Eterno abrazo Roland Garros

Rafa Nadal alarga un dominio histórico y logra su undécimo triunfo en el Grand Slam parisino

Roberto Calvo - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - Rafa Nadal repitió por undécima vez el mismo rito: se subió al podio de los vencedores, recogió la Copa de los Mosqueteros como ganador de Roland Garros de manos del australiano Ken Rosewall, vencedor de ocho Grand Slams, la alzó al cielo, la abrazó, la mordió. Y esta vez derramó lágrimas de emoción, como si nunca hubiera estado en ese sitio. Dominic Thiem, que disputó su primera final de un Grand Slam, miraba seguro que con envidia y admiración al hombre al que debe suceder un año de estos, aquel en el que Nadal decida entregar definitivamente su trono.

La dimensión de lo logrado por Nadal solo puede entenderse con algunas cifras. Solo Margaret Court había ganado en once ocasiones el mismo Grand Slam, el Abierto de Australia, pero fue antes de la Era Open. En los últimos catorce años, solo Federer, Djokovic y Wawrinka han vencido en la Philippe Chatrier, además del balear. En los catorce años anteriores, diez jugadores diferentes habían vencido en el torneo parisino: solo repitieron Courier, Bruguera y Kuerten. Comparándolo con las mujeres, desde 2005 hasta hoy han sido nueve las ganadoras distintas de Roland Garros. Y, sobre todo, lo de Rafa Nadal roza lo sobrehumano porque se ha anotado cada una de las once finales que ha jugado en París ante ocho rivales distintos. Solo los Boston Celtics, que ganaron once anillos de la NBA en trece años, pueden presumir de un dominio similar y tan prolongado en la historia del deporte.

La de ayer siguió el guion de otras. En el primer set, la lucha fue encarnizada, como se suponía, y se prolongó durante una hora. Cada jugador trataba de explotar sus armas y se buscaban con bolas altas los reveses para abrir ángulos o empujar a su rival por detrás de la línea de fondo y poder tomar la iniciativa. Una vez más, Nadal ganó la batalla mental y rompió de forma oportuno el servicio del austriaco en el décimo juego, lo que empezó a minar la moral del aspirante. Dominic Thiem flaqueó con el servicio y otorgó diecisiete oportunidades de rotura que el campeón aprovechó para abrir distancias ya que solo cedió una vez su saque y sacó adelante con solvencia la mayoría de sus turnos hasta el último, en el que tras un 40-0 precisó de cinco bolas de partido para levantar los brazos.

buen nivel de thiem El austriaco porfió todo lo que pudo, metió 34 golpes ganadores, aunque también 42 errores no forzados, algunos en puntos claves. Por eso se vio de repente 6-4 y 3-0 abajo. Nadal no dejó margen a la sorpresa porque se movió con soltura y no solo pegó, sino que incluso fabricó unas cuantas dejadas para desesperar a su enemigo. Cuando se anotó el segundo set, el balear cerró la barrera a su rival y solo unas molestias que le sobrevinieron en la mano izquierda con 2-1 de ventaja en el tercer parcial sembraron algo de inquietud. Pero no fue nada importante y Nadal liquidó el partido con la misma autoridad que casi todas sus finales anteriores en las que solo cedió seis sets.

Dominic Thiem sabía que tenía que jugar mejor que en sus dos victorias anteriores ante Nadal, en Roma el año pasado y en Madrid en el presente curso, pero no lo consiguió. El número 1 del mundo, que con esta victoria lo seguirá siendo durante unas cuantas semanas, estaba en su territorio, en el de los cinco sets sobre tierra batida, y aún no ha surgido el jugador que pueda ganarle. El austriaco jugó muy bien, habría superado a cualquiera, pero Rafa Nadal sigue siendo imbatible, o eso parece, cuando está en juego un trofeo que un día abrazó y aún no ha soltado. Se agotan las palabras para describir lo que es un abrazo eterno de ganador.