Biribilketa

Mi peluche es un topo

Por Iñaki González - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

NO tendría nada de extraordinaria la frase del titular si fuera una mera descripción del muñeco. Hay miles de representaciones de animales suavísimos que desde tiempo inmemorial han conquistado nuestros hogares seduciendo a nuestros hijos desde una balda. Animales que no tendríamos en carne y hueso así nos los regalaran.

Tiburones sonrientes, mofetas campechanas, ratas de sedoso pelaje. Peluches que se han hecho un lugar en la familia bajo el brazo del o la más joven. Nunca nos hemos sentido amenazados por ellos. Hasta ahora.

En Amazon y en eBay han tenido que retirar de la venta unos peluches de esos que llaman inteligentes que se vendían con la cualidad de grabar y reproducir conversaciones. Un juguete inocente con el que los benjamines de la casa podían escucharse en boca de su mejor amigo decir lo que les viniera a la suya. O a la de sus padres, amigos o familiares cercanos porque el muñeco no discrimina. Pero, como además todo está interconectado, el orejón suavito del cuarto del bebé puede subir a la nube todo lo que graba gracias a una aplicación bluetooth. Nubes de algodón, dirán -¿qué bucólico!-. ¡Narices!

El peluche indiscreto no cumple la normativa sobre protección de datos y la chavalería, que es indiscreta por definición, lo mismo pone a disposición de la red sus juegos favoritos que los horarios en los que no hay nadie en casa o dónde trabaja su amatxu y cuándo se van de veraneo. Es un auténtico topo que lo pía todo a los cuatro vientos. Ya es triste que, en una casa del siglo XXI, el inteligente de la familia sea el peluche y debamos protegernos de él.

Secciones