Ese mundo nuestro

Todos contra los kurdos

Por Valentí Popescu - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

tradicionalmente, las historias y cuentos del oriente han sido para entretener y no para creérselos… y parece que hoy en día eso sigue siendo así. Es el caso del acuerdo entre Washington y Ankara sobre la eliminación de las milicias kurdas de la Siria fronteriza con Turquía.

Según la versión turca, el acuerdo es tajante las YPG -milicias de los kurdos sirios- se han de retirar próximamente de todas las posiciones que le habían conquistado al Estado Islámico y aún domina -la más importante es la ciudad de Manbidch- e instalarse, desarmados, al Este del Éufrates.

La lectura estadounidense es la de que esa zona fronteriza ha de quedar próximamente bajo control exclusivamente turco, pero que las medidas concretas de evacuación de los militares se han de negociar caso por caso y poner en práctica conforme se concretan los respectivos acuerdos.

Pero sea la que sea al final la lectura válida de los acuerdos, el resultado es el mismo: se hace a expensas de los kurdos. Porque ante la decisión estadounidense de no enviar infantería a la guerra civil siria, las milicias kurdas -tanto las sirias, como las turcas y las del Irak- resultaron decisivas en la derrota del Estado Islámico. En los años en que este última parecía la gran amenaza del mundo libre, nadie hizo ascos a la ayuda kurda. El Pentágono impuso que los EE.UU. armasen y entrenasen a los kurdos, incluso a los PKK turcos que figuraban en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado… con Ankara haciéndose el despistado. Y tres cuartos de lo mismo sucedía con los kurdos iraquíes, muy mal avenidos desde siempre con Bagdad y a los que el Pentágono organizó en infantería de primera al mismo tiempo que apuntalaba al Ejército regular iraquí.

Una vez desaparecida la amenaza del fundamentalista Estado Islámico, los méritos guerreros también se olvidaron. Turquía se apoderó de la frontera noroccidental siria para impedir un gran territorio controlado por los kurdos y exigió de Washington que se desentendiera de la alianza con los peshmerga y PKK “…en aras de la Alianza Atlántica”, una alianza en que el segundo contingente militar más numeroso (aunque no más eficiente de la OTAN) es el turco, tras el de los EE.UU.

Y a Washington no le costó nada aceptarlo -satisfaciendo así a un tiempo a Erdogan y a su propio Departamento de Estado-, porque al comienzo de la lucha contra las tropas de El Bagdadí “…habían firmado una alianza militar con los kurdos sólo para el tiempo que durase la guerra…”