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Las lágrimas de ‘O Rei’

El brasileño Pelé sale del campo a hombros tras conquistar su último Mundial (DEIA)

Pelé deslumbró a todo el planeta en el Mundial de Suecia con solo 17 años y marcó una era en la que convirtió a Brasil en una potencia mundial y en la que coleccionó tres títulos cosechados en los años 1958, 1962 y 1970

Aner Gondra - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 18:53h.

Tal vez fuera por su imponente planta o quizás por su atlética espalda, pero lo cierto es que Gilmar irradiaba un halo de protección paternal. Por eso el portero del Corinthians fue como un imán en cuanto terminó la final del Mundial de Suecia de 1958. En su hombro derecho se quedó pegado el rostro de un muchacho.Con 17 años y 249 días, Edson Arantes do Nascimento no pudo evitar restregar sus lágrimas en la elástica del guardameta. Acababan de nacer dos mitos. El primero era Brasil como potencia futbolística. Y el segundo tenía el cuerpo y la sombra de un menudo adolescente. El planeta descubría al primer gran ídolo del balompié, el talento original del que se sacaría un molde para acuñar en las siguientes décadas innumerables niños humildes con un don para hacer magia con el balón. El mundo conocía a Pelé.El brasileño había pasado en año y medio de debutar con el primer equipo del Santos a ser uno de los culpables de que Brasil ganara su primer Mundial. Vicente Feola, el seleccionador, apostó fuerte por él. Su decisión de llevarlo a Suecia no fue bien encajada por los aficionados del Corinthians, que veían cómo su estrella Luizinho se quedaba sin la oportunidad de medirse a los mejores del mundo. Tal fue el revuelo, que se organizó un partido entre el combinado verde-amarelo y el Corinthians. El mal estado de forma de Luizinho quedó evidente, pero Pelé sufrió una dura entrada de Ari Clemente que lesionó su rodilla derecha. El seleccionador lo mantuvo en la expedición a pesar del contratiempo. Pelé no pudo debutar contra Austria y muchos le echaron en falta en el empate a cero contra una selección inglesa muy debilitada por las bajas de los jugadores que habían fallecido pocos meses antes en el accidente de avión que sufrió el Manchester United en Múnich.Un pinchazo ante la URSS podía dejar al equipo fuera del Mundial, por lo que Didí, Bellini y Nilton Santos, los veteranos del grupo, le invitaron amablemente a Vicente Feola a que hiciera varios cambios en el once titular. El técnico se dejó llevar por las sutiles amenazas de los jugadores y dio entrada en el campo a Zito, Djalma Santos y Vavá, dejando en la delantera a Garrincha y Pelé. La revolución funcionó a las mil maravillas. Vavá firmaría las dos dianas del partido, pero la noticia estuvo en el método, en el juego exquisito a ritmo de samba que enamoró a todos los aficionados. Igor Netto, jugador soviético, no podía explicar lo que había sucedido en el terreno de juego: “Todavía estoy asombrado. No es fútbol. Deberíamos buscar otra palabra que lo definiera mejor”.Después de meter cuatro goles en cuartos de final y semifinales contra Gales y Francia, Pelé se las vio con Suecia, el equipo anfitrión. Se desató la histeria cuando Liedholm anotó el 1-0, pero solo sirvió para azuzar la maquinaria brasileña. Vavá firmó dos goles calcados a pase de Garrincha y, ya en el segundo tiempo, Pelé se lució con un soberbio gol tras enseñarle amablemente a Gustavsson lo que es un sombrero. Tras dos goles de Zagalo y Simonsson, Pelé volvería a marcar con un elegante cabezazo. Fue entonces cuando se borraron las cicatrices del Maracanazo y llegaron las lágrimas que empaparon la camiseta de Gilmar.En 1962 Brasil volvió a ser campeona, pero a Pelé solo le dio tiempo a meter un gol a México. En el segundo encuentro un jugador checoslovaco lo lesionó y no pudo participar más en el torneo. Algo similar le ocurrió cuatro años después en el Mundial de Inglaterra. Brasil no pasó de la fase de grupos, en la que Pelé también se lesionó de gravedad ante Portugal. La espina se la quitó en el Mundial de México, donde ganó su tercer título mundial y fue bautizado como O Rei.

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