Mesa de Redacción

Un país de bigotes

Por Susana M. Oxinalde - Jueves, 7 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

SONABAN los violines de The Godfather y ahí salía Aznar a poner a un país entero en su sitio, sin deudas, ni culpas, sin dar demasiados datos sobre sus ofertas, con un rencor cromosomático y sin bigote. Hay bigotes universales, como este de Valladolid, que cuando mandaban aquellos pelos eran un tupido cepillo negro y ahora que sobrevuela moralmente todo lo que toca, el bigote es casi como él, una fea sombra. La sentencia que absolvió a otro Bigotes, Álvaro Pérez, ese gran pochador de cebollas, que genuflexionaba con gracia ante los aznares que hicieran falta, se llevó por delante al gobierno del PP y a un Rajoy que en su despedida seguía pensando que una moción de censura es menos democrática que ocho millones de votos. Los suyos aplaudían viendo las barbas del gran decano rasuradas de tanta democracia y de paso, ponían las suyas a remojo, que hay mucha caja B por padecer. La derecha está entera en la barbería, mientras nos hace creer Aznar, con su incorrupto bigote, que el centroderecha está por reconstruir, qué cuajo hay que tener, que alguna le diga que nada se puede reconstruir si no existe. Cuánta frase para la historia sueltan algunos mostachos, “que alguien pare ya, coño” ordenaba Mariano en la frase histórica de su adiós. El Bigotes dijo un día que lo de Aznar no era un lifting, “es que le iluminábamos de otra manera, salía muy fresco“. Y salió un iluminado ‘¡con dos bigotes!

susana.martin@deia.eus