Desuso y nostalgia

Envío de cartas a iritzia@deia.eus - Viernes, 8 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Lo manuscrito pronto verá su fin. La resistencia a tomarse ese rato que reclama el escribir a mano es prácticamente un hecho. Hablo de pluma, bolígrafo o lápiz. Aquellas cartas reposadas, infinitas, con algún yerro que otro y el inevitable borrón al final, en el pie de la despedida, producto del lagrimeo. Nada que ver con las comerciales cartas tipo, en las que se precisa la mediación de un ordenador, sucesor de la arrinconada máquina de escribir que tantas uñas rompió. Sí, Internet y su robotizado e insensible modo de comunicar ha tomado el mando, y los teléfonos inteligentes rematan el bastonazo al puño y letra, ya que en realidad, telefonear es el último de sus usos. Sobre mis rodillas, una caja de cartón preñada de recuerdos. Postales navideñas, cartas con el corazoncito y la flecha, noticias fúnebres de amigos o familiares. Gozos y sombras, amores y quebrantos... Pero ahí están las palabras, la letra, ocurrencias, invitaciones, confidencias, cumplidos… “Deseamos que al recibo de la presente…”, “Enviamos décimo de lotería…”. La mayoría de los sellos dicen de los años transcurridos, pero todavía me gusta leerlas y algunas hasta podría recitarlas de memoria. El papel amarillento y la tinta despiden un olor que me inunda de presencias invisibles, pero están. Siempre están. Aquella magia epistolar agoniza. Sobra apatía. Es más fácil darle a la tecla…

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