aniversario del museo de bellas artes el 5 de octubre

110 años, 110 historias

El 5 de octubre el Museo de Bellas Artes cumplirá 110 años. Con este motivo, DEIA presentará de la mano de la sociedad vasca 110 joyas de la colección de la pinacoteca. El director del museo, Miguel Zugaza, inicia la cuenta atrás

Un reportaje de Maite Redondo - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

MIGUEL Zugaza no se lo piensa demasiado, atraviesa la sala BBK y va directo al retrato de Martín Zapater pintado por Goya. Conoce al detalle todas las obras de la pinacoteca. Al director del Bellas Artes de Bilbao le gusta pasearse por las galerías, ver las reacciones de los visitantes y disfrutar con la colección de la pinacoteca. También lo hizo durante los quince años que pilotó el Prado en Madrid y lo sigue haciendo en el museo bilbaino, al que siempre ha considerado su baptisterio del arte.

Este historiador de arte, que regresó hace poco más de un año para volverse a poner al frente de la pinacoteca, está llamado a construir el nuevo museo. Pero hay algo que tiene muy claro: “La seña de identidad de la pinacoteca es su colección, su razón de ser, que a lo largo de estos 110 años de historia, con sus directores, sus patronatos y la sociedad civil, se ha ido construyendo”.

Por ello, en este año tan especial, en el que el 5 de octubre se celebrará el 110 aniversario de la fundación del centro, los responsables del Bellas Artes han decidido soplar las velas con una exposición, que se ha preparado con el patrocinio de la BBK para esta primavera y verano, que lleva el título de 110 años, 110 obrasy la configuran lo que se podrían llamar las joyas de una colección que tiene más de 14.000 piezas.

Zugaza ha elegido para abrir esta serie de 110 historias el retrato de Zapater, “no solo por ser uno de los grandes retratos del pintor aragonés, que hizo de su amigo en la última década del siglo XVIII, época que coincidió con el triunfo y ascenso del pintor, sino también porque fue legado a la pinacoteca por Ramón de la Sota y Aburto. Su padre donó también al museo el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, en 1919, de Zuloaga”.

El retrato de Zapater fue un regalo de la familia Sota al Bellas Artes en 1980 junto con otro de los lienzos que se encuentra también en la exposición, la Piedad, de Luis de Morales, llamado El divino. “He elegido este cuadro para reconocer también la aportación que hizo al museo un personaje como fue Ramón de la Sota, político y financiero, diputado de Bizkaia, a quien entre otras cosas le debemos la creación del propio Museo Etnográfico y Arqueológico vasco o la Junta de Cultura Vasca, que dio lugar a Euskaltzaindia. Fue un hombre muy comprometido en su vida pública, vivió la dureza de la guerra y el exilio, regresó ocasionalmente a Bilbao... De la Sota era un hombre de país, nacionalista... En el momento de la donación, Patrick de la Sota, su hijo, era presidente del Patronato del museo”, recuerda Zugaza.

¿Y cómo llegó el cuadro a manos de este financiero y político vasco? No se sabe si lo compró él o su padre, perteneció a Zapater hasta su muerte. “Fue su sobrino el que publicó las primeras cartas de Zapater a Goya, y quien posiblemente se desprendió de estos dos retratos que se conservaban de Zapater, que salieron fuera de España. De hecho, posiblemente se lo vendió el marchante francés Paul Durand-Ruel. El otro retrato de Zapater ha estado también recientemente en la exposición que hemos dedicado a Goya, y forma parte de la colección del Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico”, relata Zugaza.

“Francisco de Goya y Martín Zapater mantuvieron una gran relación de amistad, gracias a la cual se conoce mucho de la personalidad ya no solo artística sino también humana de uno de los grandes genios de la pintura universal”, expone.

retrato del ‘narizotas’ Goya llamaba cariñosamente a su gran amigo, narizotas. “Seguramente, aunque no se sabe con seguridad, compartieron pupitre en los Escolapios en Zaragoza. Fue un hombre de origen humilde, que hizo una gran fortuna con negocios exitosos y participó en la creación de varias instituciones de carácter cultural. Se ve que era muy ordenado porque él conservaba las cartas de su amigo, pero el pintor no guardó ni una sola de las que le envió. Compartían inquietudes y una gran afición común, la caza”.

Goya retrató a su amigo a la manera neoclásica, de una forma muy directa y realista, lo que demuestra el conocimiento que tiene del personaje, y vestido a la moda más actual de la época, con una casaca cruzada y un pañuelo anudado con unos bellísimos toques azules. “En pocas pinceladas, el artista describe no sólo el volumen sino también las calidades de las telas, los botones... Es un pintor realista, que no podía traicionar la que veía”, según el director del Bellas Artes.

El cuadro ha viajado a diferentes museos en los que se han celebrado exposiciones sobre Goya. “Seguramente, no tenía este formato, posiblemente sería cuadrado, pero por algún motivo pasó a tener esta forma ovalada”, explica Zugaza.

El director del bilbaino Museo de Bellas Artes puntualiza que Goya no estuvo nunca en Bilbao, a pesar de las leyendas que lo situaban en algún momento en la capital vizcaina. “Hemos tenido la suerte de tener aquí a Paret, que fue el artista contemporáneo de mayor talento después de Goya, y con eso nos podemos dar por satisfechos. Pero hay que recordar el origen guipuzcoano de la familia del pintor, que formó parte de la emigración de los vascos a Zaragoza”, rememora Zugaza.

LA IDENTIDAD DEL MUSEO Durante los próximos 109 días, irán desfilando por las páginas de esta sección amigos del museo, visitantes, turistas, trabajadores del propio museo, políticos, artistas... que elegirán una de sus obras preferidas de esta exposición, que forma parte de las actividades para conmemorar que el Bellas Artes de Bilbao lleva 110 años con la sociedad vasca.

“Ha sido muy complicado realizar una selección de las 14.000 piezas que forman parte de los fondos del museo, además no hemos querido hacer simplemente una exposición de tesoros u obras maestras, sino también reconocer las aportaciones y donaciones que han legado ciudadanos al museo, las adquisiciones relevantes... Me gustaría que se viera esta exposición por esa apuesta que hacemos este año por el reconocimiento de nuestra propia identidad”.

Para Zugaza, el cambio sociológico más importante que ha visto en el museo en las últimas décadas es la aparición de un nuevo público: “Los visitantes que vienen de fuera, buscan es lo que nosotros hemos dejado de mirar, que es la propia colección. Vienen después de visitar el Guggenheim a conocer el arte vasco al Bellas Artes, un museo especial y único que es como la galería nacional de Euskadi”.

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