pesar de un apoyo tan importante y de representar la continuidad se alzó con el triunfo sin superar el 50% de apoyos, exactamente el 48%. Empezó pues su andadura con el recelo de quienes deseaban un PSOE diferente más escorado hacia su izquierda.

Después de un breve espacio donde apenas le dejaron moverse llegó la crisis de 1 de octubre de 2016. Había decidido romper amarras con sus mentores y no dejarse apabullar por los poderes fácticos, la gran banca, el Ibex 35 y el poderoso grupo Prisa. No se lo perdonaron y no pararon de maniobrar hasta expulsarle de la Secretaría General.

Su gran pecado, defender el “No es no” a Rajoy y su gobierno que contó con el aplauso unánime de las bases del partido y un giro hacia la izquierda, justo lo contrario que representó en las primarias.

El Comité Regional del 1 de octubrede 2016 supuso una de las páginas más negras de un partido centenario. A partir de ahí se rebeló, incluso con una entrevista a calzón quitado con Jordi Ébole que queda para la memoria colectiva. Después desapareció, entró en crisis y hay quien dice que en estado depresivo.

Hasta que el 25 de noviembre en una reunión en el Ateneo de Madrid, en la que participaron una treintena de militantes pertenecientes a los sectores más importantes de la izquierda del partido, se le lanzó un mensaje: las bases están levantadas en armas, o lideras tú la alternativa o la lidera otro, incluso se barajaron nombres. Probablemente veremos el nombre de alguno/a de los presentes en el próximo gobierno.

De ahí surgió un documento que no vio la luz que se conoce como Espíritu del Ateneo. Como dijo Piqué “contigo empezó todo”.

Pedro reaccionó y en un acto en Chirivella aceptó el envite de liderar esa revuelta, forzó unas primarias precisamente contra los sectores que le auparon en 2014 y las ganó con una amplia mayoría. Es lo que se denominó Espíritu de Chirivella.

Legitimado por esa apabullante victoria comenzó su segunda etapa como secretario general, aunque ese espíritu de ruptura, de planteamientos nítidamente de izquierdas, de entendimiento con el resto de fuerzas ideológicamente afines y las propuestas novedosas para acabar con las tensiones centro-periferia, como Estado Federal Plurinacional, o la necesidad de acordar algún tipo de consulta en Catalunya, le duraron poco. Justo hasta que los poderes fácticos le enseñaron de nuevo la patita.

Se produjo la vuelta al Pedro Sánchez de 2014 y el desencanto de muchos de quienes le apoyaron. De ahí vino el abandono del partido de uno de sus máximos valedores, José Antonio Pérez Tapias y otros muchos más. La decepción se instaló entre los sectores de la izquierda del socialismo.

Nuevamente Mr. Hyde tomaba las riendas en esa especie de montaña rusa política. Después los devaneos con C’s que condujeron a la primera moción de censura, el desencuentro con Podemos, y su paso a las filas más reaccionarias en lo referente a tensiones centro-periferia, como el apoyo a la aplicación del 155, o a que los problemas políticos se solucionaran a base de policía, jueces y cárcel.

Pero el Dr. Jekill seguía ahí expectante, hasta que la terrible sentencia de la Gürtel le permitió de nuevo emerger. Así en apenas una semana hemos vuelto a ver al Pedro Sánchez ilusionante y revolucionario que salió de las primarias.

Nadie, salvo quienes aún confiábamos en él a pesar de anteriores decepciones, se podía pensar que algo así podría ocurrir, pero ha ocurrido. Lo único que cabe desear ahora que ha llegado al escalón más alto, es que no nos falle, que haya enterrado definitivamente a Mr. Hyde y que ese Sánchez valiente nítidamente de izquierdas se mantenga. Ha tenido suerte porque se encuentra unos presupuestos aprobados que tranquilizan a 9 millones de pensionistas, un nuevo Gobern en marcha y el 155 desactivado.

La primera prueba del algodón será la composición de su gobierno, si se apoya en las gentes que le hicieron ganar aquellas primarias, muchas de las que participaron en el Espíritu del Ateneo, irá por buen camino.

Si en el reto de Catalunya comienza una nueva etapa en la que el diálogo, la negociación se impongan a la mano dura, si toma decisiones audaces como derogar las dos reformas laborales, si entiende que un nuevo tiempo ha comenzado tras la desaparición de ETA y debe tomar decisiones justas sobre los presos y presas, la cosa será para confiar.

Si por el contrario de nuevo se pliega a las presiones de los poderes fácticos internos y externos resultará un nuevo fiasco. Es de esperar que haya adquirido cuajo, coraje en su experiencia anterior y no se deje amedrentar.

Debería saber que si opta por el primer camino puede resultar un presidente para la historia de nuestro país. Que solo con la audacia del Zapatero de la primera legislatura, la imaginación de Adolfo Suarez, o la generosidad de Santiago Carrillo, apoyándose en amplios sectores de la izquierda social y política podrá conseguirlo. De lo contrario será uno más no muy alejado de quien acaba de expulsar de la Moncloa.

Lo simbólico va a ser importante al inicio, gestos que no cuesten euros pero que tengan relevancia para su base social. En su toma de posesión ya comenzaron a visualizarse al prometer y prescindir de la Biblia y el crucifijo. Sería positivo que su primera decisión fuera quitar la medalla concedida a un torturador franquista como Billy El Niño. Una iniciativa que la apoya en Change.org ha conseguido 180.000 firmas en 72 horas.

“No nos falles” le gritaron a Zapatero cuando llegó de manera sorprendente al poder. Ahora se comienza a escuchar el mismo grito, la misma exigencia. ¡No nos falles Pedro Sánchez! En mi caso debería ser ¡No me vuelvas a fallar!, porque de nuevo vuelvo a confiar en él, esta vez espero que de manera definitiva. Veremos...

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