Mario Kempes

Kempes, un héroe en tiempos de tiranos

El delantero argentino se convirtió en un icono nacional al darle a la albiceleste su primer título mundial en 1978, insuflando una gran alegría a un país torturado durante la dictadura del general Jorge Videla

Aner Gondra - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 19:31h.

El fútbol ha sido utilizado como herramienta propagandística en muchos momentos y escenarios. Un claro ejemplo fue el Mundial de 1978. El régimen de Jorge Videla vio la oportunidad de usar un hipotético éxito de la albiceleste para limpiar la imagen del país de cara al mundo. Así pues, el Mundial se convirtió en asunto de Estado. El evento iba a costar 70 millones de dólares, pero la factura final se disparó hasta los 750 millones. Mientras tanto, el país padecía carencias educativas, alimenticias y sanitarias.Argentina confió a César Luis Menotti la confección de un equipo ganador. Para que lo hiciese sin presión, el régimen prohibió las críticas a la selección. La censura trabajó en favor del equipo. Menotti convocó un grupo en el que solo un hombre jugaba en el extranjero: Mario Kempes.El Matador, enrolado en el Valencia, ya había disputado el Mundial de Alemania, pero en sus seis partidos no había anotado un solo gol. Para el Mundial de Argentina Menotti retrasó su posición, potenciando su creación de juego, y Kempes desató su mejor versión.En la primera fase, la selección anfitriona quedó segunda de grupo tras superar a Francia y Hungría por 2-1 y sucumbir 0-1 ante Italia. En la siguiente fase venció por 2-0 a Polonia, con dos goles de Kempes, que incluso paró un gol polaco con la mano. Después empató a cero con Brasil. El pase a la final dependía del número de goles que fuese capaz de anotar contra Perú. La organización adelantó el duelo entre Brasil y Polonia, algo que favorecía claramente a los locales, que sabrían cuántos goles les harían falta para clasificarse: tenían que ganar por cuatro goles. Perú no fue rival y Argentina venció por 6-0. Las denuncias de amaño emitidas desde la delegación brasileña cayeron en saco roto. Así se clasificó Argentina para la final de un Mundial 48 años después de la que jugara en 1930 contra Uruguay. El rival era Holanda, que disputaba su segunda final consecutiva.En el Monumental de Buenos Aires, muy cerca de la Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los centros de tortura del régimen, los holandeses tuvieron que sufrir las embestidas de Argentina antes incluso de que comenzara el partido. El equipo de Menotti saltó al césped con cinco minutos de retraso, dejando al equipo naranja a solas con todo un estadio que no paraba de gritar y cantar. Una vez en el terreno de juego, el capitán argentino, Daniel Passarella, se quejó al árbitro del vendaje que Van de Kerkhof tenía en un brazo. A pesar de que ya lo había utilizado en partidos anteriores, el holandés tuvo que recibir un nuevo vendaje.La locura se desató con la victoria de Argentina por 3-1. Kempes fue el gran héroe al anotar el primer gol del partido y el 2-1 ya en la prórroga. Aquellos serían sus últimos goles con la selección. Pese a que jugó doce partidos más con la albiceleste, cinco de ellos en el Mundial de España, Kempes no volvería a celebrar ningún tanto más. Para su desgracia, el día que ganó el Mundial ni siquiera pudo tocar el trofeo: “No pude llegar hasta donde entregaban las medallas. Era el último de la fila. Si ni siquiera toqué la copa. No la toqué ni esa noche, ni nunca. Al día siguiente se la llevaron y no la vimos más. La única copa que toqué fue una copia de chocolate que me mandaron”.