Solo el viento frena a Mikel Landa

Se le escapa el tirunfo a 200 metros de meta tras un ataque lejano en leukerbad, donde vence diego ulissi

César Ortuzar - Jueves, 14 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

bilbao - Crepita en Landa el espíritu de un Quijote, siempre dispuesto a la aventura. Se lo pide el alma, libre, sin censura, que le alimenta un discurso valiente, ambicioso, de escaso cálculo y mucho voltaje. El ciclista que ama el aficionado. Salvaje y rebelde, al murgiarra, que entiende la bicicleta como un deleite que le conecta irremediablemente a la infancia, donde la bici era el pasaporte para la libertad, el cuerpo le pidió que elevara su cresta en Leukerbad, en el primer final en alto de la Vuelta a Suiza, escaparate para el Tour, su vellocino de oro. “En la parte final, cuando ya el BMC se ha quedado sin gente para tirar he probado a arrancar desde muy lejos”, apuntó Landa, que se soltó las cinchas de la precaución y el tiento que tanto le molestan para conectar con sus adentros, con ese yo interior que le dispone para el combate incluso en la neutral y diplomática Suiza.

Cuando Calmejane se quedó sin más metraje y aparecieron Frank y Carthy, cuando a la montaña le restaban aún media docena de kilómetros, Landa soltó amarras agarrado a la parte baja del manillar, su silueta. Es su firma, el perfil de un depredador dispuesto sin debates ni coartadas para el asalto. Landa se quedó a 200 metros de la gloria, que le birló Ulissi. El viento se llevó a Landa. “Ha sido una pena quedarme solo a 200 metros. Da mucha rabia, pero en esa última parte daba mucho aire de cara y han acabado echándome mano. Por otro lado estoy contento porque esto demuestra que estoy por el buen camino”, expuso Landa. El alavés pensaba en el Tour.

Tallado para la montañas, hijo de los alturas, Mikel Landa no tardó en descontar a Frank antes de prescindir de Carthy, que pidió un relevo al murgiarra y este le descerrajó un tiro, tal fue su cambio de ritmo. Fulminado el inglés, se encrespó el murgiarra. “Llevaba mucho tiempo sin competir y estar disputando ya en el quinto día es una buena señal. Vienen ahora dos etapas que también son muy duras y veremos qué corredores se atreven a mover más la carrera, sobre todo la gente que tiene por delante el Tour”, expuso Landa, que de un chasquido se quedo a solas frente a una montaña tendida, mesetaria, un túnel del viento que escupía con fuerza con el alavés, que se colocó las bajas para proteger la mirada y trato de afilarse. El viento, alborotador y enérgico cerca de la corona, era su peor enemigo. No le dio tregua. Le lanzó directos a cada pulgada que avanzaba. Dispuesto a achatarle la nariz, a partirle la cara. Con un quincena de segundos en las alforjas, el de Murgia era Gary Cooper en Solo ante el peligro.

Landa masticó la mandíbula, concentrado, girando de vez en cuando la cabeza, tratando de zafarse de la camisa de fuerza que le ató el viento. En el retrovisor, descolgado el líder Kung, gobernaba el BMC de Porte, el nuevo líder, con Van Garderen como sherpa del australiano, nuevo líder de la carrera. Alrededor revoloteaban Quintana, Ion Izagirre, Kelderman o Fulgsang. Todos ellos parapetados, cobijados en un edredón que les evitaba ser un trapo a merced del viento. Landa, que porta la bandera de la valentía y el espectáculo, se iba deshilachando a medida que le enganchaba el viento. Eolo le estaba desnudando, arrancándole la ventaja a picotazos. Las migas que desprendía el viento de Landa daban de comer a sus perseguidores. Sin un refugio en el que encontrar lumbre, el viento fue horadando a Landa, que no entiende de rendición. Resultó conmovedor su esfuerzo contra el viento, que le sacudía sin clemencia, como si le hubiera ofendido en otra vida. Landa no sabe esconderse. Decidió combatir hasta la extenuación, hasta el último gramo. Es su destino. Solo el viento pudo frenar a Landa.