travesía hasta Finisterre

Iñaki echa el ancla por la ELA

Iñaki, con parte de la tripulación y los concejales de Getxo.Foto: O. M. Bernal

Iñaki Elorriaga, afectado por la enfermedad, llega a Getxo tras una travesía por mar hasta Finisterre realizada junto a Unai Basurko y Kepa Junkera para hacer visible la dolencia

Un reportaje de Marta Hernández - Martes, 12 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

SOSTIENE Iñaki, con valentía y con serenidad, que ha “asumido” que no podrá ver a sus nietos ir a la universidad o dedicarse a pintar casas. “Mi calendario biológico es corto”, señala este afectado de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Lo que quizás no se había planteado, en un principio, es que ese calendario biológico iba a ser tan enérgico, tan aventurero, tan vital como lo está siendo. Es él quien lo ha diseñado así: con experiencias como las de estar cuatro días en un velero bordeando la costa cantábrica hasta Galicia -más un viaje de retorno con escalas-, con el sonido de la triki al ritmo del oleaje y a las órdenes de un capitán que es un navegante de retos mayúsculos. “Se trata de vivir intensamente y de reír y llorar fuertemente”, proclama.

Iñaki Elorriaga, de 71 años, partió el pasado 26 de mayo de Bilbao rumbo a Finisterre para iniciar una travesía, junto a Kepa Junkera y Unai Basurko, que ayer efectuó en Getxo, en su casa, la penúltima parada -hoy, llegará a Donostia-. La bandera que iza ese barco, el Pottoka, es, como no podía ser de otra forma, la de la ELA. Porque esta es una expedición para hacer más visible, para que más ojos se posen sobre esta enfermedad, tan cruel, tan maldita, que actúa en cada persona de una manera diferente, pero siempre apagándola, y con un indeseado idéntico desenlace. Por suerte, la enfermedad no está asestando severos golpes a Iñaki, que sí padece problemas musculares, pierde fuerza y su lado izquierdo es el que sufre las peores consecuencias. Por eso, este getxotarra ha podido embarcarse en retos como este: el desafío Tras la ELA en vela. Pero claro, la vida en un continuo vaivén no es fácil y para estar en el velero ha tenido que “calcular bien los movimientos” y no “improvisar” al realizar las cosas. “Y no me han dejado hacer nada”, comentaba ayer en tono de broma, una actitud tatuada en su forma de ser. “Me sacaban de la cama como a los panes del horno”, contaba con gracia y agradeciendo a la tripulación la ayuda.

La voz al mando de ese equipo, compuesto en total por cinco personas, era Unai Basurko, que ayer hablaba de la “admiración” que sentía por Iñaki. “Es muy fuerte de cabeza”, enfatizó el portugalujo. “Es un tripulante de diez, con su carácter, con su constancia y con su participación, porque no solo se trata de tirar del cabo”, aseguró Unai tras una travesía “inolvidable”. “No había manera de que Iñaki se fuera a dormir. Decía: No, no tengo tiempo que perder, que me queda poco”, desveló el navegante.

A toda vela Finisterre y la localidad de Muros fueron la tierra firme que pisaron, en primera instancia, los protagonistas de un viaje surcado con la ilusión de este getxotarra -que ya había estado ligado a la mar, porque, entre otras cuestiones, ingresó en la Escuela de Náutica y permaneció durante tres años a bordo de un petrolero cubriendo la línea Libia-Southampton-. Al acercarse a Cabo Finisterre, las gaitas saludaron a los abanderados de la lucha contra la ELA y Kepa Junkera les respondió con la trikitixa para crear instantes emocionantes. 370 millas y tres días de navegación quedaban atrás. Por delante, un camino de vuelta con paradas en A Coruña, Avilés y Santander, donde Iñaki impartió charlas. Getxo aguardaba ayer. Concejales del Ayuntamiento y miembros de la asociación de ELA de Bizkaia acudieron a recibir a los tripulantes que han conseguido despertar una marea de sentimientos.

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