Los efectos llamada

Iñaki González - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 09:54h.

LA próxima retirada de las polémicas concertinas en las vallas de las ciudades autónomas en el norte de África ha provocado el reverdecimiento de un debate viejo: el del efecto llamada. Dicen algunos que retirar esta alambrada degolladora provocará como reacción que se multipliquen los saltos a la valla. Es probable que así sea porque si a alguien muy desesperado le dices que ya no se arriesga a desangrarse colgando de una verja, a lo mejor le dan más ganas de intentarlo.

Sin embargo, la experiencia y la lógica opuesta acreditan que las concertinas no han sido disuasorias en el pasado ni estamos dispuestos a contener a los inmigrantes y refugiados con campos de minas, ¿o sí?. Y eso que, sobre el papel, da mucho más miedo.

Los efectos llamada comienzan cuando, en su casa, alguien tiene que elegir entre morir lentamente de hambre y desesperación o que le ayuden a tiros. Puede sonar demagógico, pero es que llevamos décadas contemplando cómo a decenas de miles de personas de toda edad y condición los daban muerte por hambre o por bala y nuestra preocupación era que sus primos, hijos o vecinos no se asentaran en nuestra calle. Efecto llamada es cualquier expectativa de que deje de dolerte el estómago por la náusea o los golpes, es lanzarse a eludir una muerte probable en un mal bote hinchable en medio del mar para huir de una segura en tierra firme. Y sí, también es más que probable que si en este lado del mar no esperasen un océano de miradas de desprecio, repugnancia, desconfianza y temor;si no hubiera una legión de uniformados, la ola nos engulliría a todos. ¿Alguna solución? No, de las que no nos cuestan dinero no ha habido nunca.