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La encrucijada de Pedro Sánchez

Por Mikel Arana - Sábado, 9 de Junio de 2018 - Actualizado a las 12:01h.

Pocas veces ha concitado un nuevo gobierno más adhesiones que el de Pedro Sánchez. Da la sensación de que ha sido capaz de contentar a todo el mundo. Tal vez no haya nadie a quien le gusten todos y todas las ministras, pero parece difícil también encontrar gente que no simpatice con algún o alguna componente del nuevo gabinete socialista. Salvo el gruñón Hernando, que, muy al estilo de la derecha, ha criticado el gasto público que va a suponer el aumento del número de carteras, y el despechado Iglesias, que al no estar él mismo no podía darle el placet, quien más quien menos le ha dado el ok. Además, conscientes de su manifiesta inferioridad numérica, las nuevas ministras se han hartado de repetir que el diálogo será la piedra angular de su labor ministerial. Así que todos contentos, un gobierno de alto nivel técnico, de experiencia de gestión y con vocación dialogante, qué más se puede pedir.De hecho, intuyo que ese era precisamente el objetivo que perseguía Pedro Sánchez, que de la misma manera que sorprendió a propios y a extraños cuando consiguió vencer en las primarias de su partido a Susana Díaz, ha vuelto a dar la campanada con su gabinete. Visto lo visto, ahora, quien más quien menos tiene que reconocer que lo que parecía pura improvisación no lo fue tanto y que Sánchez tiene una suerte de plan, al menos hasta la siguiente cita electoral, en la que da la sensación de que aspira a disputar ya sea a Ciudadanos ya sea al Partido Popular la victoria electoral. Y he aquí una de las primeras dificultades para mantener esta luna de miel con su potencial electorado, pretender ganar las elecciones, y no tanto por lo que dicen las encuestas, que las conocidas hasta la fecha ya no tienen validez, sino por cómo ha quedado el Estado español tras 7 años de PP y dos de Ciudadanos. El Partido Popular y su muleta naranja han tensionado tanto la sociedad española que, en este momento parece muy complicado contentar a los que creen en el derecho a decidir con quienes entienden España como una entidad soberana indisoluble. O quienes están a favor y en contra del Cupo vasco. O quienes apuestan por un modelo migratorio más abierto en contraposición con quienes creen que solo los refugiados deben tener posibilidad de entrar en Europa. O entre quienes apuestan por un aumento de la presión fiscal para mantener los servicios públicos y quienes creen que la presión fiscal ya es insoportable. De hecho, una de las peores herencias del Partido Popular, más allá de la corrupción, es la de haber convertido España en un país binario. O blanco o negro, o bueno o malo, en contra o a favor, sin espacio para las soluciones intermedias;o conmigo o contra mí. Y quien recibe la herencia es, precisamente, un Pedro Sánchez que, por más que su objetivo sea el de hacer una política muy de guiños a izquierda y derecha para llegar a las elecciones posicionado de la mejor manera posible, tal cosa le va a resultar imposible y tendrá que elegir un camino, el que sea, pero uno. Será entonces cuando veamos si estamos ante el PSOE del art.155 y las cargas policiales en Barcelona, o ante el PSOE contrario a la ley Mordaza y favorable, al menos en Euskadi, al acercamiento de presos, por ejemplo. De momento, los nombramientos de Borrell y Marlaska no parece que apuntan en la mejor de las direcciones.

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